jueves, 1 de octubre de 2026

GUSTAVO TARRILLO: LA TRAYECTORIA IMBORRABLE DEL ARQUERO CHICLAYANO

 



GUSTAVO TARRILLO: LA TRAYECTORIA IMBORRABLE DEL ARQUERO CHICLAYANO

Hablar de Gustavo Tarrillo Ugaz es recordar a uno de aquellos hombres que llevaron el nombre de Chiclayo más allá de sus fronteras. Su trayectoria como arquero, estuvo marcada por grandes actuaciones, equipos de prestigio y memorables encuentros que quedaron grabados en la historia del fútbol peruano. Pero, más allá de sus cualidades deportivas, quedó siempre presente el vínculo y el cariño que mantuvo por su tierra de origen, Chiclayo, ciudad que lo vio nacer y dar sus primeros pasos en el deporte.

Gustavo Tarrillo Ugaz, popularmente conocido en el mundo del fútbol como "Tarro de Leche", fue un destacado arquero de las décadas de 1930 y 1940. Es recordado históricamente tanto por sus notables reflejos y su fortuna bajo los tres palos como por haber formado parte de planteles de renombre.

Nació en Chiclayo el 22 de setiembre de 1916. Sus padres fueron Noé Tarrillo Pérez y Natalia Ugaz Zeña. Desde su juventud en Chiclayo, Tarrillo destacó por una complexión física atlética y fornida. Antes de dedicarse de lleno al balompié, probó su estampa y sus fuerzas en diversas disciplinas como el básquetbol y el boxeo, siendo su deseo ser militar. Sin embargo, fue el fútbol el que terminó atrapándolo.

Antes de 1934 integraba las filas del equipo juvenil de la “Associatión” de Chiclayo y, hacia 1936, ya defendía la portería del Club “Deportivo Espinar”, con el que se coronó campeón en 1938 en el torneo oficial de la Liga Chiclayana. Destacó muy joven custodiando el arco de la selección chiclayana que logró el Subcampeonato Nacional en 1937.



En 1938, el seleccionado de Chiclayo se enfrentó al equipo argentino Lanús, perdiendo por 3 a 1. Su seguridad bajo los tres palos llamó la atención del mítico club “Alfonso Ugarte” de la Hacienda Chiclín, en donde jugó durante los años 1941, 1942 y 1943, quien en 1942 enfrentó al Banfield, perdiendo por 5 a 1. También jugó contra Estudiantes de La Plata, encuentro que terminó con derrota por 2 a 1, y en diciembre de 1943 enfrentó al Boca Juniors.

Su etapa de mayor consagración a nivel de clubes ocurrió en Lima con el cuadro de “los dinamiteros” o “cuadros cruzados”. Con el Mariscal Sucre FBC fue protagonista y pieza clave de las memorables campañas de los años 40, incluyendo la gira internacional por Colombia posterior al título nacional de 1944 obtenido por la institución.




Las crónicas deportivas de la época resaltaban que no era un guardameta amigo del espectáculo innecesario ni del adorno infundado; por el contrario, su sello distintivo era la sobriedad, la agilidad, una excelente colocación y una tranquilidad absoluta en momentos de máxima presión.

En aquel torneo de 1944, disputado por ocho clubes, el cuadro cruzado encontró un rendimiento parejo y eficiente, sostenido en líneas sólidas, con una pareja de centrales que hizo historia: la que conformaban José “Gallareta” Luna y Máximo “Macho” Gómez —abuelo de Mario “Machito” Gómez—. Su quinteto de ataque, con Julio Aparicio Ayllón como máxima figura, fue contundente y le reportó a Sucre la friolera de 40 goles anotados, contra solo 25 recibidos en el arco que compartieron Gustavo Tarrillo y Atilio Xamin.

En la gira de ese año de Racing Club de Argentina a Lima, el Sucre ganó por 2 a 1. Entre los cuarenta y los cincuenta, Sucre vivió experiencias diversas: peleó el título en 1949, la baja en 1950 y nuevamente el título en 1951.



