martes, 12 de mayo de 2026

TEATRO Y MAGIA EN CHICLAYO (1946)

 

TEATRO Y MAGIA EN CHICLAYO (1946)



La historia de Chiclayo no solo se conoce en los viejos libros o diarios sino también en los relatos de sobremesa, es así que a menudo el hilo conductor de una investigación histórica nace de una anécdota personal; en mi caso fue la memoria de mi madre la que abrió esa puerta.

Ella recordaba dos hitos que marcaron su juventud en Chiclayo: Su modesta pero entusiasta participación como extra en una obra teatral de Margarita Xirgú; por otro lado, el impacto visual de Richiardi Jr. quien con su famosa “Sierra eléctrica” trajo el misterio internacional a nuestra ciudad. Estos relatos son el punto de partida para explorar la huella biográfica que dejaron estos artistas que merecen ser documentados.



MARGARITA XIRGÚ: (Molins de Rey -Barcelona 1888/ Montevideo -Uruguay 1969).

Tras su éxito en Lima a inicios de 1946, la compañía de teatro de Margarita Xirgú se desplazó al norte entre febrero y marzo de ese mismo año. En esta gira la acompañaban figuras que luego transformarían el teatro peruano como Santiago Ontañón; estrenando entre otras “La casa de Bernarda Alba”, “Bodas de sangre” de Lorca y “El adefesio” de Rafael Alberdi. Se sabe que, en cada parada de la gira, se reunía con intelectuales locales; en Chiclayo esto habría incluido a figuras del periodismo y la cultura de la época.

Para aquel año de 1946 Margarita Xirgú, era una mujer de casi 60 años con una presencia imponente. Lo que más impactó de las funciones en la obra de teatro” La Casa de Bernarda Alba” en Chiclayo fue el choque cultural ya que ésta representaba el grito de libertad contra la opresión, el honor y las apariencias; la envidia, la represión sexual y el autoritarismo.

Se cuenta que al terminar las funciones en el teatro “Dos de Mayo” el público chiclayano no aplaudía de inmediato, había un silencio sepulcral de varios segundos antes de que estallara la ovación, la razón era que Chiclayo en los años 40 tenía una sociedad sumamente conservadora y católica, es decir, ver a una mujer como la Xirgú, vestida de negro riguroso interpretando a una madre que tiranizaba a sus hijas y que terminaba la obra gritando ¡Silencio! ¡Silencio he dicho! tras el suicidio de su hija menor, dejó a la audiencia en estado de shock, el público local no estaba viendo sólo una obra de teatro sentían que estaba viendo por una cerradura la intimidad de muchas familias de la época.

                                       Escena de la obra teatral "La casa de Bernarda Alba"

En una de las noches de actuación, Margarita Xirgú al escuchar el murmullo y el ruido de las puertas de madera del “Dos de Mayo” abriéndose constantemente por los que llegaban tarde, detuvo la función en seco se quedó inmóvil con la mirada gélida característica de su personaje y esperó hasta que el último espectador se sentara y se hiciera el silencio; no dijo una palabra, pues su sola presencia impuso tal respeto que no se volvió a oír ni un suspiro en el resto de la temporada.

La historia oral también nos ha legado pasajes como: Su emoción al recorrer las calles de Chiclayo y las personas que la abordaban, conocían de la obra de García Lorca, ya que se leía mucho. En esos días, la colonia española residente en Chiclayo organizó un banquete de gala en su honor en donde uno de los platos fue el arroz con pato, preguntando luego con curiosidad que era ese sabor particular que no había sentido en Lima, le dijeron se llama “loche”, un producto milenario de la región, quedando fascinada con su sabor y fragancia.

Se sabe que en su paso por el norte Margarita Xirgú solía invitar a los jóvenes artistas y aficionados a los ensayos; es muy probable qué algún futuro referente del teatro chiclayano de décadas después haya tenido su primer contacto real con el teatro profesional gracias a esa apertura de la actriz, en una de esas sesiones se dice que les dio un consejo que quedó grabado en la memoria del teatro Lambayecano “En el teatro no se grita para que te oigan; Se siente para que te crean”.

