lunes, 17 de agosto de 2026

APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA LIBERTAD DE PRENSA EN CHICLAYO

 



APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA LIBERTAD DE PRENSA EN CHICLAYO

 


La historia del periodismo en la región Lambayeque no solo ha sido un registro de la vida cotidiana, comercial y agrícola de sus valles; fundamentalmente, ha sido una crónica de resistencia frente al autoritarismo, los abusos del poder central y las arbitrariedades de las autoridades de turno. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Chiclayo se convirtió en un auténtico hervidero político donde la tinta y el papel se transformaron en las armas más temidas por los gobernantes. Estudiar los atropellos sufridos por la prensa chiclayana es asomarse a las profundas contradicciones de una República que proclamaba libertades en la Constitución, pero las ahogaba en las provincias mediante prefectos militarizados, censuras judiciales y leyes de imprenta anacrónicas.

EL ANTECEDENTE DECIMONÓNICO (1898): EL ACOSO FISCAL A LOS DIARIOS “LA PRENSA LIBRE” Y “LA PROVINCIA”:

Los abusos del poder contra el pensamiento libre en Chiclayo no nacieron con el nuevo siglo, el 22 de julio de 1898 el semanario “La Prensa Libre” publicaba una editorial titulada “Chiclayo está de pie” atacando la política exterior del gobierno de Don Nicolas de Pierola; la editorial terminaba con una exhortación “(…) Los pueblos republicanos son árbitros y dueños de sus destinos. Y es propio de tan innegable atributo imponer la enmienda a los actos inconsultos e indignos de los poderes constituidos”.

Este artículo fue denunciado por el Agente Fiscal del Dpto. de Lambayeque Dr. Francisco E. Tagle quien lo calificó de subversivo, oficiando al alcalde accidental de Chiclayo Sr. Manuel A. Chirinos Ramírez para la formación de un “Jurado de Imprenta” que se realizó el 23 de agosto previa citación del Secretario Municipal don Nicanor Velarde y en presencia de los concejales don José Jiménez y Carlos Condemarín procedieron a la conformación del “Jurado de Imprenta” quien analizó el caso y el 1 de setiembre dicho Jurado “declaró no haber lugar a formación de causa”. Este fue un caso en que los integrantes del Jurado de imprenta estuvieron constituidos por elementos imparciales con una serenidad de juicio e independencia de criterio.

Ahora veamos otro caso que fue el blanco de la represión fiscal en aquel momento fue el periódico “La Provincia”, bajo la dirección de Germán Torres Calderón. El 9 de septiembre de 1898, el Agente Fiscal del departamento, Dr. Francisco E. Tagle, (Quien fue director del Colegio San José en 1888-89) interpuso una denuncia penal formal ante el alcalde de la Honorable Municipalidad Provincial de Chiclayo. El motivo del acoso judicial fue la publicación de un polémico artículo titulado "El prepucio de Cristo", aparecido en el número 472 de dicho medio, el cual fue calificado de inmediato por el fiscal fiscalizador como un texto "subversivo".

Cumpliendo órdenes directas del Ministerio de Justicia, el fiscal exigió al alcalde convocar de emergencia a una sesión del Concejo Municipal para nombrar y elegir a los

miembros del “Jurado de Imprenta” que debía procesar al diario. Sin embargo, la persecución penal no se detuvo ahí. El fiscal Tagle desató una verdadera cacería contra las columnas de La Provincia, denunciando sistemáticamente otros artículos de opinión y crónicas locales como: "Una casa decente... por dentro, por fuera la conocerán los lectores" (Suelto de crónica considerado vituperable). "Escuela Taller" (Tildado de obsceno e inmoral). "En el Templo" (Acusado de crónica indecente), además las notas editoriales tituladas "Sin piedad" y "Las denuncias", argumentando que atacaban directamente la dignidad, el honor y la reputación de las autoridades públicas.

A pesar de la embestida judicial del fiscal, el Jurado de Imprenta que conoció las denuncias en la noche del 19 de septiembre de 1898 resolvió declarar "no haber lugar a formación de causa" contra “La Provincia”, desestimando los cargos.

Aquel triunfo legal provocó una pintoresca reacción de solidaridad gremial por parte de del periódico tiempo atrás fue acusado, “La Prensa Libre” (impreso en la Imprenta Mercantil de la calle Balta 110 por Francisco S. Castellanos). El medio colega se burló abiertamente de la frustración del fiscal del régimen:

"¡Ja, ja, ja......! Esta con la opinión y acaba de darle un bonito modo de estar con la opinión. Siga usted coleguita, con ella, que desde aquí nosotros nos reímos de las insensateces de su delirium tremens”.