Tras el campeonato de 1944, Mariscal Sucre realizó una célebre travesía internacional por tierras cafeteras. En esta gira, Tarrillo se convirtió en uno de los grandes protagonistas gracias a sus espectaculares atajadas de reflejos puros, consolidando allí su famoso apodo de “Tarro de Leche”, o “La Vaca Lechera”, por la inmensa fortuna que lo acompañaba bajo los tres palos en las jugadas de gol más inminentes.“Tarro de Leche”, o el “arquero lechero”, pues parecía que los disparos rivales iban directamente a sus manos o se estrellaban providencialmente en los postes. Ante esto, el propio Tarrillo declaraba con la humildad y sensatez que lo caracterizaban:

«No hay tal superstición o amuleto... son comentarios sobre mi buena estrella. Dicen que soy un "tarro de leche" porque en algunas oportunidades la pelota va dirigida a mi arco y choca en el travesaño o en el vertical. Son casualidades que a todos los arqueros les sucede y, naturalmente, mala puntería de los shoteadores.»

Tuvo una habilidad especial: nació con el sentido de la ubicación y la intuición. Además de la serenidad y de su buena colocación, logró desviar los cañonazos de Lolo Fernández y los cabezazos de Valeriano López.



Estuvo casado con Roxana Torres Aguirre, con quien tuvo dos hijos: Noé Ricardo y Mirian Isabel. Murió el 5 de junio de 1996, en La Victoria, Lima, a la edad de 79 años, ciudad donde radicó definitivamente tras su paso por el Mariscal Sucre FBC y donde ejerció su etapa como formador de menores en las ligas locales.

Más allá del terreno de juego, Tarrillo fue un estudioso del fútbol que se preparó formalmente en la Escuela Deportiva para Entrenadores, compartiendo aulas y cátedra con figuras e instructores de renombre como el Dr. Zaldívar, el Prof. Rubén García Cáceres y el Dr. Alberto Tito Denegri Aspauza, quien entrenó a la selección peruana entre 1936 y 1937.



Gustavo Tarrillo Ugaz dejó una huella imborrable como uno de los máximos exponentes del fútbol lambayecano y norteño. Su legado continuó en la memoria colectiva del deporte peruano y en su propio entorno familiar, siendo tío e inspiración directa del célebre periodista y dirigente deportivo Ricardo Miranda Tarrillo.

Pero, detrás de las camisetas, los estadios y las grandes jornadas deportivas, permaneció siempre el hombre que había nacido en Chiclayo. Aquella ciudad que lo vio crecer, que fue testigo de sus primeros pasos como deportista y desde donde comenzó a construir una trayectoria que lo llevaría a destacar en importantes escenarios del fútbol peruano. Gustavo Tarrillo nunca dejó de representar ese vínculo con su tierra de origen, al finalizar una entrevista que le hacen dice: “(…) los miles de aficionados del Perú, y en particular a los de mi tierra Chiclayo, el cálido saludo de un deportista que solo aspira a rendir más y mejor en obsequio de ellos”, y su historia ya forma parte también de la memoria deportiva del Dpto. de Lambayeque.

Hoy, al recordar su trayectoria, no solo se recuerda al arquero que recibió el entrañable apelativo de “Tarro de Leche”, ni al jugador que defendió con seguridad el arco del Mariscal Sucre FBC y de otros grandes equipos. Se recuerda también al chiclayano que llevó consigo el recuerdo de su tierra y que, desde el fútbol, dejó un nombre que merece permanecer en la memoria de las nuevas generaciones.

SE HA CONSULTADO:

  • Blog: Pelota de trapo – Tarrillo, arquero con suerte, de José Carlos Serván Meza.
  • Revista deportiva “Sport”, del 24-5-47, N.º 116, y del 19-7-47, N.º 124.
  • Revista “Equipo”, del 26 de setiembre de 1947 # 13 y del 20 de agosto de 1948, N.º 59.
  • Revista “Mundo Deportivo” del 4 de noviembre de 1937 # 47.
  • Consultas en línea.
  • RENIEC: Partida de defunción.

