viernes, 3 de julio de 2026

A 60 AÑOS DE LA PARTIDA DE CHICLAYO A CALIFORNIA DE UN GIGANTE (1966)

 

A 60 AÑOS DE LA PARTIDA DE CHICLAYO A CALIFORNIA DE UN GIGANTE (1966)



El mes de setiembre de 1966 quedó grabado en la memoria colectiva de Lambayeque como el inicio de una de las hazañas ecuestres más audaces del siglo XX. Un joven norteamericano de 25 años y más de dos metros de altura, Verne Albright, se propuso demostrar al mundo la resistencia inquebrantable del Caballo Peruano de Paso. Su meta: recorrer más de 10,000 kilómetros desde el norte del Perú hasta Los Gatos, California. Sin embargo, antes de desafiar la geografía de once naciones, el "gringo gigante" tuvo que sortear un laberinto burocrático, adaptar su fisonomía a las costumbres locales y recibir el calor de un pueblo que lo despidió con honores de Estado.

La aventura no empezó en los caminos, sino en las oficinas públicas. En Lima, Albright logró el crucial respaldo de la Asociación Nacional de Criadores, obteniendo los permisos sanitarios correspondientes, y de la Cancillería, cartas de recomendación y pasaportes diplomáticos especiales para él y sus cabalgaduras. No obstante, al trasladarse a Lambayeque, la realidad norteña le deparó una inesperada trampa burocrática.

Las autoridades de la Zona Agraria local, con un estricto celo institucional, dictaminaron que los papeles de la capital no eran suficientes. Al estar los animales en la región, se exigió repetir minuciosamente las inspecciones in situ. Verne se vio atrapado en un bucle de análisis de sangre, vacunas contra el carbunclo y la peste equina, y plazos de vigencia que vencían antes de obtener el siguiente sello. También se tramitaron las constancias de registro genealógico de las yeguas. Fue necesaria la intervención directa del Prefecto del departamento para destrabar el papeleo y dar luz verde a la expedición.

El cuartel general y base logística para los entrenamientos finales se instaló en el fundo del reconocido agricultor y criador local Jorge Baca Aguinaga. Allí se congregaron los dos ejemplares, Hamaca, una yegua de extraordinaria genética y fortaleza que procedía directamente de las caballerizas de la tradicional Hacienda Pucalá, el capón llamado Inca (caballo fuerte y noble) y la yegua Ima Sumac. Los conocedores le explicaron que las yeguas tenían un temperamento, una fidelidad, resistencia y un sentido de orientación incomparables para ese tipo de travesía.

En los días previos a la partida, el fundo de Jorge Baca se convirtió en un taller de experimentación. Las tradicionales alforjas chalanas de hilo, aunque hermosas, eran insuficientes para llevar las provisiones, las herramientas de herraje, las medicinas y el equipo de acampar para un viaje de un año. Asimismo, se tuvieron que adaptar los estribos de cajón lambayecanos, modificándolos ya que los pies de Verne eran demasiado grandes. Se diseñaron alforjas especiales de cuero crudo, mucho más amplias y pesadas, lo que obligó a realizar extenuantes caminatas de prueba por los arenales cercanos para que Hamaca, Inca  e Ima Sumac se acostumbraran al inusual peso y balance del equipaje.



Recibiendo también consejos de los lugareños ante el ataque nocturno de los murciélagos, Verne contaba que le parecía una superstición extraña cuando los peones del fundo “Baca” insistían en amarrar pencas de sábila (Aloe vera) cerca del pesebre de las yeguas; para un estadounidense de 25 años aquello sonaba a folklore, pero el respeto que le tenía a los hombres de campo de Lambayeque lo hizo acatar el consejo al pie de la letra.

El día de la partida de Reque, Albright fue recibido a la altura de la “Quinta Muro” (al sur de la ciudad) por un grupo de chalanes que lo acompañaron en su recorrido por la Av. Bolognesi y la Av. Balta hasta llegar al Parque Principal para dirigirse al Club de la Unión, donde le ofreció un coctel de despedida el Sr. Jorge Baca Aguinaga. El Parque Principal de Chiclayo se convirtió en un hervidero cívico. Frente a la imponente Catedral, las máximas autoridades de la región se dieron cita para otorgar un carácter de misión oficial y diplomática al viaje. Presidiendo el acto civil aquel sábado 17 de setiembre de 1966, estuvo el alcalde provincial, Jorge Gómez Sánchez García, acompañado en el estrado por otras autoridades como el Ing. Carlos Luna de la Fuente (Presidente de la Asociación de Caballos Peruanos de Paso) quien había llegado desde Lima. El acto fue un evento cívico breve pero muy emotivo, donde se le entregaron a Albright cartas de saludo y documentos oficiales de buena voluntad que él debía presentar ante las autoridades de los distintos países que cruzaría en su camino hacia California.

