miércoles, 1 de julio de 2026

UN LIBRO CHICLAYANO SOBRE "TEOSOFÍA" (1924)

 

UN LIBRO CHICLAYANO SOBRE “TEOSOFÍA” (1924)



En la historia cultural del norte peruano, ciertas piezas bibliográficas actúan como verdaderos portales temporales, revelando que el Chiclayo de las primeras décadas del siglo XX no solo era un próspero eje comercial, sino también un audaz foco de vanguardia intelectual y librepensamiento. Uno de los testimonios más fascinantes de esta efervescencia es un ejemplar impreso en 1924: la traducción local de Los Protectores Invisibles, obra original del célebre y controvertido teósofo inglés C. W. Leadbeater.

Este libro centenario, sobreviviente del tiempo y de los cortos tirajes provincianos, es el reflejo de una época en la que las inquietudes por los misterios del espíritu, el plano astral y la fraternidad universal movilizaban a las mentes más brillantes de la región.

El pie de imprenta dice fue editado por la Imprenta El Departamento, un taller  ubicado en el céntrico Portal Orrego N° 28. Que en la década de 1920 se financiara y distribuyera un texto de alta densidad esotérica en Lambayeque demuestra que existía una comunidad activa de buscadores espirituales, logias masónicas y librepensadores con el interés y el peso económico suficiente para justificar una edición propia.

Un detalle singular de esta portada es la mención "Traducido del francés". En aquellos años, el francés era la lengua de la diplomacia y el vehículo de la alta cultura europea. Los intelectuales chiclayanos no accedieron al texto original en inglés de 1896, sino que devoraron y vertieron al castellano las versiones que llegaban desde los centros teosóficos de París, adaptando el pensamiento cosmopolita a la sensibilidad local.


                                                                         EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS

La teosofía —del griego Theos (Dios) y sophia (sabiduría)— es un movimiento filosófico, místico y esotérico moderno que nació formalmente en 1875 en Nueva York con la fundación de la Sociedad Teosófica por la escritora rusa Elena Blavatsky y el coronel estadounidense Henry Olcott. Más que una religión, la teosofía se autodefinía como un puente entre la ciencia, la filosofía y las religiones comparadas.

El 17 de noviembre de 1917 se redactó el acta de fundación de la rama local de la Sociedad Teosófica “Cristo”. En sus inicios, funcionó de forma discreta a través de lecturas grupales, análisis de textos y conferencias. En este proceso fue clave la presencia de Ezequiel Redolat, quien coordinaba las Sociedades Teosóficas de Lima, Callao con Chiclayo, y pequeños textos compilados por él sobre estos temas, fueron publicados en talleres chiclayanos.

La logia funcionó de esta manera hasta que fue reconocida oficialmente en 1924 por la sede central de la Sociedad Teosófica en Adyar, Madrás (India). Con motivo de este hito, Augusto D. León citó a una reunión el 17 de noviembre de ese año para constituir formalmente la directiva de la primera Sociedad Teosófica “Cristo” en provincias, haciendo coincidir de manera simbólica la fecha con el día de la creación oficial del movimiento a nivel mundial.



La primera y única directiva estuvo presidida por el propio Augusto D. León Barandiarán, acompañado por don Jorge Ardiles (jefe de la Grace & Cía. y luego presidente Beneficencia Pública en 1925) como vicepresidente. Los cargos de secretario y prosecretario recayeron en el abogado Juan Rivera Piedra y don Lázaro J. Arceno; el tesorero fue Enrique F. Ibáñez Arbulú (presidente Beneficencia 1948-52 y dueño de imprenta); el bibliotecario, Juan Alfredo. Barragán Rodríguez (1880/1956); y el conferencista, el médico Francisco Muro Pacheco (1873/1971- casó con la hija del héroe Miguel Grau). Entre los miembros fundadores figuraban personajes de la talla de Rómulo Paredes Gonzales (1876/1968- abogado y folklorista), Pedro Abel Labarthe Duran (1855/1953- primer director en 1918 del colegio que lleva su nombre), Luis A. Noya (Ing. Administrador general de los ríos de Lambayeque y a cargo instalación agua y desagüe de Chiclayo en 1936), Jorge Jiménez Monsalve ((1900/1978- poeta que usó el seudónimo Jorge Darmar), Nicanor A. de la Fuente ("Nixa", poeta y periodista), Roberto Barbosa Oliva, Sóstenes Reynosa Robles (Diputado en 1946), Manuel Zelada Aguirre, Arturo J. Gavelán, José Demetrio Zevallos Castañón (1877/1956-Mayor del ejército,  padre del historiador Jorge Zevallos Quiñones) y Ricardo A. Miranda Romero (Periodista y Director del diario “El Tiempo” de Chiclayo, autor de la Monografía de Lambayeque de 1927 y 1959). Esta orden funcionó con normalidad mientras su fundador residió en Chiclayo y se mantuvo al frente de la presidencia; tras su partida a Lima, el entusiasmo decayó y la sociedad terminó por desaparecer.

Una de las anécdotas más recordadas de aquellas citas evoca al director de debates y orador principal, el doctor Muro Pacheco, quien hacía más pintoresca cada reunión compartiendo sus experiencias sobre la reencarnación. Solía afirmar enfáticamente: “Yo creo que soy la reencarnación de Napoleón. Que nací y viví en París. Una vez, cuando estudiaba en la Sorbona, se me encargó ir a determinado hospital en una plazuela donde funcionaban las oficinas de una dependencia militar en la que decían que había trabajado Napoleón. Apenas se me dio la dirección y llegué al lugar, antes de ingresar a la plazuela, sentí la fuerte impresión de que ya había estado ahí”.