Toda esta persecución sistemática y el acoso constante en las provincias eran posibles debido al deficiente marco legal del país. Tanto los episodio de 1898 como en las crisis posteriores, el Perú seguía rigiéndose insólitamente por la Ley de Imprenta del 4 de noviembre de 1823. Esta norma, redactada en los albores de la independencia, contenía vacíos y atribuciones que resultaban letales para las empresas periodísticas del interior:

Los "Jurados de Imprenta" amañados: Aunque la ley establecía que los presuntos delitos periodísticos debían ser juzgados por ciudadanos notables locales organizados en jurados, en las provincias lejanas de la capital el mecanismo estaba totalmente viciado. El Prefecto del departamento (nombrado a dedo por el presidente de la República) manipulaba las listas e instalaba jurados compuestos exclusivamente por funcionarios leales al régimen, garantizando que los diarios opositores fueran declarados culpables de "sedición" de forma exprés. (Felizmente para Chiclayo este no fue el caso). La norma permitía a las autoridades incautar las imprentas y el papel como una "medida cautelar preventiva".

LA CRISIS DE 1910-1911: EL EMPASTELADO DE “EL GRITO DEL PUEBLO” Y JUICIO MILITAR CONTRA “LA TARDE”:

En febrero de 1910, el periódico de Ferreñafe “El Grito del Pueblo” denunció la destrucción de sus talleres (las maquinas, el empastelado de los tipos de imprenta y el saqueo del dinero que había en la administración del periódico) durante las horas de la noche que el gobierno había decretado toque de queda, acusando a los “Carmonistas” y al jefe de policía de Ferreñafe.

El choque definitivo entre el periodismo independiente de provincias y el autoritarismo gubernamental estalló con crudeza a finales de 1910, durante el primer gobierno constitucional de Augusto B. Leguía. El mandatario sostenía una fortísima polarización contra los sectores de la oposición civilista y demócrata.

Recordemos que para esas fechas se sucede un movimiento revolucionario en Ferreñafe bajo la dirección del cura Casimiro Chuman, Pedro Matute y también con cooperación de Orestes Ferro, Juan de Dios Lora y Cordero entre otros.

En ese escenario, el diario La Tarde de Chiclayo —fundado por Virgilio R. Pérez y con una altísima tirada de 2,000 ejemplares diarios— arreció su postura fiscalizadora frente a los abusos y corruptelas de la prefectura de Lambayeque.

A finales de 1910, bajo la dirección editorial de José María Reaño Bocanegra, la situación de “La Tarde” se volvió insostenible para el poder político,  denunció los abusos de la policía contra personas respetables y de prestigio como el señor José Dolores Moncarro el 14 de noviembre a quien se le sometió a las más crueles torturas, es a partir del 23 de ese mes que en la Subprefectura es designado por el Supremo Gobierno el Sr. Carlos A. Alva; también son detenidos posteriormente Manuel Bancayan García (Redactor de los periódicos “La Abeja” y “La Protesta Libre”), José Mercedes Ojeda, Baltazar Vera, Bartolomé Cabrejos, Laines Rioja quien había llegado días antes de Jayanca siendo acusado de pertenecer a los revolucionarios; al hacer la visita semanal los doctores judiciales Augusto R. Llontop y Francisco Quiróz Vega se horrorizaron al ver las injusticias y abusos que se venía llevando a cabo en el cuartel de policía. El ultraje del régimen contra el diario no esperó a 1911 para ser discutido, es apresado por disposición de Prefecto Víctor R. Benavides Estensoro el director y Redactor José María Reaño Bocanegra, Virgilio R. Pérez Gamarra propietario del diario “La Tarde” de Chiclayo al igual que corresponsales de “La Prensa” en otros lugares con la acusación de estar incorporados al movimiento revolucionario de Ferreñafe, en el caso de Reaño Bocanegra solo por el hecho de haber dirigido un telegrama anunciando los sucesos revolucionarios al periódico capitalino. Ante esta situación de sublevación el Prefecto Benavides cumpliendo órdenes superiores quitó al Cub de tiro “Elías Aguirre” los ocho rifles de que disponía para sus ejercicios.

                                                    PREFECTO DEL DPTO. VICTOR R. BENAVIDES E.

Los documentos oficiales del Congreso de la República revelan que el martes 13 de diciembre de 1910, en la Cámara de Diputados presidida por Luis Miró Quesada, se dio cuenta de un alarmante oficio del ministro de Gobierno. Este documento transcribía los informes del prefecto donde se manifestaba formalmente que "el director de 'La Tarde', periódico que se edita en Chiclayo, se halla detenido y procesado militarmente".

El diputado por la provincia de Chiclayo, Dr. Víctor Manuel Maúrtua Uribe rompió su silencio en el parlamento y confesó que, tras recibir la queja directa de los redactores norteños, se apersonó ante el Ministerio de Gobierno para inquirir la causa de la prisión. El legislador denunció que el régimen había decidido someter a los periodistas a la jurisdicción y zona militar para acelerar un juicio sumario e injusto.