                                                          EL ALCALDE DESPIDE A VERNER ALBRIGHT

El fervor tradicional de la época se hizo presente cuando una autoridad eclesiástica de la Diócesis se acercó para bendecir a los viajeros; con agua bendita, el religioso encomendó a Dios a Verne, las alforjas y las frentes de Hamaca, Inca e Ima Sumac, pidiendo protección contra los peligros del camino.

Fue en ese momento donde la plaza estalló en murmullos y sonrisas por una anécdota visual: Verne Albright, con sus más de dos metros de estatura, hacía ver a los caballos de paso —típicamente de alzada mediana— sumamente pequeños. Los fotógrafos de la prensa local sufrían para encuadrar en una sola toma la imponente e inusual estampa del gigantón norteamericano convertido en un chalán de exportación, partiendo al mediodía.



El broche de oro de la jornada lo puso el cuerpo policial chiclayano para abrir paso entre la multitud y rendirle honores, los chalanes que lo recibieron a las afueras de la ciudad escoltaron la salida del imponente jinete. El contraste fue inolvidable y generó un momento de alta emoción: el rugido de los motores, los bocinazos de los automóviles y los gritos de "¡Buena suerte, gringo!".

La escolta de jinetes lo acompañó hasta los límites de la ciudad, justo donde termina el pavimento urbano y se abría el desierto, cada uno de los veinte chalanes se despidieron dándole la mano deseándole buena suerte. Por delante, a Verne y sus caballos les aguardaba aquella implacable pampa de las dunas de Mórrope en el camino a Sechura. Es en este tramo inicial que un grupo de hombres a caballo intentó cerrarle el paso de forma sospechosa en pleno desierto. Albright, confiado en las advertencias que le habían dado en Chiclayo sobre los bandoleros de los caminos, no se detuvo: espoleó a sus yeguas y aprovechó el suave pero rapidísimo andar del caballo de paso para dejarlos atrás sin darles oportunidad de reaccionar.

                                                          AL LADO IZQUIERDO SE VE EL HOTEL ROYAL



A lo largo del viaje, Albright demostró la resistencia única del caballo peruano de paso. En Costa Rica cruzó el gélido “Cerro de la Muerte” (Cerro Buenavista) y en las carreteras de Panamá tuvieron que lidiar con enormes camiones de carga que pasaban rozando a las yeguas a toda velocidad, a lo que ellas respondieron con una tranquilidad pasmosa. Llegó a Los Gatos, California, en marzo de 1967. Allí, Hamaca, Inca e Ima Sumac encontraron su hogar definitivo, permaneciendo junto a Albright el capón,  y las yeguas como las orgullosas pioneras que abrieron el camino para la raza en Norteamérica.

Tras el éxito de su viaje, se dedicó por muchos años a promover la raza a nivel mundial. Fue una pieza fundamental en la fundación de la American Association of Owners and Breeders of Peruvian Paso Horses (Asociación Americana de Propietarios y Criadores de Caballos de Paso Peruanos), importando personalmente más de 200 ejemplares hacia los Estados Unidos.

Además de su libro de memorias sobre la travesía, The Long Way to Los Gatos (1999), y de manuales técnicos de equitación clásica del caballo de paso, en sus últimos años Verne Albright se ha volcado con éxito hacia la literatura de ficción histórica, escribiendo novelas fuertemente inspiradas en la riqueza cultural y el pasado del Perú. Actualmente continúa residiendo en Calgary, Alberta (Canadá) junto a su esposa.

A sesenta años de aquella partida, la travesía de Verne Albright permanece como el testimonio de un hombre que unió a todo Chiclayo tras las huellas de un embajador silencioso y elegante: el Ccaballo Peruano de Paso.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Albright, Verne. The Long Way to Los Gatos (1999).
  • Diario La Industria de Chiclayo del 16 y 17 de setiembre de 1966.
  • Registros digitales.

 


miércoles, 1 de julio de 2026

UN LIBRO CHICLAYANO SOBRE "TEOSOFÍA" (1924)

 

UN LIBRO CHICLAYANO SOBRE “TEOSOFÍA” (1924)



En la historia cultural del norte peruano, ciertas piezas bibliográficas actúan como verdaderos portales temporales, revelando que el Chiclayo de las primeras décadas del siglo XX no solo era un próspero eje comercial, sino también un audaz foco de vanguardia intelectual y librepensamiento. Uno de los testimonios más fascinantes de esta efervescencia es un ejemplar impreso en 1924: la traducción local de Los Protectores Invisibles, obra original del célebre y controvertido teósofo inglés C. W. Leadbeater.

Este libro centenario, sobreviviente del tiempo y de los cortos tirajes provincianos, es el reflejo de una época en la que las inquietudes por los misterios del espíritu, el plano astral y la fraternidad universal movilizaban a las mentes más brillantes de la región.

