sábado, 3 de octubre de 2026

OLMEDO QUIÑONES: EL RECIO DEFENSA CHICLAYANO

 



OLMEDO QUIÑONES: EL RECIO DEFENSA CHICLAYANO

Surgido de las entrañas de la cálida y gloriosa tierra de Chiclayo, Olmedo Quiñones Suárez se convirtió en uno de los defensores más respetados y emblemáticos del fútbol peruano. Desde los potreros chiclayanos hasta los grandes escenarios nacionales, su nombre quedó grabado como sinónimo de garra, solvencia y gallardía peruana.

Olmedo Quiñones Suárez nació en Chiclayo el 29 de marzo de 1915, fruto del hogar formado por Pedro Quiñones y Gertrudis Suárez. Inició su andar futbolístico en el balompié norteño vistiendo las camisetas del White Star y del Boca Juniors de Chiclayo, dos de las instituciones más tradicionales de la Liga Chiclayana de la época (1935–1936). Sus actuaciones de gran firmeza en la defensa norteña despertaron rápidamente el interés de los clubes de la capital.

Su periodo de mayor esplendor lo vivió con Universitario de Deportes, club al que llegó en 1937 y donde militó hasta 1943. En la «U» se afianzó como el back izquierdo titular indiscutible, formando una recordada y sólida línea defensiva. Durante su estancia en el cuadro merengue se consagró dos veces Campeón Nacional de Primera División: en 1939 y 1941.



Bajo la dirección técnica del entrenador inglés Jack Greenwell, Universitario conquistó el título de 1939 desplegando un fútbol imbatible. En aquel plantel campeón, Olmedo Quiñones fue pieza clave en la alineación titular:

Arquero: Juan Honores, Defensa: Arturo Fernández (back derecho) y Olmedo Quiñones (back izquierdo), Mediocampo (half line): Augusto Villavicencio, Alfredo Biffi y Enrique Perales, Delantera: Willy Velasco, Enrique Quiñones, Teodoro «Lolo» Fernández, César Socarraz y Alfredo Alegre.

Entre sus actuaciones más memorables destaca la victoria por 2-0 ante Sport Boys en noviembre de 1939, donde Olmedo frenó la ofensiva rosada, y el electrizante triunfo por 5-3 sobre Sporting Tabaco (19 de noviembre de 1939), encuentro en el que defendió la zaga mientras su hermano Enrique atacaba por la banda.



El talento deportivo fue una marca distintiva en la familia Quiñones Suárez. Su hermano menor, Enrique Quiñones, también fue un destacado futbolista profesional chiclayano. A diferencia de otras historias entre hermanos, Olmedo y Enrique compartieron vestuario en Universitario de Deportes a finales de los años 30 y principios de los 40. Mientras Olmedo imponía orden y temperamento en la zaga como back, Enrique aportaba desequilibrio en el ataque como delantero. Ambos integraron las delegaciones cremas en célebres giras por Chile y Sudamérica, alineando junto a figuras legendarias como Teodoro «Lolo» Fernández.

A inicios de la década de 1940, tras la consecución del campeonato de 1939, Olmedo tuvo que alejarse temporalmente del primer equipo. Ante su ausencia, la directiva y el comando técnico le brindaron la oportunidad al joven zaguero Andrés da Silva, quien cubrió la posición con solvencia y cuyo juego aéreo lo llevó a consagrarse con el apodo de «El Mariscal».

En 1944, Quiñones pasó a las filas del Sport Boys del Callao, adueñándose de la zaga rosada gracias a su sobriedad táctica y gran condición física. Sin embargo, en 1945 sufrió un duro revés: durante un partido amistoso de preparación disputado en Paramonga antes de iniciar el torneo oficial, sufrió una severa fractura de pierna. La gravedad de la lesión, en una época con limitados avances en medicina deportiva, le impidió jugar la temporada de 1945 y provocó su salida del club porteño.

Lejos de rendirse, fichó en 1946 por el Sporting Tabaco, club tradicional del Rímac fundado en 1927. En el cuadro celeste aportó su jerarquía y lectura táctica durante cuatro campañas, compensando la pérdida de velocidad posterior a su lesión con un impecable juego aéreo y voz de mando.



Un hito especial ocurrió el 5 de enero de 1947, cuando Universitario visitó Chiclayo para medirse ante el Juan Aurich. En aquel encuentro histórico, el Aurich se presentó reforzado con distinguidos futbolistas chiclayanos que actuaban en la capital, entre ellos Olmedo Quiñones, quien volvió a vestir la camiseta en su propia tierra natal ante el aplauso de su gente.