Detrás de la traducción de este volumen se encuentra una alianza intelectual que conectó la experiencia política con la sensibilidad artística del departamento:



  • Juan Rivera Piedra (1883–1965): Aunque nacido en Cutervo, Rivera Piedra consolidó su madurez intelectual, literaria y política en Chiclayo como integrante del “Grupo de Chiclayo” (influyente colectivo de escritores y activistas que lideró el pensamiento social y cultural en las décadas de 1920 y 1930). En 1924, a sus 41 años, aportó el rigor de su formación y su dominio del francés para liderar este proyecto de traducción. 
  • Augusto Demetrio León Barandiarán (1895–1950): El entonces joven odontólogo de 29 años sumó su firma a este esfuerzo, siendo también miembro del “Grupo de Chiclayo”. Este es un hito sumamente revelador en su biografía: antes de convertirse en el folclorista e investigador fundamental de A golpe de arpa (1935) o Mitos, leyendas y tradiciones lambayecanas (1938), el joven Augusto educó su sensibilidad hacia "lo invisible" y lo intangible a través de las lecturas teosóficas. En esto influyeron notablemente las visitas a Chiclayo del teósofo español que utilizaba el nombre de Ezequiel Redolat, quien fue su huésped. Aunque Redolat falleció tempranamente en 1918, la huella, las ideas y el círculo que sembró en Chiclayo fueron fundamentales para el desarrollo intelectual de León Barandiarán. Su fascinación juvenil por el más allá transmutaría años después en su magistral rescate de la mitología de las campiñas norteñas. .


  •                                          DIPLOMA ADMISIÓN A LA SOCIEDAD TEOSÓFICA (1925)

El Contenido: El Auxilio del Más Allá

Para el público chiclayano de 1924, Los Protectores Invisibles abrió una ventana hacia una forma distinta de entender la espiritualidad. C. W. Leadbeater planteaba en estas páginas que los llamados "ángeles de la guarda" no eran entidades abstractas o inalcanzables, sino seres humanos (tanto personas vivas durante el desprendimiento astral del sueño, como almas de fallecidos recientes) dedicados a socorrer a otros en momentos de catástrofe, pánico o transición hacia la muerte.

En un contexto social complejo y de transformación regional, la idea de que cualquier persona de corazón noble y mente disciplinada podía convertirse, al cerrar los ojos cada noche, en un guardián invisible de sus semejantes, caló hondo en una intelectualidad provinciana que abrazaba el altruismo y el progreso moral.

Este libro es mucho más que un viejo manual de misticismo oriental tamizado por la Europa de entreguerras. Es el registro arqueológico de un momento dorado en el norte peruano; el testimonio de cómo hombres de la talla de Juan Rivera Piedra y Augusto León Barandiarán unieron esfuerzos para descentralizar la cultura y sembrar en el corazón de Chiclayo las corrientes de pensamiento más universales de su tiempo. Mantener viva la memoria de este impreso es salvaguardar el perfil de un Chiclayo profundamente humanista, políglota y vanguardista.

FUENTES CONSULTADAS:

  • DE LA FUENTE, Nicanor A. (Nixa). “Breve historia de la Teosofía en Chiclayo”. Publicado en la Edición 35° Aniversario de La Industria de Chiclayo, 17-11-1987.
  • DELGADO ROSADO, Pedro. “Movimiento intelectual en Chiclayo (1920-1930) - José Carlos Mariátegui y el Grupo de Chiclayo”. En: Utopía Norteña, Edición especial por las Bodas de Plata de la UNPRG, 1995.
  • MIRANDA, Ricardo A. “Monografía general del departamento de Lambayeque”, 1927.
  • LEADBEATER, C. W. “Los Protectores Invisibles”. Edición traducida e impresa en Chiclayo, 1924.
  • Consultas y registros biográficos en línea.

 


sábado, 27 de junio de 2026

LA HAZAÑA DE TSCHIFFELY: A 100 AÑOS DE SU PASO POR CHICLAYO (1926)

 

LA HAZAÑA DE TSCHIFFELY: A 100 AÑOS DE SU PASO POR CHICLAYO (1926)



En la década de 1920, el mundo aún guardaba rincones indómitos y distancias que parecían insalvables. Fue en ese escenario donde un profesor suizo radicado en Argentina, Aimé Félix Tschiffely, concibió una de las mayores epopeyas de la historia moderna: unir Buenos Aires y Nueva York a caballo. Muchos tildaron la empresa de suicida; la prensa vaticinaba un fracaso rotundo ante la geografía implacable del continente. Sin embargo, Tschiffely no solo confiaba en su determinación, sino en la resistencia legendaria del caballo criollo argentino. Así, junto a Gato y Mancha —dos ejemplares rústicos de más de quince años de edad—, inició un viaje de más de 16,000 kilómetros el 23 de abril de 1925.

Tschiffely escribió la crónica de su viaje en 1933, en un libro titulado: “Ten Thousand Miles in the Saddle from Southern Cross to Pole Star” (“10,000 millas a caballo desde la Cruz del Sur hasta la Estrella Polar”).


El año 1926 marcó un capítulo crucial de esta aventura cuando la expedición pisó suelo peruano. Tras cruzar los sobrecogedores y helados valles andinos y descender hacia la costa del Pacífico, Tschiffely se topó con el desierto norteño, un territorio donde el calor sofocante y los arenales ponían a prueba el temple de cualquier viajero. Años después, recordaría este tramo con las siguientes palabras:

“Al llegar a los desiertos del Perú, sentí que me abandonaban mis fuerzas. Repuesto de un desmayo prolongado, observé a mis dos compañeros; tuve la sensación de que mi raid había terminado. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Vi a Mancha y a Gato con la cabeza baja; resoplaban ansiando aire, asfixiados en un ambiente de infierno […]”.