El pie de imprenta dice fue editado por la Imprenta El Departamento, un taller  ubicado en el céntrico Portal Orrego N° 28. Que en la década de 1920 se financiara y distribuyera un texto de alta densidad esotérica en Lambayeque demuestra que existía una comunidad activa de buscadores espirituales, logias masónicas y librepensadores con el interés y el peso económico suficiente para justificar una edición propia.

Un detalle singular de esta portada es la mención "Traducido del francés". En aquellos años, el francés era la lengua de la diplomacia y el vehículo de la alta cultura europea. Los intelectuales chiclayanos no accedieron al texto original en inglés de 1896, sino que devoraron y vertieron al castellano las versiones que llegaban desde los centros teosóficos de París, adaptando el pensamiento cosmopolita a la sensibilidad local.


                                                                         EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS

La teosofía —del griego Theos (Dios) y sophia (sabiduría)— es un movimiento filosófico, místico y esotérico moderno que nació formalmente en 1875 en Nueva York con la fundación de la Sociedad Teosófica por la escritora rusa Elena Blavatsky y el coronel estadounidense Henry Olcott. Más que una religión, la teosofía se autodefinía como un puente entre la ciencia, la filosofía y las religiones comparadas.

El 17 de noviembre de 1917 se redactó el acta de fundación de la rama local de la Sociedad Teosófica “Cristo”. En sus inicios, funcionó de forma discreta a través de lecturas grupales, análisis de textos y conferencias. En este proceso fue clave la presencia de Ezequiel Redolat, quien coordinaba las Sociedades Teosóficas de Lima, Callao con Chiclayo, y pequeños textos compilados por él sobre estos temas, fueron publicados en talleres chiclayanos.

La logia funcionó de esta manera hasta que fue reconocida oficialmente en 1924 por la sede central de la Sociedad Teosófica en Adyar, Madrás (India). Con motivo de este hito, Augusto D. León citó a una reunión el 17 de noviembre de ese año para constituir formalmente la directiva de la primera Sociedad Teosófica “Cristo” en provincias, haciendo coincidir de manera simbólica la fecha con el día de la creación oficial del movimiento a nivel mundial.



La primera y única directiva estuvo presidida por el propio Augusto D. León Barandiarán, acompañado por don Jorge Ardiles (jefe de la Grace & Cía. y luego presidente Beneficencia Pública en 1925) como vicepresidente. Los cargos de secretario y prosecretario recayeron en el abogado Juan Rivera Piedra y don Lázaro J. Arceno; el tesorero fue Enrique F. Ibáñez Arbulú (presidente Beneficencia 1948-52 y dueño de imprenta); el bibliotecario, Juan Alfredo. Barragán Rodríguez (1880/1956); y el conferencista, el médico Francisco Muro Pacheco (1873/1971- casó con la hija del héroe Miguel Grau). Entre los miembros fundadores figuraban personajes de la talla de Rómulo Paredes Gonzales (1876/1968- abogado y folklorista), Pedro Abel Labarthe Duran (1855/1953- primer director en 1918 del colegio que lleva su nombre), Luis A. Noya (Ing. Administrador general de los ríos de Lambayeque y a cargo instalación agua y desagüe de Chiclayo en 1936), Jorge Jiménez Monsalve ((1900/1978- poeta que usó el seudónimo Jorge Darmar), Nicanor A. de la Fuente ("Nixa", poeta y periodista), Roberto Barbosa Oliva, Sóstenes Reynosa Robles (Diputado en 1946), Manuel Zelada Aguirre, Arturo J. Gavelán, José Demetrio Zevallos Castañón (1877/1956-Mayor del ejército,  padre del historiador Jorge Zevallos Quiñones) y Ricardo A. Miranda Romero (Periodista y Director del diario “El Tiempo” de Chiclayo, autor de la Monografía de Lambayeque de 1927 y 1959). Esta orden funcionó con normalidad mientras su fundador residió en Chiclayo y se mantuvo al frente de la presidencia; tras su partida a Lima, el entusiasmo decayó y la sociedad terminó por desaparecer.

Una de las anécdotas más recordadas de aquellas citas evoca al director de debates y orador principal, el doctor Muro Pacheco, quien hacía más pintoresca cada reunión compartiendo sus experiencias sobre la reencarnación. Solía afirmar enfáticamente: “Yo creo que soy la reencarnación de Napoleón. Que nací y viví en París. Una vez, cuando estudiaba en la Sorbona, se me encargó ir a determinado hospital en una plazuela donde funcionaban las oficinas de una dependencia militar en la que decían que había trabajado Napoleón. Apenas se me dio la dirección y llegué al lugar, antes de ingresar a la plazuela, sentí la fuerte impresión de que ya había estado ahí”.