El debate parlamentario se tornó dramático cuando el diputado Mariano Lino Urquieta Ampuero tomó la palabra para exigir un nuevo oficio enérgico al Ejecutivo. Urquieta denunció ante el país que no solo el director de “La Tarde” sufría los rigores del calabozo, sino que los redactores y propietarios de La Abeja —un pequeño semanario chiclayano que servía exclusivamente a los intereses de la clase obrera— habían sido sometidos a la misma "tortura" y persecución judicial. El diputado Urquieta sentenció con crudeza el impacto social de la censura:

"Con esto se les irroga graves daños, porque pertenecen a familias de escasísimos recursos, que privadas de los medios de subsistencia que alcanzaban mediante su pequeña empresa, se encuentran punto menos que en la miseria... Parece que todo su delito consiste en ser corresponsales de 'La Prensa' y directores de 'La Tarde' y de 'La Abeja'".

                                                                 DIPUTADOS MAURTUA Y  URQUIETA SALIERON EN DEFENSA "lA TARDE"

La arremetida ejecutiva y militarizada implicó que la policía sitiara los talleres de la Imprenta Comercial de la Plaza de Armas. Se confiscaron los lingotes de plomo, los tipos móviles y las bobinas de papel, obligando al diario a un cierre forzoso de siete meses continuos. Esto permitió al gobierno al cerrar “La Tarde”, quebrarla económicamente al dueño del periódico sin necesidad de demostrar su culpabilidad en un juicio justo.

La violenta clausura activó de inmediato una de las redes de resistencia informativa y solidaridad gremial más activas de la historia republicana.

DEL CONFINAMIENTO EN GUADALUPE A LA RESISTENCIA NACIONAL:

Para neutralizar por completo el impacto del diario e impedir que la población chiclayana se levantara en armas contra las autoridades locales, el gobierno aplicó su conocida estrategia de aislamiento político: el periodista y director del diario José María Reaño Bocanegra fue llevado a Lima junto con Virgilio R. Pérez y otros supuestos “presos políticos” siendo trasladados a las 6 de la mañana del 25 de febrero por el Puerto de Eten a bordo del barco “Iquitos” en total 24 “presos políticos” para ser recluidos en la histórica Cárcel de Guadalupe ubicada en parte donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia de Lima, el viaje duró 13 días.




Sin embargo, el tiro le salió por la culata al gobierno. Al encontrarse los periodistas chiclayano confinados en la capital desde el 9 de marzo, su caso adquirió relevancia nacional. Las influyentes revistas limeñas de la época, como “Variedades”, logró ingresar a las celdas de Guadalupe enviando como reportero al periodista de “La Tarde “de Chiclayo Mario S. Bocanegra para entrevistar a Reaño tras las rejas, así como al resto de presos políticos traídos desde el dpto. de Lambayeque. Esas impactantes imágenes publicadas en la “Variedades” como posteriormente en la portada nacional de “La Prensa “convirtieron al periodista de “La Tarde” en un auténtico símbolo de la lucha por la libertad de expresión en todo el Perú. Para el mes de mayo era cambiado el Prefecto Benavides por el coronel Manuel Rivero y Hurtado.



                                      NOMBRADO PREFECTO EN LUGAR DEL REPRESOR BENAVIDES

Para entender 1911, hay que mirar dos años atrás. Tras el famoso intento de golpe de Estado del 29 de mayo de 1909 (donde turbas pierolistas secuestraron a Leguía para obligarlo a renunciar), el gobierno desató una represión masiva. El régimen clausuró “La Prensa” por más de un año (desde mayo de 1909 hasta agosto de 1910). Cuando el diario logró reabrir, lo hizo bajo una estricta vigilancia judicial pero su regreso a las calles fue el acontecimiento más esperado.

                                                        JIRÓN DE LA UNIÓN- LOCAL DE "LA PRENSA"

“La Prensa” en Lima (bajo la influencia ideológica del partido Demócrata) como “La Tarde” en Chiclayo eran férreos opositores al gobierno del presidente Augusto B. Leguía (en su primer mandato) al compartir la corriente política civilista/demócrata opuesta al régimen.

El diario “La Prensa” asumió una postura de abierta condena contra el atropello, rebotando de forma constante las crónicas enviadas desde Lambayeque. Como castigo, la policía política saboteó sus sistemas de distribución y abrió procesos por "difamación" contra sus directores. Ante esto, surgió el fenómeno de las "Suscripciones de Resistencia": los lectores pagaban sus membresías por adelantado para sostener económicamente al diario, mientras masas de ciudadanos formaban cordones humanos espontáneos en el Jirón de la Unión para evitar que la policía asaltara las linotipias.

Finalmente, las intensas presiones de la sociedad civil chiclayana, sumadas a la indignación popular y la firmeza gremial, obligaron al gobierno a ceder siendo así que el 4 de junio obtienen su libertad los dos periodistas de “La tarde” y el 23 de junio son retornados a Chiclayo en el buque “Iquitos” 19 de los presos políticos que se encontraban confinados en la histórica cárcel de Guadalupe, quedando todavía presos los Sres. Laines Rioja, Manuel Falla y los restos mortales de don Simeón Meza quien había fallecido días antes.

