sábado, 10 de octubre de 2026

LA CONFERENCIA ARROCERA DE CHICLAYO 1927-1928

 



La Conferencia Arrocera de Chiclayo de 1927-1928: El histórico primer Congreso Agrario de Lambayeque

En las primeras décadas del siglo XX, cuando los campos peruanos enfrentaban una de sus crisis más profundas y la dependencia de los mercados extranjeros amenazaba la seguridad alimentaria del país, surgió desde el corazón del norte una respuesta ejemplar. Fue la visión, la capacidad de organización y la determinación del pueblo lambayecano las que demostraron que, mediante el diálogo, la ciencia y la unión gremial, era posible descentralizar las soluciones nacionales y transformar la realidad productiva del Perú.

La Conferencia Arrocera de Chiclayo de 1927-1928, conocida históricamente como el Primer Gran Congreso Agrario de Lambayeque, fue promovida por los comités agrarios e industriales locales, la Cámara de Comercio y Agricultura de Chiclayo y la Estación Experimental Agrícola de Lambayeque. Las deliberaciones se iniciaron formalmente en las instalaciones del Concejo Municipal de Chiclayo el 12 de diciembre de 1927 y se consolidaron en los acuerdos de la asamblea del 29 de enero de 1928.

El arroz se había consolidado como la base de la dieta popular en las ciudades peruanas. Sin embargo, el mercado local era sumamente vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales y a la importación masiva de variedades finas procedentes del sudeste asiático, Europa y Estados Unidos. La falta de mecanismos de protección aduanera limitaba drásticamente la rentabilidad de los agricultores de Lambayeque.

Ante el riesgo de una quiebra masiva de los productores y la degradación de la calidad del grano local, la Cámara de Comercio y Agricultura de Chiclayo —bajo la presidencia de Francisco Cúneo Salazar y a iniciativa del Ing. Agrónomo Luis Montero Bernales, jefe de la Estación Experimental Agrícola de Lambayeque— convocó a la primera Conferencia Arrocera para estudiar su problemática. El certamen se inauguró en el Salón Consistorial de la Municipalidad de Chiclayo con una agenda articulada en ocho ejes temáticos.



Pero, ¿quién fue el Ing. Montero Bernales? Fue un ingeniero agrónomo nacido en Pacasmayo en el año 1900, que llegó a vivir a Lima desde muy pequeño. Se recibió de ingeniero en 1921 y pasó a ocupar el puesto de segundo administrador en la hacienda «Unanue», en Cañete, donde comenzó a revelarse su espíritu investigador y progresista. La Sociedad Nacional Agraria lo comisionó a los Estados Unidos, de donde regresó en 1924 con nuevos métodos e implementos para el sembrío de algodón. Luego laboró en otras haciendas y, posteriormente, fue solicitado para fundar y dirigir la Estación Agronómica de Lambayeque. Fue enviado nuevamente a los Estados Unidos por el Gobierno peruano para estudiar la organización de las estaciones experimentales de esa nación y obtener semillas para ser experimentadas en la Estación de Lambayeque, adquiriendo conocimientos que serían de gran utilidad para la institución que iba a fundar. Esta inició sus labores a fines de 1927, extendiéndose después con subestaciones en Piura y Pacasmayo. Montero estuvo a cargo de la Estación hasta 1930, periodo en el que logró importantes avances para el cultivo del arroz y del algodón en el norte, y publicó en 1930 su libro El cultivo del arroz en el Perú.



El evento reunió a destacados representantes de la burocracia técnica, la propiedad agraria y el sector mercantil del norte del país. La mesa directiva estuvo presidida por Francisco Cúneo Salazar, acompañado por el Ing. Agr. Marco A. Souza, Augusto C. Townsend, Julio de la Piedra y Demetrio Perales.