Detrás de la traducción de este volumen se encuentra una alianza intelectual que conectó la experiencia política con la sensibilidad artística del departamento:



  • Juan Rivera Piedra (1883–1965): Aunque nacido en Cutervo, Rivera Piedra consolidó su madurez intelectual, literaria y política en Chiclayo como integrante del “Grupo de Chiclayo” (influyente colectivo de escritores y activistas que lideró el pensamiento social y cultural en las décadas de 1920 y 1930). En 1924, a sus 41 años, aportó el rigor de su formación y su dominio del francés para liderar este proyecto de traducción. 
  • Augusto Demetrio León Barandiarán (1895–1950): El entonces joven odontólogo de 29 años sumó su firma a este esfuerzo, siendo también miembro del “Grupo de Chiclayo”. Este es un hito sumamente revelador en su biografía: antes de convertirse en el folclorista e investigador fundamental de A golpe de arpa (1935) o Mitos, leyendas y tradiciones lambayecanas (1938), el joven Augusto educó su sensibilidad hacia "lo invisible" y lo intangible a través de las lecturas teosóficas. En esto influyeron notablemente las visitas a Chiclayo del teósofo español que utilizaba el nombre de Ezequiel Redolat, quien fue su huésped. Aunque Redolat falleció tempranamente en 1918, la huella, las ideas y el círculo que sembró en Chiclayo fueron fundamentales para el desarrollo intelectual de León Barandiarán. Su fascinación juvenil por el más allá transmutaría años después en su magistral rescate de la mitología de las campiñas norteñas. .


  •                                          DIPLOMA ADMISIÓN A LA SOCIEDAD TEOSÓFICA (1925)

El Contenido: El Auxilio del Más Allá

Para el público chiclayano de 1924, Los Protectores Invisibles abrió una ventana hacia una forma distinta de entender la espiritualidad. C. W. Leadbeater planteaba en estas páginas que los llamados "ángeles de la guarda" no eran entidades abstractas o inalcanzables, sino seres humanos (tanto personas vivas durante el desprendimiento astral del sueño, como almas de fallecidos recientes) dedicados a socorrer a otros en momentos de catástrofe, pánico o transición hacia la muerte.

En un contexto social complejo y de transformación regional, la idea de que cualquier persona de corazón noble y mente disciplinada podía convertirse, al cerrar los ojos cada noche, en un guardián invisible de sus semejantes, caló hondo en una intelectualidad provinciana que abrazaba el altruismo y el progreso moral.

Este libro es mucho más que un viejo manual de misticismo oriental tamizado por la Europa de entreguerras. Es el registro arqueológico de un momento dorado en el norte peruano; el testimonio de cómo hombres de la talla de Juan Rivera Piedra y Augusto León Barandiarán unieron esfuerzos para descentralizar la cultura y sembrar en el corazón de Chiclayo las corrientes de pensamiento más universales de su tiempo. Mantener viva la memoria de este impreso es salvaguardar el perfil de un Chiclayo profundamente humanista, políglota y vanguardista.

FUENTES CONSULTADAS:

  • DE LA FUENTE, Nicanor A. (Nixa). “Breve historia de la Teosofía en Chiclayo”. Publicado en la Edición 35° Aniversario de La Industria de Chiclayo, 17-11-1987.
  • DELGADO ROSADO, Pedro. “Movimiento intelectual en Chiclayo (1920-1930) - José Carlos Mariátegui y el Grupo de Chiclayo”. En: Utopía Norteña, Edición especial por las Bodas de Plata de la UNPRG, 1995.
  • MIRANDA, Ricardo A. “Monografía general del departamento de Lambayeque”, 1927.
  • LEADBEATER, C. W. “Los Protectores Invisibles”. Edición traducida e impresa en Chiclayo, 1924.
  • Consultas y registros biográficos en línea.

 


sábado, 27 de junio de 2026

LA HAZAÑA DE TSCHIFFELY: A 100 AÑOS DE SU PASO POR CHICLAYO (1926)

 

LA HAZAÑA DE TSCHIFFELY: A 100 AÑOS DE SU PASO POR CHICLAYO (1926)



En la década de 1920, el mundo aún guardaba rincones indómitos y distancias que parecían insalvables. Fue en ese escenario donde un profesor suizo radicado en Argentina, Aimé Félix Tschiffely, concibió una de las mayores epopeyas de la historia moderna: unir Buenos Aires y Nueva York a caballo. Muchos tildaron la empresa de suicida; la prensa vaticinaba un fracaso rotundo ante la geografía implacable del continente. Sin embargo, Tschiffely no solo confiaba en su determinación, sino en la resistencia legendaria del caballo criollo argentino. Así, junto a Gato y Mancha —dos ejemplares rústicos de más de quince años de edad—, inició un viaje de más de 16,000 kilómetros el 23 de abril de 1925.

Tschiffely escribió la crónica de su viaje en 1933, en un libro titulado: “Ten Thousand Miles in the Saddle from Southern Cross to Pole Star” (“10,000 millas a caballo desde la Cruz del Sur hasta la Estrella Polar”).