La Tarde” volvió triunfalmente a las calles de Chiclayo el 1 de julio de 1911; el pueblo se aglomeró ante las oficinas de dicho diario, lanzando vivas a su director. El día 12 se realizó un almuerzo de desagravio a los dos periodistas organizado por el Club de Tiro, dando el discurso el maestro Moises Valiente, agradeciendo con sendos discursos tanto Pérez como Reaño, este último dijo “que siete meses de arbitraria pero honrosa prisión habían retemplado sus energías (…) Propuso la fundación de una institución que contrarreste el sórdido influjo del gamonalismo imperante en el departamento que arruina al pobre, falsifica el voto popular, estropea la ley y aplaude la injusticia y los crímenes(…)”.También tomaron uso de la palabra el Sr. Juan de Dios Cabanillas presidente “Obreros de la Unión”, y el Sr. Manuel Uchofen P.

                         PERSONALIDADES QUE DIERON DISCURSO DESAGRAVIO A LOS PERIODISTAS

EL EMBATE FÍSICO: EL "EMPASTELAMIENTO" DE 1920

La tregua para el periodismo combativo norteño fue corta. Durante el segundo gobierno de Augusto B. Leguía (el Oncenio), las tácticas estatales mutaron de la persecución legal hacia el uso de la violencia directa ejercida por masas oficialistas.

El 11 de setiembre de 1919, turbas enardecidas de simpatizantes del régimen asaltaron físicamente las instalaciones del diario “El País” y empastelaron “La Tarde”. En este salvaje ataque, la imprenta fue "empastelada" (desarmada y sus tipos móviles mezclados y arrojados al suelo). Los periodistas y operarios tuvieron que defender físicamente las salas de redacción en un trágico episodio que demostró que el precio de la libre emisión del pensamiento en Chiclayo se pagaba no solo con la pérdida de la libertad, sino con el propio cuerpo y el patrimonio; logrando reaparecer el 15 de marzo de 1921 por unas cuantas semanas.

                                                                     EMPASTELADO DE LA IMPRENTA

Estos apuntes históricos demuestran cómo las agresiones sufridas por los periódicos chiclayanos a lo largo de las décadas no hicieron sino templar el carácter de sus cronistas. Los hombres de prensa forjados en aquellas batallas locales expandieron notablemente su influencia hacia el servicio civil y gremial del país.

El sacrificio de periodistas como Reaño Bocanegra, de empresarios tercos como Virgilio R. Pérez, aquellas imprentas silenciadas, aquellos tipos móviles arrojados al suelo en el empastelamiento de 1920 y aquellos valientes periodistas arrastrados a los tribunales militares no cayeron en el olvido. Al contrario, sus historias constituyen el cimiento ético del periodismo regional. Nos recuerdan de forma permanente que la libre expresión no es una concesión graciosa del Estado, sino un derecho fundamental que los ciudadanos de provincias supieron conquistar a pulso, resistiendo calabozos, mordazas fiscales y bayonetas, para heredar a las futuras generaciones un norte libre, vigilante y soberano.



NOTA FINAL: Las fotografías publicadas en la revista “Variedades” de Lima hace más de cien años han dado pie a caer en error; en las que aparece el periodista de Chiclayo Mario S. Bocanegra tanto con Reaño Bocanegra como grupalmente y al no ser la reseña precisa se pensaba que también era uno de los detenidos. Al parecer con ayuda de “Variedades” pudo ingresar y tomar notas que servirían para publicarlas en periódicos de Chiclayo; además contribuyó a toda esta confusión que el señor Laines Rioja no aparecía en la foto, pero si en la reseña. Otra foto de esa ocasión fue usada por “La Prensa” para publicarla en primera plana posteriormente. El total de detenidos fueron 24 pero al hacer el cotejo con la relación de los 19 que eran devueltos a Chiclayo, los periodistas días antes y los que quedaban; variaban ciertos apellidos: Maso por Maco, Taza por Saya, Taza por Falla y Mazo por Meza.

SE HA CONSULTADO:

-Diario “La Prensa” de Lima del 8,9,21, 24,29 de noviembre; 22, 23 diciembre de 1910. Del 15 de febrero, 3,12 de marzo; 1 de abril; 5, 24 de junio; 4, 14 de julio de 1911.

- “La Imprenta de Lambayeque” de Jorge Zevallos quiñones (1947).

- “A Propósito” por NIXA: La libertad de prensa de 1898 de fechas 11-2-1977; 15-2-1977 y “Ya es muy tarde tocayo” de 1990 del diario “La Industria” de Chiclayo.

-Revista “Variedades” de Lima publicadas en la semana del 06 de agosto de 1910 # 127 y del 01 abril de 1911 # 161.

-“La montonera liberal del cura Chumán” de Piedad Pareja Pflucker y Alfredo Muro Flores (2024).

-Diario de los debates de la Cámara de Diputados de 1910.

-Datos diversos en línea.