Sin embargo, al acordarse de las promesas hechas al Dr. Octavio Peró, al diario La Nación y a Emilio Solanet —quien le había obsequiado los caballos—, así como de la energía que le enviaban sus amigos, se dijo a sí mismo: «Seguí, gringo; levántate, gringo». Fue en uno de esos tramos, avanzando entre la fatiga y el polvo, donde la silueta de Chiclayo emergió en el horizonte como un auténtico oasis de hospitalidad.

                                                                        TIEMPO DE SU PASO POR PERÚ

La llegada de Tschiffely y sus dos compañeros de cuatro patas a Chiclayo, entre fines de mayo y principios de junio, rompió la monotonía de la apacible ciudad norteña. La noticia de un extranjero que cruzaba el continente a caballo ya se había corrido como la pólvora, y el pueblo chiclayano, conocido por su calidez y espíritu entusiasta, se volcó a las calles para recibirlo. Para las familias locales de la época, ver entrar a Gato y Mancha —cansados pero firmes, fue un espectáculo inolvidable. En aquel entonces, los medios de transporte hacia los distritos cercanos seguían siendo rústicos o a lomo de burro, por lo que ver a estos imponentes caballos patagónicos cruzar las calles principales causó un verdadero revuelo.

Tschiffely relataría con gran gracia que, en los caminos de entrada a los pueblos norteños, las cargas de pasto que llevaban los burritos eran tan gigantescas y los animales tan pequeños, que a la distancia parecía que los enormes fardos de alfalfa caminaban solos por el sendero.

En Chiclayo, Tschiffely encontró un respiro necesario. El jinete aprovechó la parada para revisar los herrajes, limpiar los aperos y, sobre todo, permitir que sus caballos descansaran y se alimentaran bien con el excelente forraje de la región. Las crónicas de la época y los recuerdos transmitidos entre generaciones narran cómo el suizo, con su trato afable y pausado, conversaba con las autoridades locales y los arrieros de la zona, quienes miraban con profundo respeto y asombro la fortaleza de los animales criollos, tan diferentes a los caballos locales.

                                                                                      GATO Y MANCHA

La preparación de Tschiffely en Chiclayo no estuvo enfocada en el lujo, sino en la supervivencia extrema para el tramo que se avecinaba: el temido desierto de Sechura. Su prioridad era llevar un equipo super reducido y adaptado. Mandó fabricar odres especiales para el abastecimiento de agua; adquirió anteojos protectores para él y buscó telas para proteger los ojos de los caballos contra las tormentas de arena y el sol cegador. Además, cambió su dinero a monedas de plata física, ya que en las zonas rurales del norte del Perú el papel moneda no era aceptado para comprar forraje o pagar a los guías.

Como Tschiffely viajaba con cartas de recomendación de diplomáticos y del diario argentino La Nación, al presentarlas ante el alcalde y los clubes sociales de Chiclayo se le abrieron las puertas de las mejores caballerizas de la zona. Las autoridades departamentales le otorgaron facilidades, salvoconductos oficiales y cartas de presentación para continuar su camino, mientras que los arrieros locales le enseñaron la técnica de viajar estrictamente de noche, guiándose por las estrellas y la luna para evitar que el calor extremo sofocara a los animales.

Pocos días después, con las alforjas renovadas y el agradecimiento a flor de piel, Tschiffely, Gato y Mancha se despidieron de Chiclayo antes de adentrarse de lleno al desierto de Sechura, en los límites de Lambayeque, a la ciudad de Lambayeque la describió así:

“Llegué a una pequeña ciudad llamada Lambayeque, el patio de la comisaría estaba lleno de caballos que parecían estar a punto de morir de sed y hambre; habían sido robados y esperaban ser reclamados por sus legítimos dueños […] Llevé a todos los caballos al agua junto con los míos, les compré a todos una buena ración de comida, aunque con esto probablemente solo prolongué su sufrimiento”.

También nos relata lo siguiente sobre su estadía: en muchas de las comisarías de policía donde durmió, vio inscripciones patéticas escritas en las paredes, tales como: «Aquí sufrió inocentemente durante dos meses Juan Rodríguez, víctima de sus desvergonzados enemigos políticos», o “El buen y patriótico ciudadano peruano Pedro Álvarez pasó hambre y lloró aquí durante 6 meses”. Incluso en varios cementerios vio epitafios curiosos como: “Aquí yacen eternamente los restos mortales de X, por haber robado una mula perteneciente a Y», y en otro lugar encontró: «Aquí yacen los huesos de X, un buen hombre, pero un mal peleador”.

Para evitar lo peor del desierto, tuvo que variar su ruta atravesando un desfiladero en la montaña llamado Portachuelo, llegando así a Olmos, donde la comisaría local fue su lugar seguro de hospedaje. Al día siguiente, tras avanzar unas tres millas, acampó. Las únicas cosas que le perturbaron durante la noche fueron numerosas ratas; incluso una de ellas llegó a morderle una oreja. Por la mañana, encontró su alforja con un gran agujero hecho por los roedores para alcanzar el azúcar y las galletas, a pesar de que siempre tomaba la precaución de engrasar todos sus implementos de cuero con aceite de ricino, cuyo olor solía alejar los roedores.