El año 1926 marcó un capítulo crucial de esta aventura cuando la expedición pisó suelo peruano. Tras cruzar los sobrecogedores y helados valles andinos y descender hacia la costa del Pacífico, Tschiffely se topó con el desierto norteño, un territorio donde el calor sofocante y los arenales ponían a prueba el temple de cualquier viajero. Años después, recordaría este tramo con las siguientes palabras:

“Al llegar a los desiertos del Perú, sentí que me abandonaban mis fuerzas. Repuesto de un desmayo prolongado, observé a mis dos compañeros; tuve la sensación de que mi raid había terminado. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Vi a Mancha y a Gato con la cabeza baja; resoplaban ansiando aire, asfixiados en un ambiente de infierno […]”.

Sin embargo, al acordarse de las promesas hechas al Dr. Octavio Peró, al diario La Nación y a Emilio Solanet —quien le había obsequiado los caballos—, así como de la energía que le enviaban sus amigos, se dijo a sí mismo: «Seguí, gringo; levántate, gringo». Fue en uno de esos tramos, avanzando entre la fatiga y el polvo, donde la silueta de Chiclayo emergió en el horizonte como un auténtico oasis de hospitalidad.

                                                                        TIEMPO DE SU PASO POR PERÚ

La llegada de Tschiffely y sus dos compañeros de cuatro patas a Chiclayo, entre fines de mayo y principios de junio, rompió la monotonía de la apacible ciudad norteña. La noticia de un extranjero que cruzaba el continente a caballo ya se había corrido como la pólvora, y el pueblo chiclayano, conocido por su calidez y espíritu entusiasta, se volcó a las calles para recibirlo. Para las familias locales de la época, ver entrar a Gato y Mancha —cansados pero firmes, fue un espectáculo inolvidable. En aquel entonces, los medios de transporte hacia los distritos cercanos seguían siendo rústicos o a lomo de burro, por lo que ver a estos imponentes caballos patagónicos cruzar las calles principales causó un verdadero revuelo.

Tschiffely relataría con gran gracia que, en los caminos de entrada a los pueblos norteños, las cargas de pasto que llevaban los burritos eran tan gigantescas y los animales tan pequeños, que a la distancia parecía que los enormes fardos de alfalfa caminaban solos por el sendero.

En Chiclayo, Tschiffely encontró un respiro necesario. El jinete aprovechó la parada para revisar los herrajes, limpiar los aperos y, sobre todo, permitir que sus caballos descansaran y se alimentaran bien con el excelente forraje de la región. Las crónicas de la época y los recuerdos transmitidos entre generaciones narran cómo el suizo, con su trato afable y pausado, conversaba con las autoridades locales y los arrieros de la zona, quienes miraban con profundo respeto y asombro la fortaleza de los animales criollos, tan diferentes a los caballos locales.

                                                                                      GATO Y MANCHA

La preparación de Tschiffely en Chiclayo no estuvo enfocada en el lujo, sino en la supervivencia extrema para el tramo que se avecinaba: el temido desierto de Sechura. Su prioridad era llevar un equipo super reducido y adaptado. Mandó fabricar odres especiales para el abastecimiento de agua; adquirió anteojos protectores para él y buscó telas para proteger los ojos de los caballos contra las tormentas de arena y el sol cegador. Además, cambió su dinero a monedas de plata física, ya que en las zonas rurales del norte del Perú el papel moneda no era aceptado para comprar forraje o pagar a los guías.

Como Tschiffely viajaba con cartas de recomendación de diplomáticos y del diario argentino La Nación, al presentarlas ante el alcalde y los clubes sociales de Chiclayo se le abrieron las puertas de las mejores caballerizas de la zona. Las autoridades departamentales le otorgaron facilidades, salvoconductos oficiales y cartas de presentación para continuar su camino, mientras que los arrieros locales le enseñaron la técnica de viajar estrictamente de noche, guiándose por las estrellas y la luna para evitar que el calor extremo sofocara a los animales.

Pocos días después, con las alforjas renovadas y el agradecimiento a flor de piel, Tschiffely, Gato y Mancha se despidieron de Chiclayo antes de adentrarse de lleno al desierto de Sechura, en los límites de Lambayeque, a la ciudad de Lambayeque la describió así:

“Llegué a una pequeña ciudad llamada Lambayeque, el patio de la comisaría estaba lleno de caballos que parecían estar a punto de morir de sed y hambre; habían sido robados y esperaban ser reclamados por sus legítimos dueños […] Llevé a todos los caballos al agua junto con los míos, les compré a todos una buena ración de comida, aunque con esto probablemente solo prolongué su sufrimiento”.

También nos relata lo siguiente sobre su estadía: en muchas de las comisarías de policía donde durmió, vio inscripciones patéticas escritas en las paredes, tales como: «Aquí sufrió inocentemente durante dos meses Juan Rodríguez, víctima de sus desvergonzados enemigos políticos», o “El buen y patriótico ciudadano peruano Pedro Álvarez pasó hambre y lloró aquí durante 6 meses”. Incluso en varios cementerios vio epitafios curiosos como: “Aquí yacen eternamente los restos mortales de X, por haber robado una mula perteneciente a Y», y en otro lugar encontró: «Aquí yacen los huesos de X, un buen hombre, pero un mal peleador”.