 


jueves, 13 de agosto de 2026

BALTAZAR PAZ: EL CHICLAYANO QUE VIVIÓ UN SIGLO DE HISTORIA REPUBLICANA

 


BALTAZAR PAZ: EL CHICLAYANO QUE VIVIÓ UN SIGLO DE HISTORIA REPUBLICANA



Pocos hombres han caminado tan de cerca junto a los cimientos, fracturas y batallas de la república peruana como el capitán Baltazar Paz Vela nacido en Chiclayo en los albores de la independencia y fallecido en Lima tras cumplir un siglo de vida, su biografía militar y personal es un testimonio invaluable de la entrega, el sacrificio y los dramáticos vaivenes del Perú del siglo XIX.

Baltazar Paz llegó al mundo en la vibrante ciudad de Chiclayo el 18 de noviembre de 1827, cuando las memorables batallas de Junín y Ayacucho aún resonaban vivas en el corazón de los peruanos y cuando la embriaguez del triunfo libertario inundaba el corazón de nuestros antepasados. Hijo de Santiago Paz y María Dolores Vela, su fe quedó registrada formalmente cuando fue bautizado como Baltazar en la Iglesia Matriz de Chiclayo en el año 1841. Crecido en una tierra caracterizada por el temple de sus ciudadanos, Paz llevaría el orgullo de su cuna norteña a lo largo de todas sus campañas militares.

El 20 de abril de 1865, Baltazar Paz inició oficialmente su trayectoria en las filas del ejército patrio al ingresar como Alférez del Regimiento "Vigilantes de a Caballo" mandado por el Teniente coronel don José Alejo Bezada, participando activamente en la campaña de la Restauración a la orden del segundo Vicepresidente de la República General Don Pedro N. Diez Canseco Corbacho, concurriendo a la toma de Lima el 6 de noviembre de 1865 como parte de la revolución contra el gobierno de Juan Antonio Pezet tras la firma del tratado Vivanco-Pareja. En el “Censo General del Pueblo de Lima- Provincia de Lima” de 1866 en el grupo “Regimiento Lanceros de Chiclayo” N° 5, figura como Alférez natural de Chiclayo, pero erróneamente dice de 26 años de edad, cristiano, soltero y que sabe leer y escribir, junto a otro chiclayano llamado Juan Iturregui de 40 años y otros más de diversos lugares del Perú como Trujillo, Guadalupe, Piura, Lima, Arequipa. Continuó su servicio integrándose a las fuerzas de la Gendarmería en Lima y Arequipa, así como en la Guardia Civil.

Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879, el ya capitán Paz partió como parte del primer Ejército del Sur. Posteriormente, fue enviado a la capital para la organización de la defensa de Lima contra la invasión. En enero de 1881, bajo el mando del coronel Julián Carrión, combatió audazmente como Alférez Mayor de la columna "C" en las sangrientas batallas de San Juan, (donde fallece el lambayecano coronel Mariano Pastor Sevilla), Chorrillos y Miraflores (falleciendo en esta batalla el Capitan de Navio Juan Fanning García y el chiclayano Andrés Torres Paz).

                                                                        LA BATALLA DE SAN JUAN

Tras la reconstrucción institucional y el convulso período posterior a la guerra, reingresó al servicio militar en 1883 en el Regimiento Gendarmes de Lima y después a la Gendarmería de Lambayeque. En los años venideros, combatiría en los enfrentamientos civiles de la época y en la persecución de bandas de bandoleros que asolaban el norte del país, como al célebre bandido Arturo Rivadeneyra (a) "El Ñaña". Durante una de estas arriesgadas acciones en Lambayeque en 1893, el capitán Paz fue acribillado a balazos en cumplimiento del deber, recibiendo heridas de gravedad que le valieron su cédula de invalidez. El 5 de setiembre de 1899, el gobierno de Nicolás de Piérola le reconoció el ascenso a capitán por sus invalorables servicios durante la conflagración del Pacífico.

En el plano personal, la vida de Baltazar Paz también estuvo marcada por la movilidad y los lazos familiares. El 22 de mayo de 1871, contrajo matrimonio en la Iglesia San Lázaro de la ciudad de Lima con la señora Petronila Vera Burga (1845/Lima 1906), natural de Santa Cruz (Chota, Cajamarca). Años más tarde, según consta en sus registros finales, estuvo casado con la señora Isabel Querie, (su matrimonio fue el 7 de febrero de 1907) quien lo acompañó en sus últimos años de vida en la capital.

El 18 de noviembre de 1927, la prensa limeña —como el diario La Crónica— rendía homenaje a su centenario de vida, destacando la figura de este veterano modesto pero abnegado que encarnaba la historia viva de la Patria.

Un año después de aquel público homenaje, días antes de cumplir 101 años, el 14 de noviembre de 1928, el capitán Baltazar Paz falleció en su domicilio de la calle José Galvez en Lince de la ciudad de Lima. Con su partida, el Perú despidió a uno de los últimos centenarios que fue testigo directo, de principio a fin, de la construcción de la república peruana.