                                                            FOTOGRAFÍA TOMADA POR TSCHIFFELY

Sin embargo, el paisaje también le ofreció sorpresas agradables. Gracias a las lluvias casi milagrosas de los últimos dos veranos, había abundancia de pasto alto; tan alto en algunos lugares que no podía ver por encima de él a menos que se parara sobre el lomo del caballo. En las zonas donde el campo era abierto y rocoso, grandes lagartijas verdes e iguanas se asoleaban; las primeras tenían el peculiar hábito de mover una de sus patas delanteras como si hicieran señas para que uno se acercara, al intentar dar de beber a sus caballos en los pozos del camino, se dio cuenta de que el agua era sumamente salobre y amarga. Felizmente, los animales rechazaron el líquido, obligándolo a racionar el agua limpia que llevaba en los odres de cuero. En este trayecto también tuvo que luchar contra los jejenes (moscas de arena) y las garrapatas en sus caballos.

En el horizonte les aguardaba el imponente desierto de Sechura, la frontera ecuatoriana, las selvas de Centroamérica y, finalmente, las luces de la Quinta Avenida en Nueva York, a donde llegarían triunfantes en septiembre de 1928. Sin embargo, en la memoria colectiva de Chiclayo quedó para siempre grabado aquel año de 1926, cuando la mayor hazaña ecuestre del siglo XX cruzó sus calles, demostrando que no hay distancia imposible cuando se cabalga con el corazón.



SE HA CONSULTADO:

-“El viaje a caballo mas largo de la historia” de Scott Seegers en “Selecciones del Reader’s Digest”de octubre de 1970.

-Revista “Variedades” de Lima # 1224 del 19 de agosto de 1931.

-Diario “La Nacion” de Argentina del 28 de febrero de 1998.

-“La Nación- Magazine”. Buenos Aires, Domingo 13 de octubre de 1929- # 15.

-“Ten Thousand Miles in the Saddle from Southern Cross to Pole Star” de Aimé Tschiffely. (1933).


martes, 9 de junio de 2026

BERTA SINGERMAN: LA VOZ POÉTICA QUE ENCENDIÓ CHICLAYO

 

BERTA SINGERMAN: LA VOZ POÉTICA QUE ENCENDIÓ CHICLAYO



La actriz de origen bielorruso Berta Singerman Begun (Hoy, Bielorrusia 1901/ Buenos Aires-Argentina 1998), fue una cantante y actriz que realizó su carrera en Argentina, quien se dedicó a difundir la poesía en escena pues tenía un estilo de declamación que cautivaba al público en donde se presentara, reconocida por su voz única y su capacidad de transmitir emociones a través de la poesía.

Alcanzó fama internacional en la década de 1930 y 40 del siglo XX recorriendo America y Europa. Singerman no era una simple recitadora sus presentaciones eran verdaderos acontecimientos teatrales de masas. Era la época en que la poesía se vivía con fervor casi pasional, llenando teatros y plazas, dejando una huella imborrable en las sociedades locales.

Es en la década de 1940 que Chiclayo la recibió con la distinción que se le otorgaba a los más altos dignatario del arte; la trajo la Empresa Peruana Parlante, bajo la dirección del Sr. Jorge Carcovich para presentarse en el teatro Dos de Mayo. Esta artista movilizó a la bohemia local, a los círculos literarios y a los periodistas de los diarios de la época; en sus recitales resonaban con una fuerza dramática Impresionante las voces de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Federico García Lorca entre otros.



Sus presentaciones solían registrar llenos absolutos con palcos abarrotados por las familias más representativas y plateas colmadas de estudiantes, maestros y amantes de las letras. Quienes la vieron en Chiclayo no solo escucharon poesía sino presenciaron un fenómeno físico; Singerman utilizaba todo su cuerpo, gestos dramáticos más el juego de luces que exigía para crear un ambiente de penumbra y misticismo, tenía una dicción perfecta que hasta en la última fila del Teatro Dos de Mayo se podía percibir el susurro más leve de un verso de amor o el grito trágico de una elegía.

No era raro que al terminar sus recitales (que fueron tres) el escenario quedará cubierto de flores y que la concurrencia la esperara a la salida del teatro para ovacionarla y acompañarla en caravana hasta el Hotel “Europa” de la calle Elías Aguirre donde estuvo hospedada. Su influencia fue tal que tras su Gira por Chiclayo se desató una auténtica fiebre por la declamación, inspirando a jóvenes locales a cultivar el arte de la oratoria poética y teatral.

Nuestro recordado Nicanor de la Fuente “Nixa” nos cuenta cómo fue su encuentro con ella ya que, como jefe de zona de la Empresa Peruana Parlante, se encargó de llevarla a cenar en el antiguo Club de la Unión en los altos de “Los Portales”, después de sus actuaciones, conversando diversos temas de arte, de poetas que había conocido etc.

El día de su partida a Piura estando en el vestíbulo del hotel “Europa” se encontró con varios personajes entre ellos con María Rosa Macedo Cánepa (Pisco 1909/ Lima 1991), la excelente autora de las obras narrativas “Ranchos de caña” (1941) y “Hombres de tierra adentro” (1948), Berta Singerman se la presentó y cuando ambos escucharon sus nombres se abrazaron con afecto, llamándolo poeta a Nixa, Interviniendo inmediatamente la Singerman preguntando: “¿Cómo no me ha dicho usted que es poeta? ¿Cómo usted que es tan gentil?, no me ha obsequiado sus libros, a lo que Nixa le responde: Yo pensaba en sus maletas abrumada de trajes y de compras hechas en cada lugar de sus pasajes; fue entonces que le entregué El libro de los tránsitos eternos, libro breve que ella guardó en su cartera junto con el lápiz labial y otros objetos femeninos. Recuerdo que me dijo: Lo leeré en el viaje, debió haber sido así porque poco después recibí una foto suya y una carta”.