Para evitar lo peor del desierto, tuvo que variar su ruta atravesando un desfiladero en la montaña llamado Portachuelo, llegando así a Olmos, donde la comisaría local fue su lugar seguro de hospedaje. Al día siguiente, tras avanzar unas tres millas, acampó. Las únicas cosas que le perturbaron durante la noche fueron numerosas ratas; incluso una de ellas llegó a morderle una oreja. Por la mañana, encontró su alforja con un gran agujero hecho por los roedores para alcanzar el azúcar y las galletas, a pesar de que siempre tomaba la precaución de engrasar todos sus implementos de cuero con aceite de ricino, cuyo olor solía alejar los roedores.

                                                            FOTOGRAFÍA TOMADA POR TSCHIFFELY

Sin embargo, el paisaje también le ofreció sorpresas agradables. Gracias a las lluvias casi milagrosas de los últimos dos veranos, había abundancia de pasto alto; tan alto en algunos lugares que no podía ver por encima de él a menos que se parara sobre el lomo del caballo. En las zonas donde el campo era abierto y rocoso, grandes lagartijas verdes e iguanas se asoleaban; las primeras tenían el peculiar hábito de mover una de sus patas delanteras como si hicieran señas para que uno se acercara, al intentar dar de beber a sus caballos en los pozos del camino, se dio cuenta de que el agua era sumamente salobre y amarga. Felizmente, los animales rechazaron el líquido, obligándolo a racionar el agua limpia que llevaba en los odres de cuero. En este trayecto también tuvo que luchar contra los jejenes (moscas de arena) y las garrapatas en sus caballos.

En el horizonte les aguardaba el imponente desierto de Sechura, la frontera ecuatoriana, las selvas de Centroamérica y, finalmente, las luces de la Quinta Avenida en Nueva York, a donde llegarían triunfantes en septiembre de 1928. Sin embargo, en la memoria colectiva de Chiclayo quedó para siempre grabado aquel año de 1926, cuando la mayor hazaña ecuestre del siglo XX cruzó sus calles, demostrando que no hay distancia imposible cuando se cabalga con el corazón.



SE HA CONSULTADO:

-“El viaje a caballo mas largo de la historia” de Scott Seegers en “Selecciones del Reader’s Digest”de octubre de 1970.

-Revista “Variedades” de Lima # 1224 del 19 de agosto de 1931.

-Diario “La Nacion” de Argentina del 28 de febrero de 1998.

-“La Nación- Magazine”. Buenos Aires, Domingo 13 de octubre de 1929- # 15.

-“Ten Thousand Miles in the Saddle from Southern Cross to Pole Star” de Aimé Tschiffely. (1933).


martes, 9 de junio de 2026

BERTA SINGERMAN: LA VOZ POÉTICA QUE ENCENDIÓ CHICLAYO

 

BERTA SINGERMAN: LA VOZ POÉTICA QUE ENCENDIÓ CHICLAYO



La actriz de origen bielorruso Berta Singerman Begun (Hoy, Bielorrusia 1901/ Buenos Aires-Argentina 1998), fue una cantante y actriz que realizó su carrera en Argentina, quien se dedicó a difundir la poesía en escena pues tenía un estilo de declamación que cautivaba al público en donde se presentara, reconocida por su voz única y su capacidad de transmitir emociones a través de la poesía.

Alcanzó fama internacional en la década de 1930 y 40 del siglo XX recorriendo America y Europa. Singerman no era una simple recitadora sus presentaciones eran verdaderos acontecimientos teatrales de masas. Era la época en que la poesía se vivía con fervor casi pasional, llenando teatros y plazas, dejando una huella imborrable en las sociedades locales.

Es en la década de 1940 que Chiclayo la recibió con la distinción que se le otorgaba a los más altos dignatario del arte; la trajo la Empresa Peruana Parlante, bajo la dirección del Sr. Jorge Carcovich para presentarse en el teatro Dos de Mayo. Esta artista movilizó a la bohemia local, a los círculos literarios y a los periodistas de los diarios de la época; en sus recitales resonaban con una fuerza dramática Impresionante las voces de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Federico García Lorca entre otros.



Sus presentaciones solían registrar llenos absolutos con palcos abarrotados por las familias más representativas y plateas colmadas de estudiantes, maestros y amantes de las letras. Quienes la vieron en Chiclayo no solo escucharon poesía sino presenciaron un fenómeno físico; Singerman utilizaba todo su cuerpo, gestos dramáticos más el juego de luces que exigía para crear un ambiente de penumbra y misticismo, tenía una dicción perfecta que hasta en la última fila del Teatro Dos de Mayo se podía percibir el susurro más leve de un verso de amor o el grito trágico de una elegía.