SE HA CONSULTADO:

-Diario “La Crónica” de Lima del 18-11-1927.

-Censo del Pueblo de Lima de 1866.

-Consultas en línea.

-RENIEC: Partida de Defunción.


domingo, 2 de agosto de 2026

JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

 



JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

Hubo un tiempo en que las ciudades no se levantaban únicamente bajo la fría mirada de los planos modernos, sino también al compás del ingenio y la destreza de hombres que cargaban sobre sus hombros el peso de una tradición milenaria. Don José Villasis Chirinos perteneció a esa estirpe.

Mientras el siglo XX avanzaba a pasos agigantados hacia el progreso y los títulos universitarios de ingeniería civil —y, posteriormente, de arquitectura— comenzaban a poblar las oficinas públicas, en el corazón de Chiclayo el respeto popular y el lenguaje oficial se resistían a jubilar el pasado. Hasta bien entrada la década de 1930, a Villasis se le siguió llamando con un título que evocaba el esplendor virreinal y la herencia hispanoárabe: Alarife (palabra que proviene del árabe hispánico al‘aríf, que significa «el experto» o «el conocedor»).

Él no era simplemente un ejecutor de obras; era el experto cuyo ojo clínico y mano firme guiaron la fisonomía de una urbe en pleno crecimiento. A diferencia de los ingenieros civiles de la época, que solían ser profesionales teóricos y de gabinete, el alarife poseía el «saber hacer» práctico y empírico. Mientras el ingeniero calculaba y diseñaba sobre el papel, el alarife dirigía la obra real en el terreno: organizaba a las cuadrillas de obreros, seleccionaba los materiales y resolvía las complicaciones técnicas del día a día. Más que recibir órdenes, el alarife traducía y viabilizaba los planos del ingeniero.

En la construcción de grandes residencias y casonas civiles, el alarife actuaba con total independencia. Muchas familias chiclayanas acudían directamente a don José Villasis para que él mismo diseñara, presupuestara y levantara sus viviendas sin la intervención de un ingeniero. Es decir, en el ámbito privado, él seguía siendo la autoridad máxima de la construcción; fue el encargado de edificar la casa Townsend de la Plazuela Elías Aguirre (hoy desaparecida).

Hacia 1937, llamarlo «alarife» no era un término despectivo de subordinación; al contrario, era un título honorífico que la sociedad le otorgaba por respeto a su veteranía. Significaba que, a pesar de la llegada de los nuevos ingenieros formados en la universidad (como la Escuela de Ingenieros de Lima, fundada en 1876), el conocimiento empírico de Villasis era tan vasto, preciso y confiable que merecía la misma o mayor consideración que un título profesional moderno.

Este artículo se adentra en la vida y el legado del hombre que personificó la transición definitiva entre el maestro constructor de la vieja escuela y el urbanista moderno, consolidándose en la memoria histórica como el verdadero artífice de los cimientos chiclayanos.

Vida y proyección institucional

El señor José Z. Villasis Chirinos nació en Chiclayo en 1867. Fue hijo de padres chiclayanos, José y María, y educado por los destacados pedagogos Tomás Paredes y Pedro Alvarado. Villasis fue un hombre marcadamente institucionalista: perteneció a casi todas las organizaciones obreras de Chiclayo, habiendo llegado a ejercer la presidencia de la Confederación Obrera «1.º de Mayo», la Sociedad «Artesanos del Santo Sepulcro» y el «Círculo Católico Obrero».

Formó un hogar en el que tuvo 5 hijos varones y 16 mujeres. Durante el periodo municipal del Dr. Pedro Pablo Chacaltana Reyes, en 1915, comenzó a participar de manera más activa en la vida pública, dejando escuchar su voz en favor de las clases trabajadoras y del progreso cultural y material de la ciudad, siempre caracterizándose por su espíritu orientador y de iniciativa.

                                                     FRONTIS DEL NUEVO CEMENTERIO DE CHICLAYO

Obras emblemáticas en la urbe

En su labor de maestro alarife, tuvo a su cargo importantes obras en la ciudad, actuando siempre con notable eficiencia e inteligencia. Entre sus principales proyectos destacan:

  • El Nuevo Panteón: Inaugurado en 1917, hoy conocido como Cementerio «El Carmen» de Chiclayo.
  • Infraestructura hospitalaria: La construcción del pabellón «Víctor Larco Herrera», inaugurado en 1919 en la parte posterior del pabellón «Santiago Luis González», dentro del Hospital Las Mercedes. Años después, estuvo a cargo de las ampliaciones del pabellón «Juan Cuglievan» y de la Dirección del citado hospital.

                                                                        PABELLÓN LARCO HERRERA
  • Sociedad Obreros de la Unión: Entre 1903 y 1905, el inmueble donde nació el héroe Elías Aguirre fue modificado bajo su dirección levantandose la segunda planta, para convertirlo en la sede oficial de esta institución.
                                                           LOCAL DE LA SOC. OBREROS DE LA UNIÓN

  • Edificio de la Beneficencia Pública de Chiclayo: Local administrativo ubicado en la Av. Luis González, inaugurado en 1921 y tomando la denominación oficial de pabellón "Enrique de la Piedra" en 1927 que hoy en día es utilizado como velatorio.