El recuerdo de mi madre cobra un valor histórico especial al precisarse que la obra en la que participó como extra (asistente a un velorio, para ganarse su pase gratis) fue “La Casa de Bernarda Alba” pieza póstuma de Federico García Lorca.



EL MAGO RICHIARDI JR - (ALDO IZQUIERDO COLOSI): (Lima, 24 nov. 1923/ Rio de Janeiro-Brasil 5 set. 1985).

Sus actuaciones sobre magia tenían un estilo teatral y sangriento, sus shows no eran simples trucos, incluían baile y música; Se le recordaba por vestir frac impecable y tener una presencia escénica imponente. No era sólo mago era ilusionista, cantante, bailarín y actor de méritos excepcionales; su padre y abuelo fueron también magos.

Richiardi Jr. realizaba entre otros el truco a la vista con una sierra que hacía saliera lo que parecería ser sangre y vísceras de la persona cercenada; en Chiclayo como en otras ciudades se dice que hubo espectadores que sufrieron desmayos y que incluso se solicitó la presencia de médicos para atender a las personas impresionadas.

Richiardi Jr. solía abrir su show con su famoso acto de convertir agua en arroz, se cuenta que bromeaba con que el arroz era de la mejor calidad, de los valles de Lambayeque ganándose rápidamente la simpatía del público local antes de aterrorizarlos con sus actos de horror.

Richiardi Jr. no viajaba solo, lo acompañaba la “Compañía de grandes ilusiones y revistas” que incluía a la bailarina y coreógrafa Edith Colosi su hermana; durante sus días en Chiclayo realizaba breves intervenciones en “Radio Delcar” y a través del micrófono realizaba experimentos de telepatía donde pedía a los oyentes que pensarán en un número o un objeto para luego adivinarlo en la función de la noche, esto generaba gran asistencia al teatro. Su famosa “Sierra eléctrica” que parecía cortar a su asistente ante los ojos incrédulos del público era un despliegue de precisión y teatralidad que poco tenía que envidiar a las grandes salas de Nueva York o Londres. El desafío del Mago para aumentar la expectativa era que pedía si algún médico local quisiera subir al escenario para certificar que su asistente seguía con vida tras el corte podía hacerlo, ese retó corrió como pólvora por las calles de Chiclayo haciendo que las entradas se agotaran en tiempo récord por el morbo de ver si algún doctor chiclayano aceptaba el duelo contra la magia de Richiardi Jr.



Richiardi Jr. no sólo actuaba, él vivía su personaje de mago elegante incluso fuera del escenario; se dice que se le veía caminar solo por el Parque Principal con una pulcritud impecable manteniendo siempre ese aire de misterio que lo rodeaba.

Para terminar, diremos que la partida de estos dos gigantes dejó a Chiclayo envuelto en un aura de asombro que duró semanas; mientras la Xirgú seguía su rumbo, dejó tras de sí una nueva generación de entusiastas del teatro. Por otro lado, Richiardi Jr. se llevaba consigo los gritos y aplausos de una ciudad que por unas noches creyó en lo imposible.

Estos recuerdos de juventud de mi madre que hoy rescato, gracias a ellos podemos volver abrir el baúl y entender que nuestra identidad lambayecana también se construye con estos relatos de arte universal; porque en 1946 entre el drama Lorquiano y el ilusionismo más sofisticado Chiclayo demostró que su corazón cultural latía con la misma fuerza que en cualquier gran capital del mundo.

SE HA CONSULTADO:

- “Apuntes para el teatro de Lambayeque”- de José Arana Cuadra -Suplemento del diario “La Industria” de Chiclayo del 17 de febrero de 1977.

- “Los encantos de Margarita”- A Propósito de Nixa, del diario “La Industria” de Chiclayo del día 12-03-1995.

-Datos diversos del internet.

-Recuerdos familiares.