No era raro que al terminar sus recitales (que fueron tres) el escenario quedará cubierto de flores y que la concurrencia la esperara a la salida del teatro para ovacionarla y acompañarla en caravana hasta el Hotel “Europa” de la calle Elías Aguirre donde estuvo hospedada. Su influencia fue tal que tras su Gira por Chiclayo se desató una auténtica fiebre por la declamación, inspirando a jóvenes locales a cultivar el arte de la oratoria poética y teatral.

Nuestro recordado Nicanor de la Fuente “Nixa” nos cuenta cómo fue su encuentro con ella ya que, como jefe de zona de la Empresa Peruana Parlante, se encargó de llevarla a cenar en el antiguo Club de la Unión en los altos de “Los Portales”, después de sus actuaciones, conversando diversos temas de arte, de poetas que había conocido etc.

El día de su partida a Piura estando en el vestíbulo del hotel “Europa” se encontró con varios personajes entre ellos con María Rosa Macedo Cánepa (Pisco 1909/ Lima 1991), la excelente autora de las obras narrativas “Ranchos de caña” (1941) y “Hombres de tierra adentro” (1948), Berta Singerman se la presentó y cuando ambos escucharon sus nombres se abrazaron con afecto, llamándolo poeta a Nixa, Interviniendo inmediatamente la Singerman preguntando: “¿Cómo no me ha dicho usted que es poeta? ¿Cómo usted que es tan gentil?, no me ha obsequiado sus libros, a lo que Nixa le responde: Yo pensaba en sus maletas abrumada de trajes y de compras hechas en cada lugar de sus pasajes; fue entonces que le entregué El libro de los tránsitos eternos, libro breve que ella guardó en su cartera junto con el lápiz labial y otros objetos femeninos. Recuerdo que me dijo: Lo leeré en el viaje, debió haber sido así porque poco después recibí una foto suya y una carta”.

                                                                        MARÍA ROSA MACEDO CÁNEPA

Se contaba que en una de sus noches de presentación, como era sabido existían imprevistos técnicos debido a las limitaciones de la Planta eléctrica local; la sala estaba abarrotada, el público contenía el aliento, Berta se encontraba en medio de una de sus interpretaciones más dramáticas y de fuerte carga social, un poema que recreaba la atmósfera asfixiante oscura y trágica de una mina:” ¡Abajo!....¡Mas abajo!../Donde la luz se olvida de que existe/donde la tierra es madre que no abraza/ donde el aire es un humo que envenena/y el sudor es el precio de la masa”.(Del poeta y periodista argentino José de España – Titulada: “La Mina”). Sucediéndose un apagón que sumó un efecto teatral perfecto a una obra que ya era oscura y conmovedora por sí misma, en algún otro espectáculo convencional esto habría significado el caos, murmullos o suspensión inmediata de la función, sin embargo, lo que ocurrió demostró el absoluto control hipnótico que Berta Singerman tenía sobre su auditorio, nadie se movió de su asiento, no hubo quejas, sólo se quedaron inmóviles subyugados por la voz que seguía resonando desde el escenario. Por su lado Berta, lejos de amedrentarse o detenerse a esperar que volviera la luz aprovechó la oscuridad como una perfecta escenografía natural, moduló su voz continuando su declamación, al notar el público que la artista continuaba recitando el poema, de manera espontánea y silenciosa empezaron a encender fósforos y encendedores desde sus asientos convirtiéndose así en un mar de docenas de pequeñas luces parpadeantes. Al terminar de recitar hubo unos segundos de silencio seguido por una de las ovaciones más largas y estruendosas que se recuerde en las crónicas teatrales de la región; la luz regresó poco después, pero para los asistentes ese accidente eléctrico convirtió una gran función en un recuerdo imborrable.


Uno de los efectos más curioso de su visita a Chiclayo fue la oleada de imitadoras y seguidoras que dejó a su paso, Durante el año en las actuaciones escolares o veladas literarias musicales se intentaba copiar la dicción, el dramatismo gestual y hasta la forma de vestir de Berta Singerman. Se apagaron los aplausos y pasaron las décadas, pero el paso de la gran Berta Singerman demostró que el público chiclayano poseía una sensibilidad universal; aquella voz que encendió la ciudad quedó grabada para siempre en la memoria de los lambayecanos, como el día en que la poesía misma bajó a caminar por sus calles estrechas.

SE HA CONSULTADO:

-Bertha Singerman: en “A Propósito” por NIXA en diario “La Industria” de Chiclayo del 24-10-2004

-Diario “La Crónica “de Lima del 14-08-1955  Suplemento Dominical “Reportajes con Radar” por Ernesto More. (Colección: V. M. Boggiano F.).