Mantuvo su nivel competitivo hasta su retiro definitivo en 1949, tras lo cual se dedicó a las actividades comerciales. Como detalle histórico relevante, el Sporting Tabaco —club donde concluyó su carrera— se transformó en diciembre de 1955 en el Club Sporting Cristal.

El 4 de junio de 1986, en el distrito de La Victoria (Lima), Olmedo Quiñones Suárez partió a la inmortalidad. Sin embargo, su legado perdura: el de un guerrero indomable que llevó con honor el temple, la hidalguía y el orgullo de su querida tierra de Chiclayo a lo más alto del fútbol peruano.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Revista Deportiva Sport, N.º 113 (3 de mayo de 1947).
  • RENIEC: Partida de defunción de Olmedo Quiñones Suárez.
  • Archivos e investigaciones históricas del fútbol peruano en línea..

 


jueves, 1 de octubre de 2026

GUSTAVO TARRILLO: LA TRAYECTORIA IMBORRABLE DEL ARQUERO CHICLAYANO

 



GUSTAVO TARRILLO: LA TRAYECTORIA IMBORRABLE DEL ARQUERO CHICLAYANO

Hablar de Gustavo Tarrillo Ugaz es recordar a uno de aquellos hombres que llevaron el nombre de Chiclayo más allá de sus fronteras. Su trayectoria como arquero, estuvo marcada por grandes actuaciones, equipos de prestigio y memorables encuentros que quedaron grabados en la historia del fútbol peruano. Pero, más allá de sus cualidades deportivas, quedó siempre presente el vínculo y el cariño que mantuvo por su tierra de origen, Chiclayo, ciudad que lo vio nacer y dar sus primeros pasos en el deporte.

Gustavo Tarrillo Ugaz, popularmente conocido en el mundo del fútbol como "Tarro de Leche", fue un destacado arquero de las décadas de 1930 y 1940. Es recordado históricamente tanto por sus notables reflejos y su fortuna bajo los tres palos como por haber formado parte de planteles de renombre.

Nació en Chiclayo el 22 de setiembre de 1916. Sus padres fueron Noé Tarrillo Pérez y Natalia Ugaz Zeña. Desde su juventud en Chiclayo, Tarrillo destacó por una complexión física atlética y fornida. Antes de dedicarse de lleno al balompié, probó su estampa y sus fuerzas en diversas disciplinas como el básquetbol y el boxeo, siendo su deseo ser militar. Sin embargo, fue el fútbol el que terminó atrapándolo.

Antes de 1934 integraba las filas del equipo juvenil de la “Associatión” de Chiclayo y, hacia 1936, ya defendía la portería del Club “Deportivo Espinar”, con el que se coronó campeón en 1938 en el torneo oficial de la Liga Chiclayana. Destacó muy joven custodiando el arco de la selección chiclayana que logró el Subcampeonato Nacional en 1937.



En 1938, el seleccionado de Chiclayo se enfrentó al equipo argentino Lanús, perdiendo por 3 a 1. Su seguridad bajo los tres palos llamó la atención del mítico club “Alfonso Ugarte” de la Hacienda Chiclín, en donde jugó durante los años 1941, 1942 y 1943, quien en 1942 enfrentó al Banfield, perdiendo por 5 a 1. También jugó contra Estudiantes de La Plata, encuentro que terminó con derrota por 2 a 1, y en diciembre de 1943 enfrentó al Boca Juniors.

Su etapa de mayor consagración a nivel de clubes ocurrió en Lima con el cuadro de “los dinamiteros” o “cuadros cruzados”. Con el Mariscal Sucre FBC fue protagonista y pieza clave de las memorables campañas de los años 40, incluyendo la gira internacional por Colombia posterior al título nacional de 1944 obtenido por la institución.




Las crónicas deportivas de la época resaltaban que no era un guardameta amigo del espectáculo innecesario ni del adorno infundado; por el contrario, su sello distintivo era la sobriedad, la agilidad, una excelente colocación y una tranquilidad absoluta en momentos de máxima presión.

En aquel torneo de 1944, disputado por ocho clubes, el cuadro cruzado encontró un rendimiento parejo y eficiente, sostenido en líneas sólidas, con una pareja de centrales que hizo historia: la que conformaban José “Gallareta” Luna y Máximo “Macho” Gómez —abuelo de Mario “Machito” Gómez—. Su quinteto de ataque, con Julio Aparicio Ayllón como máxima figura, fue contundente y le reportó a Sucre la friolera de 40 goles anotados, contra solo 25 recibidos en el arco que compartieron Gustavo Tarrillo y Atilio Xamin.