  • Comisión Técnica y Estación Experimental: Liderada por los ingenieros Vicente Túpac Yupanqui y Luis Montero Bernales, junto con profesionales de la agronomía y la medicina rural como los doctores Juan Ugaz Maradiegue, Benjamín Gamarra y M. Castañeda, y los ingenieros Pedro Antonio Delgado Gutiérrez y Felipe Landa Hinojosa.
  • Delegación Lambayecana: Representando a Chiclayo (Alberto Cúneo, José Ignacio González, Ángel González Rodríguez, Alfredo Ibáñez, Teodoro Cosmópolis y el Ing. Luis Llona), Lambayeque (Enrique Baca, Antonio Monsalve, Felipe Barandiarán, Enrique Cárpena y Juan Aita), Ferreñafe (Ántero Salcedo, Genaro Barragán, Manuel Antonio Mesones Piedra, Aurelio Recuenco, Artidoro Ugaz Barrenechea, Demetrio Plaza, Dr. José Manuel Tejada, Guillermo de la Flor, Miguel J. Plaza y Alfredo Muro Tello), Chongoyape (Miguel Barragán Saldaña) y Zaña (Marco A. Souza, Federico de la Torre Ugarte y Emilio Miñano).
  • Delegación de Pacasmayo: Integrada por el ingeniero Rodolfo Calderón, Felipe Ganoza, Grimaldo del Solar, Luis B. Boza, Miguel Venegas Fernandini y Reinerio Rázuri. (Su integración fue un hito, pues rompió el aislamiento histórico entre los valles agrícolas de Lambayeque y La Libertad).

 


Uno de los puntos centrales de la Conferencia fue la disertación del Ing. Luis Montero Bernales respecto a la degradación botánica de los cultivos de arroz. Se demostró científicamente que el grano conocido localmente como «chino», «colorado» o «criollo» correspondía a la especie Oryza rufipogon (arroz silvestre o red rice), considerada una maleza nociva en la orizicultura mundial. Esta variedad rústica poseía una alta capacidad de macollamiento (emisión de tallos secundarios), pero su grano se desprendía espontáneamente hasta en un 60 % al madurar, contaminando el suelo y permaneciendo en estado de latencia por más de cuatro años.

Al poseer una cáscara muy adherida al grano, exigía un pulido mecánico agresivo en los molinos. Esto fragmentaba el grano, incrementaba la proporción de arroz partido («de segunda») y generaba sobrantes de polvillo. Al ser comercializado como arroz de calidad corriente, sufría una depreciación en su valor comercial superior al 50 % frente a variedades finas como Jamaica o Carolino. En la reunión también se leyeron extractos del importante estudio presentado por el Sr. Manuel Antonio Mesones Piedra sobre las ventajas experimentadas del «arroz chino o colorado», y los representantes de Pacasmayo expusieron su problemática.

El análisis del mercado evidenció una profunda desconfianza entre los productores agrarios y los dueños de los molinos industriales (piladoras). Mientras agricultores como Antonio Monsalve demandaban la prohibición radical de la siembra de arroz colorado, propietarios de fundos como Julio de la Piedra advirtieron que una erradicación inmediata dejaría sin sustento económico a los pequeños campesinos cuyas tierras estaban fuertemente infestadas. Fueron muchas las intervenciones de los asistentes.

Para resolver el estancamiento, la Conferencia constituyó una Comisión Investigadora integrada por Antonio Monsalve, Alfredo Ibáñez, José Manuel Tejada, Ántero Salcedo y el Ing. Montero Bernales. La comitiva se trasladó a Lima para entrevistarse con el presidente Augusto B. Leguía. La gestión derivó en la intervención directa del Estado mediante la compra pública de la cosecha de arroz colorado a un precio mínimo garantizado, lo que evitó la ruina de los agricultores y estabilizó la comercialización. Asimismo, las recomendaciones formuladas en Chiclayo fueron elevadas al Congreso de la República y al Poder Ejecutivo, sirviendo de base para la promulgación de aranceles proteccionistas contra la importación de arroz extranjero.



El incentivo tributario y el reemplazo gradual del arroz colorado por variedades seleccionadas (como la variedad Jamaica) permitieron un notable incremento en la producción regional. Para 1931, el Perú alcanzó la autosuficiencia arrocera absoluta, cubriendo el 100 % del consumo interno nacional y eliminando de forma definitiva la dependencia del grano importado.

La Conferencia Arrocera de Chiclayo de 1927-1928 trasciende como un hito indiscutible en la historia agraria y económica del Perú. Aquella asamblea, gestada por el liderazgo lambayecano para responder a una grave crisis de comercialización y plaga agrícola, demostró cómo la iniciativa regional, el rigor técnico y la concertación gremial pueden trazar el rumbo de toda una nación. Lambayeque no solo salvó a sus valles de la ruina, sino que le legó al Perú el camino hacia la soberanía alimentaria, consolidándose como el motor productivo y el referente de la agricultura del norte peruano.

Fuentes consultadas:

  • Revista La Vida Agrícola, n.º 49 (enero), n.º 50 (febrero) y n.º 51 (marzo) de 1928.
  • La obra de los ingenieros en el progreso del Perú, vol. IV (1934).
  • Diversas fuentes en línea.

 

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