-Datos diversos del Internet.


lunes, 1 de junio de 2026

UN ESPAÑOL ENAMORADO DE CHICLAYO

 

UN ESPAÑOL ENAMORADO DE CHICLAYO


                                                                                       "EL MANGAS"

Corrían los inicios de la década de 1930 cuando llegó al Perú una cuadrilla bufa que recorría el país contagiando alegría. El destino quiso que hicieran sus presentaciones en Chiclayo, en la antigua Plaza de Toros de Don Francisco Cassareto, cuya entrada colindaba con la apacible Plazuela Elías Aguirre.

Hubo una época en que los cosos taurinos se colmaban de niños y adultos para presenciar un arte hoy casi extinto: el toreo cómico, el verdadero corazón de la fiesta popular. En el norte peruano, una figura brilló con luz propia: José Fernández García, conocido en el ruedo como "El Mangas". Este torero bufo de una gran estatura (casi 2 metros) no solo lidiaba toros con una maestría singular, sino que se adueñó por completo del afecto de una ciudad entera. Chiclayo lo adoptó de inmediato como a un hijo ilustre del humor y la picardía.

Al descubrir esta tierra de sol generoso y calles angostas, "El Mangas" sintió el eco de su lejana patria. Chiclayo lo hizo sentir en casa, y aquel suelo norteño se convirtió en su plaza definitiva. Nacido en Sevilla el 4 de septiembre de 1887 (sus padres fueron: Antonio Fernández y Concepción García), el torero decidió echar raíces profundas en el Perú. Se transformó en un chiclayano más cuando, alrededor de 1935, se unió para toda la vida con la señorita Luisa Olivera Piedra, unión de la cual nacieron sus dos amados hijos: José Antonio y Paul Gualberto.


                                        "EL MANGAS" JUNTO AL "EL VIZCAINO" Y CELESTINO CIEZA

La vida, sin embargo le pondría dificultades como fue que, en una corrida en Chota, pierde un ojo, pero la valla más alta se da en la década de 1940, cuando un trágico accidente automovilístico le arrebató un brazo, dañando severamente el cuerpo de aquel artista. Pero el hombre que tantas veces había hecho reír a la multitud se negó a ser vencido por la adversidad. Aferrado al amor de su familia y a su entrañable tierra adoptiva, se reinventó: al no poder volver a los ruedos, fundó la banda de músicos "El Mangastre" —una pícara variación de la famosa banda española "El Empastre" (Que era una banda cómico taurina musical que combinaba piezas musicales populares con parodias y el toreo cómico) para después convertirse en un respetado empresario taurino, organizando memorables corridas en las plazas de Chiclayo y Tumán durante los años 40 y 50 recordándosele por su vínculo con la época de oro de la Plaza de toros de Tuman y el ambiente taurino de Chiclayo, organizando también festivales taurinos en la plaza de Acho, existiendo una foto junto a Manolete.

                                                                  A SU LADO DE "MANOLETE" EN LIMA

Tenía una filosofía la cual estaba llena de optimismo: “¿Por qué maldecir la vida?......A mí me falta un brazo y un ojo y no me quejo ni digo naaaa!y si alguien quiere comprar el ojo y brazo que me queda, ay se lo vendo ¡Pa camina basta con los  - pies!”.Solía decir también: “¿Acaso solo el “parné” (dinero) puede procurarnos la felicidad? – y replicaba ¡También se vive alegre con los bolsillos rotos ¡”.

                                                    "EL MANGAS" JUNTO A VIOLETA PEREDA Y 
                                                             EL TORERO CHICLAYANO PACO CESPEDES

El 2 de enero de 1960, el viejo torero cerró los ojos por última vez en el hospital de las Mercedes de Chiclayo víctima de la bronconeumonía (Certificó su defunción el Dr. Juan de Dios Ruiz Murgueitio y testigos fueron dos personas ligadas a la tauromaquia como lo eran Amado Lora y César Quiñones). Se marchaba el hombre, pero nacía la leyenda local. Hoy, cuando la tarde cae y el sol de Chiclayo tiñe de oro sus calles, parece escucharse el eco de las risas antiguas y el compás de un pasodoble. José Fernández García, "El Mangas", demostró que no se es del lugar donde se nace, sino de la tierra donde se lucha, se ama y se deja el corazón. Sevilla le dio la vida, pero Chiclayo le dio la eternidad, guardando para siempre el recuerdo de aquel español que cambió los aplausos del viejo continente por el eterno romance con la Capital de la Amistad, jamás se le percibió un suspiro de nostalgia por su España querida al contrario repetía siempre su amor por Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-Estampas Lambayecanas: “Sangre, Capotes y Estoques” por Alfonso Tello Marchena en “El Tiempo” de Piura del 12-02-1967.

-Entrevista y archivo de Héctor Bustamante Olivera (sobrino-nieto de “El Mangas”).

-Entrevista y archivo de Martín Cespedes L. (Hijo del torero Paco Céspedes)

-RENIEC: Partida de defunción.