 


domingo, 20 de septiembre de 2026

CARMEN FLORES EN CHICLAYO: EL ECO DEL CUPLÉ Y LA COPLA (1925)

 

 


CARMEN FLORES EN CHICLAYO:

EL ECO DEL CUPLÉ Y LA COPLA (1925)

El año 1925 quedó marcado a fuego en el norte del Perú por los embates del devastador fenómeno de El Niño. Sin embargo, en medio de la reconstrucción y el ímpetu de una ciudad que se negaba a doblegarse, Chiclayo abrió paso a el arte y la cultura. El desembarco de Carmen Flores trajo en su voz un bálsamo, demostrando que incluso en los tiempos más convulsos, el eco de sus canciones poseía la fuerza necesaria para reconstruir el espíritu de toda una comunidad.

Carmen Flores (Carmen Pereira Barrera, 1896-1969) Nacida en Almendralejo (Badajoz). Fue la pionera absoluta del cuplé castizo, célebre por interpretar originalmente "La maja goyesca" en 1915 y convertirse en una de las figuras más cotizadas de los teatros de variedades de Madrid. Su fama la llevó a cruzar el Atlántico en la segunda década del siglo XX presentando su arte en Lima; llegó como parte de la prestigiosa compañía teatral de Arsenio Perdiguero (un reconocido empresario y actor de zarzuela español que giraba constantemente por América Latina). Durante esta temporada en la capital peruana, la artista realizó diversos actos de variedades en los que ejecutaba piezas de canto junto a figuras de la época como María Capilla y el bailarín Franco. Su presencia coincidió con los años del Oncenio de Augusto B. Leguía, una época de gran efervescencia en la vida social y nocturna de Lima. Haciendo luego su recorrido por provincias peruanas entre ellas Chiclayo, publicitándose como “tonadillera andaluza”.

La Tonadilla era una pieza musical breve que se cantaba dentro de las obras de teatro. Tenía un estilo alegre, satírico y costumbrista. La Copla tomó la base musical de la tonadilla, pero le sumó una enorme carga de drama, poesía y madurez vocal, convirtiéndose en canciones independientes sobre el amor, el desamor y los celos. Una tonadillera era una cantante que se especializaba en la tonadilla y, por extensión, en la copla andaluza o canción española.

La llegada de Carmen Flores a Chiclayo en 1925 causó gran impacto, alternando entre la pícara faceta de cupletista y la dramática interpretación de tonadillera que fascinó al público local. Esta dualidad artística, que iba desde el erotismo sutil hasta historias intensas de desamor, provocó aplausos y una profunda catarsis en la sociedad conservadora de la época.

Sus recitales se caracterizaban por un riguroso cambio de vestuario, destacando el uso de mantones de Manila, peinetas y batas de cola que fascinaban a los asistentes. El público chiclayano pudo corear piezas inmortales del cuplé y la copla, incluyendo por supuesto la evocación madrileña de "La maja goyesca" y pasodobles sentimentales.

Este paso por tierras lambayecanas reafirmó la fuerte conexión cultural entre España y el norte peruano, dejando una huella imborrable en los aficionados al teatro musical de la región.



El debut ocurrió el 19 de noviembre de 1925 en la sala cine teatro “Pathé”. Chiclayo vivía un auge cultural a pesar de estar viviendo los efectos de las peores lluvias; el día previo, el escritor Carlos Angulo Cavada ofreció una conferencia en el local de la Biblioteca Popular del histórico Club "Unión y Patriotismo".

Los asistentes al cine teatro “Pathe” pudieron escuchar aquella letra del cuplé "La maja goyesca", (letra de Álvaro Retana y música de Ricardo Yust):

En los tiempos lejanos de Goya
cierta noche nací en Lavapiés,
fui una maja muy retrechera
y como yo en mi barrio
no ha habido tres.

Las duquesas rabiaron de celos
al mirar mi figura gentil,
cuando en calesa bajé yo al río
con un majo de plante,
loco por mí.

Así como el resto de su repertorio como fue: La Sindicalista: Un cuplé cómico y de crítica social muy famoso en su voz, (el cual años más tarde sufrió problemas de censura). Cuplés picarescos: Piezas humorísticas como “El sexo fuerte”, “Guasa viva”, “Chulona y Evaristo”, “Agáchate que te han visto” entre otros.