                                                                        MARÍA ROSA MACEDO CÁNEPA

Se contaba que en una de sus noches de presentación, como era sabido existían imprevistos técnicos debido a las limitaciones de la Planta eléctrica local; la sala estaba abarrotada, el público contenía el aliento, Berta se encontraba en medio de una de sus interpretaciones más dramáticas y de fuerte carga social, un poema que recreaba la atmósfera asfixiante oscura y trágica de una mina:” ¡Abajo!....¡Mas abajo!../Donde la luz se olvida de que existe/donde la tierra es madre que no abraza/ donde el aire es un humo que envenena/y el sudor es el precio de la masa”.(Del poeta y periodista argentino José de España – Titulada: “La Mina”). Sucediéndose un apagón que sumó un efecto teatral perfecto a una obra que ya era oscura y conmovedora por sí misma, en algún otro espectáculo convencional esto habría significado el caos, murmullos o suspensión inmediata de la función, sin embargo, lo que ocurrió demostró el absoluto control hipnótico que Berta Singerman tenía sobre su auditorio, nadie se movió de su asiento, no hubo quejas, sólo se quedaron inmóviles subyugados por la voz que seguía resonando desde el escenario. Por su lado Berta, lejos de amedrentarse o detenerse a esperar que volviera la luz aprovechó la oscuridad como una perfecta escenografía natural, moduló su voz continuando su declamación, al notar el público que la artista continuaba recitando el poema, de manera espontánea y silenciosa empezaron a encender fósforos y encendedores desde sus asientos convirtiéndose así en un mar de docenas de pequeñas luces parpadeantes. Al terminar de recitar hubo unos segundos de silencio seguido por una de las ovaciones más largas y estruendosas que se recuerde en las crónicas teatrales de la región; la luz regresó poco después, pero para los asistentes ese accidente eléctrico convirtió una gran función en un recuerdo imborrable.


Uno de los efectos más curioso de su visita a Chiclayo fue la oleada de imitadoras y seguidoras que dejó a su paso, Durante el año en las actuaciones escolares o veladas literarias musicales se intentaba copiar la dicción, el dramatismo gestual y hasta la forma de vestir de Berta Singerman. Se apagaron los aplausos y pasaron las décadas, pero el paso de la gran Berta Singerman demostró que el público chiclayano poseía una sensibilidad universal; aquella voz que encendió la ciudad quedó grabada para siempre en la memoria de los lambayecanos, como el día en que la poesía misma bajó a caminar por sus calles estrechas.

SE HA CONSULTADO:

-Bertha Singerman: en “A Propósito” por NIXA en diario “La Industria” de Chiclayo del 24-10-2004

-Diario “La Crónica “de Lima del 14-08-1955  Suplemento Dominical “Reportajes con Radar” por Ernesto More. (Colección: V. M. Boggiano F.).

-Datos diversos del Internet.


lunes, 1 de junio de 2026

UN ESPAÑOL ENAMORADO DE CHICLAYO

 

UN ESPAÑOL ENAMORADO DE CHICLAYO


                                                                                       "EL MANGAS"

Corrían los inicios de la década de 1930 cuando llegó al Perú una cuadrilla bufa que recorría el país contagiando alegría. El destino quiso que hicieran sus presentaciones en Chiclayo, en la antigua Plaza de Toros de Don Francisco Cassareto, cuya entrada colindaba con la apacible Plazuela Elías Aguirre.

Hubo una época en que los cosos taurinos se colmaban de niños y adultos para presenciar un arte hoy casi extinto: el toreo cómico, el verdadero corazón de la fiesta popular. En el norte peruano, una figura brilló con luz propia: José Fernández García, conocido en el ruedo como "El Mangas". Este torero bufo de una gran estatura (casi 2 metros) no solo lidiaba toros con una maestría singular, sino que se adueñó por completo del afecto de una ciudad entera. Chiclayo lo adoptó de inmediato como a un hijo ilustre del humor y la picardía.

Al descubrir esta tierra de sol generoso y calles angostas, "El Mangas" sintió el eco de su lejana patria. Chiclayo lo hizo sentir en casa, y aquel suelo norteño se convirtió en su plaza definitiva. Nacido en Sevilla el 4 de septiembre de 1887 (sus padres fueron: Antonio Fernández y Concepción García), el torero decidió echar raíces profundas en el Perú. Se transformó en un chiclayano más cuando, alrededor de 1935, se unió para toda la vida con la señorita Luisa Olivera Piedra, unión de la cual nacieron sus dos amados hijos: José Antonio y Paul Gualberto.


                                        "EL MANGAS" JUNTO AL "EL VIZCAINO" Y CELESTINO CIEZA

La vida, sin embargo le pondría dificultades como fue que, en una corrida en Chota, pierde un ojo, pero la valla más alta se da en la década de 1940, cuando un trágico accidente automovilístico le arrebató un brazo, dañando severamente el cuerpo de aquel artista. Pero el hombre que tantas veces había hecho reír a la multitud se negó a ser vencido por la adversidad. Aferrado al amor de su familia y a su entrañable tierra adoptiva, se reinventó: al no poder volver a los ruedos, fundó la banda de músicos "El Mangastre" —una pícara variación de la famosa banda española "El Empastre" (Que era una banda cómico taurina musical que combinaba piezas musicales populares con parodias y el toreo cómico) para después convertirse en un respetado empresario taurino, organizando memorables corridas en las plazas de Chiclayo y Tumán durante los años 40 y 50 recordándosele por su vínculo con la época de oro de la Plaza de toros de Tuman y el ambiente taurino de Chiclayo, organizando también festivales taurinos en la plaza de Acho, existiendo una foto junto a Manolete.