En la gira de ese año de Racing Club de Argentina a Lima, el Sucre ganó por 2 a 1. Entre los cuarenta y los cincuenta, Sucre vivió experiencias diversas: peleó el título en 1949, la baja en 1950 y nuevamente el título en 1951.



Tras el campeonato de 1944, Mariscal Sucre realizó una célebre travesía internacional por tierras cafeteras. En esta gira, Tarrillo se convirtió en uno de los grandes protagonistas gracias a sus espectaculares atajadas de reflejos puros, consolidando allí su famoso apodo de “Tarro de Leche”, o “La Vaca Lechera”, por la inmensa fortuna que lo acompañaba bajo los tres palos en las jugadas de gol más inminentes.“Tarro de Leche”, o el “arquero lechero”, pues parecía que los disparos rivales iban directamente a sus manos o se estrellaban providencialmente en los postes. Ante esto, el propio Tarrillo declaraba con la humildad y sensatez que lo caracterizaban:

«No hay tal superstición o amuleto... son comentarios sobre mi buena estrella. Dicen que soy un "tarro de leche" porque en algunas oportunidades la pelota va dirigida a mi arco y choca en el travesaño o en el vertical. Son casualidades que a todos los arqueros les sucede y, naturalmente, mala puntería de los shoteadores.»

Tuvo una habilidad especial: nació con el sentido de la ubicación y la intuición. Además de la serenidad y de su buena colocación, logró desviar los cañonazos de Lolo Fernández y los cabezazos de Valeriano López.



Estuvo casado con Roxana Torres Aguirre, con quien tuvo dos hijos: Noé Ricardo y Mirian Isabel. Murió el 5 de junio de 1996, en La Victoria, Lima, a la edad de 79 años, ciudad donde radicó definitivamente tras su paso por el Mariscal Sucre FBC y donde ejerció su etapa como formador de menores en las ligas locales.

Más allá del terreno de juego, Tarrillo fue un estudioso del fútbol que se preparó formalmente en la Escuela Deportiva para Entrenadores, compartiendo aulas y cátedra con figuras e instructores de renombre como el Dr. Zaldívar, el Prof. Rubén García Cáceres y el Dr. Alberto Tito Denegri Aspauza, quien entrenó a la selección peruana entre 1936 y 1937.



Gustavo Tarrillo Ugaz dejó una huella imborrable como uno de los máximos exponentes del fútbol lambayecano y norteño. Su legado continuó en la memoria colectiva del deporte peruano y en su propio entorno familiar, siendo tío e inspiración directa del célebre periodista y dirigente deportivo Ricardo Miranda Tarrillo.

Pero, detrás de las camisetas, los estadios y las grandes jornadas deportivas, permaneció siempre el hombre que había nacido en Chiclayo. Aquella ciudad que lo vio crecer, que fue testigo de sus primeros pasos como deportista y desde donde comenzó a construir una trayectoria que lo llevaría a destacar en importantes escenarios del fútbol peruano. Gustavo Tarrillo nunca dejó de representar ese vínculo con su tierra de origen, al finalizar una entrevista que le hacen dice: “(…) los miles de aficionados del Perú, y en particular a los de mi tierra Chiclayo, el cálido saludo de un deportista que solo aspira a rendir más y mejor en obsequio de ellos”, y su historia ya forma parte también de la memoria deportiva del Dpto. de Lambayeque.

Hoy, al recordar su trayectoria, no solo se recuerda al arquero que recibió el entrañable apelativo de “Tarro de Leche”, ni al jugador que defendió con seguridad el arco del Mariscal Sucre FBC y de otros grandes equipos. Se recuerda también al chiclayano que llevó consigo el recuerdo de su tierra y que, desde el fútbol, dejó un nombre que merece permanecer en la memoria de las nuevas generaciones.

SE HA CONSULTADO:

  • Blog: Pelota de trapo – Tarrillo, arquero con suerte, de José Carlos Serván Meza.
  • Revista deportiva “Sport”, del 24-5-47, N.º 116, y del 19-7-47, N.º 124.
  • Revista “Equipo”, del 26 de setiembre de 1947 # 13 y del 20 de agosto de 1948, N.º 59.
  • Revista “Mundo Deportivo” del 4 de noviembre de 1937 # 47.
  • Consultas en línea.
  • RENIEC: Partida de defunción.