Como lo dijimos párrafos arriba, previo al debut de Carmen Flores,  se presentó Carlos Angulo Cavada aquel 18 de noviembre de 1925, en el Club “Union y Patriotismo” (abogado, escritor, conferenciante y cronista de prensa internacional de nacionalidad argentina) quien basó casi toda su carrera de conferencista en ensalzar los lazos culturales entre España y América Latina. Al presentarse en el Club “Unión y Patriotismo” de Chiclayo, era sumamente estratégico y habitual que la prensa local lo introdujera como un "escritor español" para elevar el prestigio cultural del evento y apelar al sentimiento de la comunidad hispana local.

Para Chiclayo, el título de la conferencia debió seguir fórmulas como: "El Alma de América y los Imperativos de la Postguerra", "El Progreso de los Pueblos Americanos y su Destino Histórico", "La Solidaridad Continental y los Nuevos Ideales de la Juventud". Angulo Cavada, explicaría en sus conferencias, cómo la cultura, el idioma y los valores ibéricos compartidos eran la base moral para que repúblicas como el Perú alcanzaran la grandeza en el siglo XX.

Cuando las luces del teatro se apagaron y Carmen Flores partió de Chiclayo, el silencio no logró borrar lo vivido. En las angostas calles chiclayanas se quedó flotando, como un perfume invisible, el rastro de sus pasos, la picardía de sus gestos y el desgarro de sus melodías. Aquella visita de 1925 no fue un simple suceso de cartelera; fue un relámpago que encendió el alma de una ciudad, al igual que las reflexiones de Angulo Cavada  compartidas a la juventud local, en el Club “Unión y Patriotismo”.  

Al evocar hoy la figura de Carmen Flores, se entiende que el eco de sus canciones no se perdió en el olvido: se transformó en memoria pura. Carmen Flores así como Carlos Angulo Cavada en Chiclayo fueron, en definitiva, ese instante mágico donde el arte y la palabra lograron ser capaces de unir mundos e iluminar una época, que ni el paso de un siglo ha podido borrar.

SE HA CONSULTADO:

-La “Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-Revista “Mundial” de Lima del 30 de octubre de 1925 # 281.

-Datos diversos obtenidos en línea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


jueves, 17 de septiembre de 2026

DON EUGENIO MOYA Y EL RENACER DE UNA CIUDAD

 



DON EUGENIO MOYA Y EL RENACER DE UNA CIUDAD

Don José Eugenio Moya Ocas nació en 1830 bajo las brisas de la serranía de Cajamarca. Hijo de don Domingo Moya Rayco y doña Martina Ocas, a pesar de no haber nacido en Chiclayo, don Eugenio entregó su existencia entera al progreso espiritual y material de esta tierra. En la zona norte del país, consolidó un prestigioso entorno social y empresarial vinculado activamente a los rubros de la minería y el comercio.

Formó su hogar junto a doña Carmen Manuela Arenas Carranza (1856–1945), edificado bajo arraigadas virtudes, sentido cívico y profunda solidaridad. De esta unión nacieron sus hijos: Matilde Moya Arenas (posteriormente matrona, Sra. Matilde Moya viuda de Ortigas) y Vicente Moya Arenas.

A través del matrimonio de su hija Matilde con don Honorio Demetrio Ortigas Limo —hijo del exalcalde don Claudio Ortigas Figueroa—, la estirpe de don Eugenio se entrelazó con una de las alianzas genealógicas e históricas más influyentes del Chiclayo de finales del siglo XIX. 

Durante la trágica conflagración de la Guerra del Pacífico y el posterior periodo de ocupación chilena, los valles chiclayanos sufrieron graves estragos en su economía agrícola e infraestructura urbana. En estas horas oscuras, don Eugenio Moya actuó con una postura de rigurosa neutralidad política para salvaguardar a la población golpeada por las expediciones militares convirtiéndose en un verdadero faro de humanidad.

Durante la ocupación chilena, Eugenio Moya formó parte de la “Junta Económica Auxiliadora”, junto con Manuel Mariátegui, Mariano Polo, Ángel González, Benigno Bullón y Pedro P. Chacaltana. Esta junta tuvo que afrontar el problema de los cupos impuestos por las fuerzas chilenas.

                                                                        EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS

Lideró e impulsó juntas de auxilio y redes de apoyo social, organizó y promovió ollas de caridad, financió, de su propio bolsillo e iniciativa, alimentación, refugio y cobijo para muchas familias desplazadas y arruinadas por los saqueos y la violencia de la contienda.