                                                                  A SU LADO DE "MANOLETE" EN LIMA

Tenía una filosofía la cual estaba llena de optimismo: “¿Por qué maldecir la vida?......A mí me falta un brazo y un ojo y no me quejo ni digo naaaa!y si alguien quiere comprar el ojo y brazo que me queda, ay se lo vendo ¡Pa camina basta con los  - pies!”.Solía decir también: “¿Acaso solo el “parné” (dinero) puede procurarnos la felicidad? – y replicaba ¡También se vive alegre con los bolsillos rotos ¡”.

                                                    "EL MANGAS" JUNTO A VIOLETA PEREDA Y 
                                                             EL TORERO CHICLAYANO PACO CESPEDES

El 2 de enero de 1960, el viejo torero cerró los ojos por última vez en el hospital de las Mercedes de Chiclayo víctima de la bronconeumonía (Certificó su defunción el Dr. Juan de Dios Ruiz Murgueitio y testigos fueron dos personas ligadas a la tauromaquia como lo eran Amado Lora y César Quiñones). Se marchaba el hombre, pero nacía la leyenda local. Hoy, cuando la tarde cae y el sol de Chiclayo tiñe de oro sus calles, parece escucharse el eco de las risas antiguas y el compás de un pasodoble. José Fernández García, "El Mangas", demostró que no se es del lugar donde se nace, sino de la tierra donde se lucha, se ama y se deja el corazón. Sevilla le dio la vida, pero Chiclayo le dio la eternidad, guardando para siempre el recuerdo de aquel español que cambió los aplausos del viejo continente por el eterno romance con la Capital de la Amistad, jamás se le percibió un suspiro de nostalgia por su España querida al contrario repetía siempre su amor por Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-Estampas Lambayecanas: “Sangre, Capotes y Estoques” por Alfonso Tello Marchena en “El Tiempo” de Piura del 12-02-1967.

-Entrevista y archivo de Héctor Bustamante Olivera (sobrino-nieto de “El Mangas”).

-Entrevista y archivo de Martín Cespedes L. (Hijo del torero Paco Céspedes)

-RENIEC: Partida de defunción.

 


sábado, 30 de mayo de 2026

CRONICA DEL "BARRIO DE LAS LATAS"; EL ARRABAL CHICLAYANO

 

CRONICA DEL “BARRIO DE LAS LATAS”; EL ARRABAL CHICLAYANO



Conocido en el siglo XIX como los “Terrenos de afuera” o de la “Forastería”, este sector ubicado en la antigua calle o acequia de “Míraloverde” fue dónde los afrodescendientes libertos inmigrantes de haciendas cercanas se asentaron en los márgenes del pueblo de Chiclayo.

El topónimo popular “Barrio de las latas” empezó a utilizarse en la última década del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Por los puertos de Eten y Pimentel llegaban al departamento manteca, kerosene, entre otros productos en grandes depósitos de hojalata y zinc que, al ser usado su contenido, dichos envases metálicos pasaban a ser chatarra y los habitantes de esta zona vieron en ellos un material de construcción gratuito, impermeable y resistente, siendo en ese momento cuando el paisaje visual de esa zona se transformó en un mosaico brillante, oxidado, de parches metálicos que el ingenio popular chiclayano dejó de llamar a “Miraloverde”, bautizándolo como el sector “Barrio de las latas”. Esta denominación en la segunda década del siglo XX fue madurando encontrando su espejo en lo cultural y nostálgico de una canción Rioplatense llamada “Del Barrio de las Latas” tango de Emilio Fresedo y música de Raul de los Hoyos, grabado en disco por Carlos Gardel en 1926: (“Del barrio de las latas/ se vino pa Corrientes/ con un par de alpargatas/ y pilchas indecentes…”). Con este tango, este sector consolidó dicho nombre para inmortalizarlo hasta su destrucción. Su uso (de las latas) se incrementó para las lluvias de 1925-26. A pesar de la variedad de materiales que se podría haber contado para levantar estas viviendas, respetaron la fisonomía local de techos planos obligados por ausencia de lluvias en casi todo el año a diferencia de los techos a dos aguas de la sierra, configurándose un paisaje urbano horizontal, grisáceo y caluroso.


El “Barrio de las latas” bajo el lente del “Higienismo”, estuvo asociado inevitablemente como foco de infección, tuberculosis y además de delincuencia, olvidándose que aquel barrio albergaba la fuerza de trabajo que movía la ciudad como lo era para el Mercado Central, los transportes y los servicios de Chiclayo (zapateros, estibadores, vendedores ambulantes, lavanderas, etc.).

Aquellos terrenos de la zona norte de Chiclayo, antiguamente eran conocidos como los terrenos de “Barrera” (Pertenecieron a la familia Barrera) Posteriormente se le denomina fundo “El Palmo” para posteriormente se reconocería a parte de esos terrenos como la “Quinta Barsallo” a la extensión de terreno de casi 40 hectáreas adquirido por el Sr. Belisario Barsallo.




La expropiación de este predio se da cuándo era alcalde el doctor Rogelio Llanos Barturen y su teniente alcalde era el Sr. Agustín Vallejo Zavala, en la década de 1940, para convertirse posteriormente en el proyecto que tomó el nombre de “Urbanización Municipal”.

La erradicación definitiva del “Barrio de las latas” ocurrió durante la gestión edil del Sr. Carlos Castañeda Iparraguirre en (1949-1951), fue quien decidió acelerar el ordenamiento urbano de la ciudad; el “Barrio de las latas” no sólo bloqueaba la expansión e interconexión de la Avenida Balta y Pedro Ruiz sino que las autoridades de la época bajo la mirada “Higienista” del Gobierno Central al mando del General Manuel A. Odría lo consideraba un foco de insalubridad y un baluarte de la delincuencia por la gran cantidad de chicherías y callejones que para esos años se había formado en toda la zona de la Pedro Ruiz entre la hoy Av. Balta y la calle Héroes Civiles.