                                         OFICINAS ADMINISTRATIVAS DE LA BENEFICENCIA PÚBLICA

Además, contribuyó con su experiencia en innumerables edificios públicos más que se han ido perdiendo en el recuerdo.

El legado imperecedero

Cuando contemplamos el Chiclayo de hoy, con su pulso vibrante y su fisonomía en constante cambio, es imposible no percibir el eco silencioso de los pasos de don José Villasis. Los muros que levantó —desde los espacios de dolor y memoria eterna como el cementerio, pasando por los recintos de sanidad y amparo social en el Hospital Las Mercedes, hasta los salones donde los obreros tejieron su fraternidad en la «Sociedad Obreros de la Unión»— siguen siendo los pilares invisibles de la identidad chiclayana. Su vida no se midió en planos efímeros, sino en la solidez de una herencia que desafió al tiempo.

                                                       SU LAPIDA HA DESAPARECIDO DEL MAUSOLEO

Don José Z. Villasis Chirinos falleció a los 89 años, el 9 de enero de 1955. Con su partida se marchó también el último de los alarifes, cerrando una era dorada donde construir era un arte del alma. Sin embargo, el título de «alarife» jamás le quedó grande; al contrario, él lo dignificó hasta el final. No solo unió adobes o ladrillos con barro y cemento: esculpió el alma de una ciudad, consolidándose para siempre como el gran maestro y el constructor imperecedero de Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-La “Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-Guia comercial, industrial y estadística de Chiclayo (1937).

-Datos obtenidos de consultas en línea.

-RENIEC: Partida de defunción.

 




sábado, 1 de agosto de 2026

LA LEYENDA DEL "PAN DE MAYEWSKY"

 

LA LEYENDA DEL “PAN DE MAYEWSKY”



Hasta los albores del siglo XX, la memoria colectiva de Chiclayo quedó marcada por el aroma, la textura y el inigualable sabor de un pan que jamás volvió a elaborarse. Detrás de esta joya de la gastronomía popular estuvo Augusto Mayewsky, un inmigrante natural de Odesa (Ucrania, entonces parte del Imperio Ruso) que llegó a la ciudad quizás para la década de 1870, de forma silenciosa durante una época de gran apertura comercial y migratoria, dejando en las lejanas tierras a sus padres Augusto y Juana. Nadie previó la profunda huella que dejaría en la comunidad aquel hombre a quien todos llamaban simplemente "Mayesky".

Cuando Don Augusto Federico Mayewsky Rejtman (Aunque en su partida de defunción dice Mayesky Retjam – muy posible al pasar del alfabeto cirílico (ruso) al alfabeto latino (español) por la pronunciación lo cambió todo), se estableció en la calle San José, la gente local notó de inmediato la diferencia: sus panes se decía duplicaban en volumen a los demás, eran sumamente esponjosos y se mantenían frescos durante algunos días. Para una ciudad acostumbrada a masas densas, planas y de fermentaciones rústicas, el cambio fue radical. Probablemente, Mayeski adaptó las técnicas europeas de fermentación lenta a los hornos artesanales norteños.

El impacto de su negocio fue tal que, durante décadas, la frase "el pan de Mayesky" quedó grabada en el habla popular como sinónimo de calidad excepcional, frescura y costra crujiente. Cuando un cliente se quejaba ante cualquier otro panadero porque el pan estaba frío, duro o pequeño, el comerciante chiclayano solía responder con sarcasmo: «¿Y qué quiere usted? ¿Que le dé pan de Mayesky?» La expresión quedó inmortalizada en el léxico norteño como el símbolo de algo perfecto e inalcanzable.

Corrió el rumor de que Mayesky traía un "polvo secreto de Rusia" en cajas de madera selladas que desembarcaban por el Puerto de Eten. La realidad, sin embargo, era puramente técnica, dominaba el arte de cultivar la masa madre, quizás con ciertos procedimientos desconocidos por los maestros artesanos chiclayanos de la época.

Mayesky echó raíces al contraer matrimonio con la chiclayana Carmen Roldán Moreno, quien lamentablemente falleció el 14 de febrero de 1887 (enterrada inicialmente en el cementerio de Patazca y trasladada años después al cementerio "El Carmen"). Al parecer, no tuvieron hijos.

Físicamente, Mayewsky era un hombre de figura pequeña, pero de complexión musculosa. Quienes lo conocieron lo describían como un personaje reservado, misántropo y huraño, que prefería el aislamiento absoluto. Salía a recorrer las calles en las mañanas y tardes montado en un caballo de color blanco-huevo (conocido por los vecinos como «overo»), del cual colgaban dos grandes capachos. Anunciaba su paso golpeando la madera con un pequeño palo o dando dos golpes de penca en los capachos, alertando a las amas de casa que salían apresuradas a comprar.