Armado con tractores de la municipalidad y el apoyo de la fuerza pública, Castañeda Iparraguirre demolió y borró del mapa la choza de hojalata y quincha del “Barrio de las latas”, transformando así por completo la fisonomía de la antigua calle “Miraloverde” llamada ya Pedro Ruiz; extirpando un peligro higiénico y social y derrotando del principal baluarte del hampa local. Después de limpiar el terreno se dio paso a la expansión comercial y a la pavimentación moderna qué conectaría el centro con el norte de la ciudad. Las familias desalojadas de este barrio fueron trasladadas de inmediato a parte de los terrenos expropiados de la “Quinta Barsallo” ubicados pasando la acequia “Cois” Este nuevo asentamiento fue bautizado inicialmente como Barrio “27 de octubre” una fecha elegida políticamente para rendir homenaje al día del golpe de Estado o “Revolución Restauradora” que el general Manuel A. Odría había liderado en 1948.




Se comentaba que en este “Barrio de las latas” existió un callejón sumamente famoso en la tradición oral chiclayana bautizado popularmente como el “callejón del diablo”; se trataba de una callejuela estrecha y oscura y laberíntica techada con los restos de hojalata y zinc, los vecinos de la época alimentaban el mito de que a la media noche se aparecía un personaje de negro o que los ruidos metálicos eran ánimas en pena pero en realidad según se revelaría de este callejón, fue el escondite predilecto de perseguidos políticos (en los gobiernos de Sánchez Cerro y Benavides), de los desertores del Ejército quienes  encontraban en la solidaridad de los vecinos del barrio un refugio impenetrable para la policía.

                                                                              PLANO CHICLAYO 1938

Aunque este barrio era el símbolo de la precariedad habitacional, los chiclayanos de los años 30 y 40 solían decir con ironía que durante las noches de garúa intensa de la raras lluvias veraniegas el “Barrio de las latas” era el barrio más ruidoso y brillante de Chiclayo, al estar las casas techadas y cercadas enteramente con calaminas y latas de manteca o kerosene aplanadas, el impacto de las gotas de agua crecía tanto que se escuchaba a varias cuadras a la distancia llegando a competir con el bullicio de las jaranas y  ante el reflejo de las farolas de los pocos postes de alumbrado público sobre el metal mojado y oxidado le daba un aspecto plateado y brillante desde lejos, ganándose el apodo sarcástico de “El Palacio de hojalata”.

La anécdota cuenta que los propios vecinos ante la resignación de la mudanza humorísticamente en los camiones del municipio, los denominaron “Los parteros” porque decían que en cada viaje que hacían, nacía una nueva calle en el descampado, aquel éxodo masivo de las familias del “Barrio de las latas” cargando sus pertenencias fue el verdadero cordón umbilical que dio origen a la populosa urbanización “27 de octubre” que más tarde se convertiría en el hoy distrito de José Leonardo Ortiz.

El “Barrio de las latas” desapareció físicamente bajo los tractores de Castañeda Iparraguirre, para limpiar el terreno y construir el actual Mercado Modelo que se inauguró el 12 de marzo de 1960. Pero este nombre del barrio, quedó fijado para siempre en la jerga chiclayana como el sinónimo histórico de la resistencia y de ingenio popular.

                                                                         ESQUINA BALTA-PEDRO RUIZ,

                                                                      PARTE BAJA COLEGIO ROSARIO

La desaparición definitiva del “Barrio de las latas” a principios de la década de 1950, no fue solo un cambio de fisonomía urbana sino el reflejo de un Chiclayo que buscaba dejar atrás la precariedad de la posguerra para abrazar la modernidad. Aquellas viviendas surgidas de la necesidad y el ingenio popular, dieron el paso al asfalto y al cemento de los Gobiernos Municipales posteriores.

Al final, el estudio de este sector nos demuestra que la historia de la ciudad no se da solo desde sus grandes avenidas o monumentos sino desde aquellos márgenes habitacionales que aunque ya erradicados definieron el pulso social y el crecimiento de la urbe norteña como lo es Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-Plano de 1928 de la zona “El Palmo”.(Archivo V.M.Boggiano F.)

-Archivo personal (Planos y fotografías).

-Datos sueltos del internet.

 

 


martes, 26 de mayo de 2026

LUIS NAVARRETE GUZMÁN Y EL AUGE MERCANTIL DE CHICLAYO (PRINCIPIOS DEL SIGLO XX)

 

LUIS NAVARRETE GUZMAN Y EL AUGE MERCANTIL DE CHICLAYO (PRINCIPIOS DEL SIGLO XX)



Chiclayo consolidó su posición en el norte peruano no por una fundación española si no por su vibrante actividad mercantil; este dinamismo se construyó gracias al impulso de visionarios del marketing que supieron leer las necesidades de la región y transformar el entorno económico.

Entre estas figuras destaca con luz propia el comerciante Luis Felipe Navarrete Guzmán, (Nacido en Lima en 1873, siendo sus padres Don José Navarrete y Doña Grimanesa Guzmán). Fue uno de los que contribuyó con el ritmo empresarial de la ciudad; dejando un legado de iniciativa privada y de visión de desarrollo, ya que entendió que para destacar en el saturado mercado chiclayano había que apelar a la inmediatez y la necesidad del día a día, sus anuncios en los periódicos locales no sólo listaban mercancías ofrecía soluciones antes de que el comprador las buscara.

                                                             VERANEANTES EN EL PUERTO DE ETEN

A través de su negocio y de la “Cooperativa Wizard”, Navarrete Guzmán se especializó en la importación directa de artículos desde los Estados Unidos; es decir su actividad comercial se enfocaba en poner al alcance de la creciente sociedad chiclayana, mercancías novedosas para la época las cuales incluían finas vajillas, vestimenta de verano, sombrillas, etc. Rompiendo el esquema de abastecimiento tradicional y cerrado. Navarrete no sólo vendía de manera directa, sino que organizaba sorteos periódicos entre los participantes y compradores de sus establecimientos, esta modalidad muy avanzada para la década de 1910, convirtió sus tiendas en puntos de alta concurrencia y expectativa pública. (Esquina Plaza Principal # 155 y calle Verónica # 86).

El diario “El Progreso” de Chiclayo de esos años mostraba en sus artículos, la campaña de suscripciones a su tienda y por la temporada de verano ofrecía artículos a los veraneantes. Navarrete fue uno de los pioneros en introducir el concepto de ventas por suscripción a plazos (como también lo aplicó la fotografía” América” de José Degola),  y el consumo cooperativo Asociativo en la región Lambayeque; logrando romper el esquema tradicional de compras al contado mediante una estrategia innovadora para la época: La democratización del acceso a bienes importados por parte de los ciudadanos de la clase media o de comerciantes menores a través de cuotas periódicas y organizadas. La población participaba en la adjudicación de por ejemplo calzado de cuero, ternos elegantes, vajillas finas, sombrías, alimentos, postales, etc. Dinamizando la economía chiclayana, previa a la Primera Guerra Mundial generando así una fuerte cultura de expectativa y lectura de avisos en los periódicos locales.

Su “Cooperativa Wizard” logró bajo una fuerte publicación de anuncios masivos firmados por él, extender los sorteos y suscripciones a la cooperativa hacia otras localidades interconectadas como Lambayeque, Ferreñafe, Monsefú, Eten, entre otros. Su conexión indirecta con el mundo de las imágenes impresas, aquellas postales comerciales y de recuerdo asociadas a su nombre y época, pues retrataban una intensa vida social y mostraban la infraestructura de la ciudad.

                                            POSTAL DE LA IGLESIA MATRIZ VENDIDA POR LUIS NAVARRETE

Para el verano de 1914 Navarrete realizó una campaña por la temporada “De Baños” o también se decía “El Tren de Baños” promocionando el servicio especial del ferrocarril que llevaba a la gente a la playa, convirtiéndose en un comerciante y promotor de estas temporadas estivales.

Aprovechando el “Tren de Baños”, la Compañía de Ferrocarril de Eten dividía sus pasajes en vagón de “Primera clase” (ocupados por las familias de la alta sociedad Chiclayana) Y vagones de “Segunda y Tercera clase” (Los cuales iban abarrotados por trabajadores, artesanos y pequeños comerciantes). Navarrete Guzmán se dio cuenta qué ese era el verdadero público objetivo para la Cooperativa “Wizard”; la emergente clase media que viajaba en los vagones económicos, pero sentían recelo de gastar sus ahorros en suscripciones de moda estadounidense. Esto le dio la idea de la estrategia de la “pasarela ferroviaria” contratando a un grupo de jóvenes chiclayanos de ambos sexos obsequiándoles los mejores calzados de cuero, trajes, vestidos traído de Estados Unidos con una sola condición, los jóvenes debía pasear de vagón en vagón por la segunda y tercera clase saludando efusivamente al pasajeros, entregando tarjetas informativas y permitiendo que la gente tocara la calidad de las telas y el cuero causando toda una revolución en el viaje diario del “Tren de baños”; convirtiendo un simple transporte en una experiencia aspiracional. Gracias a ello decenas de obreros y pequeños comerciantes de Chiclayo, Monsefú y otros lugares comenzaron a vestir con calzado y ropa americana; en lugar de ver las playas como una fuga de clientes se convirtió en el organizador y el principal proveedor de la temporada de verano.

                                         CHICLAYANOS CON LAS SOMBRILLAS DE LA COOP. "WIZARD"

Entre sus anécdotas podemos contar la de las sombrillas estancadas: A finales de 1913 mediante su famosa cooperativa “Wizard”, Navarrete Guzmán importó desde Estados Unidos un gigantesco lote de sombrillas y parasoles de seda fina para la temporada de playa de 1914. El negocio comenzó con el pie izquierdo, el invierno de 1913 se prolongó inusualmente en Lambayeque, los días grises continuaron hasta bien entrado diciembre y las familias retrasaron sus mudanzas a los balnearios de Eten y Pimentel; quedando así las sombrillas acumuladas en sus almacenes y nadie quería pagar las cuotas de la cooperativa por un artículo que no veían necesario. Navarrete Guzmán se las ingenio y utilizando la prensa local publicó anuncios alarmistas pero elegantes, advirtiendo a la población que los científicos internacionales pronosticaban para 1914 el verano más abrazador e inclemente del siglo, provocando que en menos de 2 semanas las familias abarrotaran la cooperativa para ponerse al día con sus cuotas y asegurar su sombrilla americana. Curiosamente aquel verano terminó siendo normal, pero Navarrete Guzmán logró vaciar sus almacenes. Estuvo casado con Filomena Arestegui, falleciendo un 26 de mayo de 1935 en la ciudad de Lima a los 62 años.

Hoy, cuando la dinámica del consumo masivo lo inunda todo, volver la mirada a estas primeras e ingeniosas redes de comercio nos recuerda que la identidad mercantil de Chiclayo se forjó con audacia, visión y ese persistente anhelo de progreso que aún resuena en sus calles.

SE HA CONSULTADO:

-Periódico “El Progreso” del 23 y 26 de diciembre de 1913.

-Datos diversos del internet.

-RENIEC: Partida de Defunción.

-Foto portada (archivo: V. M. Boggiano F.).