                                                                                  FOTO REFERENCIAL

Nadie entraba a la zona del horno salvo él y, en contadas ocasiones, un muchacho ayudante cuyos oficios eran extremadamente limitados. Mayewsky se encerraba a amasar sin dejar resquicio alguno por donde se le pudiera atisbar. Aunque muchos pretendieron emplearse como ayudantes para descubrir su secreto, ninguno logró traspasar el muro de su hermetismo.

La devoción de Mayewsky por su receta dio pie a especulaciones e insólitas historias:

La promesa patriótica: Se cuenta que durante la guerra ruso-japonesa (1904-1905), impulsado por un ferviente patriotismo, prometió revelar la receta de su afamado pan a todos los panaderos chiclayanos únicamente si Rusia salía victoriosa. Al triunfar el Imperio del Japón, el secreto permaneció bajo llave.

El misterio de la batea: Tras su muerte, los rumores maliciosos continuaron. Se dice que un grupo de jóvenes se introdujo por los techos a la misteriosa panadería con la esperanza de hallar algún manuscrito o libreta de notas. En lugar de eso, solo encontraron dos argollas de hierro suspendidas en el techo sobre la batea donde amasaba, acrecentando aún más el enigma sobre su técnica física de amasado.

EL ECO DE MAYESKY EN LAS LETRAS Y CRÓNICAS NORTEÑAS

El panadero caló tan profundo en la identidad local que fue inmortalizado por cronistas y poetas:

En la correspondencia entre José Arana Cuadra y José Vicente Rázuri ("Pepe X Lata"), al evocar la nostalgia del Chiclayo antiguo y sus personajes icónicos, escriben:

«...los pianos de Scarpati, las patillas de don Pablo Boggio, Mayeski su pan y su caballo...» Carta de Rázuri a Arana fechada el 6 de agosto de 1962.

                                                             "LATA" RÁZURI RECORDABA A MAYESKY

De igual manera, en la obra “A Golpe de Arpa” (en el relato Amor ecuestre), se lee:

«El animalito fue cuidado por don Bartolomé y por su señora, doña Mercedes; comía todo desde verdolaga, hasta pan de Mayeski…»


 LOS AUTORES DE "A GOLPE DE ARPA" PEREMNIZARON SU NOMBRE


El célebre poeta chiclayano José Eufemio Lora y Lora (1885-1907) compuso coplas satíricas que aludían directamente al personaje:

Principio hoy la serie B. / Por la copia. Mayeski / Chiclayo, noviembre diez / De mil novecientos cinco / Acompañados de un juez / Entraron de un solo brinco...


                                                          "JELIL" LO RECUERDA EN UNA COPLA SATÍRICA

Con el paso de los años y entrado en la ancianidad, Mayewsky cayó enfermo, corría el año de 1917 y fue conducido al hospital donde recibió los cuidados piadosos y cristianos de la señora Melchora Vda. de Zuanic (“Melchorita”), quien administraba el Hospital de “Las Mercedes”, hasta que se recuperó; tiempo después al sentir el peso de los años fue en busca de su benefactora hasta la hacienda Tumán ya que había sido nombrada para regentar la Cuna Maternal de dicha hacienda y es allí que el 15 de septiembre de 1919 falleció en Tumán a los 95 años habiendo sido asistido en sus últimos días de dolencia por la señora, a quien el panadero reconoció su cariño y atenciones con profunda gratitud. Pese al cuidado constante y maternal de la benefactora, ni ella logró que Mayewsky le revelara la fórmula de su pan. Como gesto de agradecimiento hacia quienes lo apreciaron en vida, dejó sus propiedades (2 casas) repartidas entre la Sra. Zuanic y su gran amigo Herman Klinge.



Los restos de don Augusto Mayewsky descansan en el Nicho No. 198 del Cuartel “San Víctor” en el Cementerio “El Carmen” de Chiclayo. En su lápida quedó grabado para la posteridad: AUGUSTO MAYESWKY - NATURAL DE ODESSA (RUSIA) -†SEPTIEMBRE 15 DE 1919. (Por error escrito SW siendo lo correcto WS) Perpetuando así en la historia chiclayana el recuerdo de un hombre enigmático, un artista de la harina cuya célebre receta se fue con él a la tumba.

SE HA CONSULTADO:

-“Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-“El famosísimo Pan de Mayesky” de José Arana Cuadra- diario “La Industria” de Chiclayo del 15-11-1977.

-“Al Golpe de Arpa” de Augusto León Barandiarán y Rómulo Paredes (1935).

-Pepe X Lata – (Selección de Correspondencia entre José Arana Cuadra y José Vicente Rázuri) de Miguel Ángel Diaz torres (1994).

-“Chiclayo y sus cementerios” de Miguel Ángel Diaz Torres (2014).

-“Archivo José Eufemio Lora y Lora (1885-1907)” recopilado por Diego Portilla Miranda (2016).

-RENIEC: Partida de defunción.

-Consultas en línea.