Al retirarse las tropas de ocupación en octubre de 1883, las arcas municipales estaban vacías, la infraestructura pública devastada y el comercio local paralizado. Don Eugenio Moya asumió la Presidencia del Concejo Municipal (Alcaldía Provincial de Chiclayo) en dos oportunidades (durante periodos de algunos meses en los años 1884 y 1886), Para 1884 estuvieron: el Dr. Ramón Navarrete Cayo finalizando su periodo a inicios de ese año, Herman Klinge Schwarting, Eugenio Moya, y Miguel Palacios respectivamente; y para 1886: Carlos Pestana Vélez, Eugenio Moya, Juan Manuel Maradiegue Bullón y Claudio Ortigas quien continuó hasta 1889).

Su administración fue el pilar del inicio de la Reconstrucción Nacional en Lambayeque, caracterizándose por una férrea austeridad y eficaces ejes de gestión:

Institucionalización y Finanzas Municipales: Reorganizó las rentas del Concejo Provincial que habían quedado desfinanciadas, reactivando con éxito el cobro de arbitrios comerciales para financiar las obras de necesidad urgente. Moya colaboró firmemente en la reactivación y sostenimiento económico de comisiones de vecinos y cuerpos de vigilancia urbana (guardias de paz) para restablecer el orden público, patrullar las calles céntricas y proteger los comercios que recién comenzaban a reabrir.

Reordenamiento y Limpieza Urbana: En alianza con el ilustre ciudadano alemán Hermann Klinge, emprendió la remoción de escombros, limpieza y recuperación del casco urbano y del destruido Parque Principal. (Pese a que la obra de la plaza se inició con el alcalde Gálvez fue don Ramón Navarrete Cayo, quien como alcalde le tocó inaugurar el 28 de julio de 1878). En 1884, al término de la ocupación chilena, la otrora bella plaza principal quedó arruinada habiendo perdido toda su prestancia, los señores Eugenio Moya y Hermann Klinge, como presidentes Municipales asumieron la tarea de recuperación del parque post guerra.

Amplió el empedrado en los alrededores del mercado y centro histórico, conectando el tránsito con las salidas a distritos vecinos. Asimismo, trazó y mejoró antiguas calles; entre ellas, la emblemática calle San Lino, que en homenaje perpetuo a su dedicación pasaría décadas después a ser bautizada como la Calle Eugenio Moya. Esto significaba que la calle que lleva su nombre no era solamente una referencia honorífica moderna, quedó incorporada a la estructura urbana de Chiclayo y fue durante décadas uno de los límites orientales del casco urbano.

                                                                 CHICLAYO PARA LA DÉCADA DE 1880

Apoyó la refacción y pintura de las fachadas del Convento e Iglesia Matriz, que sirvieron como cuartel temporal chileno. Se formó una comisión para recaudar dinero y reparar el colegio “San José”. Eugenio Moya fue uno de los encargados de ejecutar los trabajos, junto con Miguel Laca, Alfredo Lapoint y otros. Claudio Ortigas fue tesorero de la comisión. El colegio pudo volver a abrir sus puertas en 1888. La labor constructiva de don Eugenio Moya dejó marcas indelebles en el equipamiento e infraestructura básica que la ciudad requería con urgencia:

Convencido de que la educación era la única fuerza capaz de redimir y proyectar al pueblo hacia el porvenir, su principal preocupación fue la niñez y la clase trabajadora durante el tiempo que estuvo encargado de la Presidencia Municipal en 1884:

Escuelas Municipales (1884): Fundó y dotó con todas las comodidades —pagando de su propio peculio a numerosos maestros— tres escuelas de niñas, dos escuelas de varones y una escuela dominical para la clase trabajadora. Confió la dirección de los planteles a destacados intelectuales de la época, entre ellos don Juan de Dios Lora y Cordero.

Hombre enteramente humano y de noble alcurnia moral, la residencia de don Eugenio Moya era frecuentada diariamente por personas de escasos recursos que encontraban en él un amor paternal y auxilio económico directo.

                                           CALLE BALTA SUR MIRANDO AL PARQUE UNOS AÑOS DESPUÉS

Su rectitud y grandeza inspiraron los versos del poeta Don José Rivadeneira, dedicados al ilustre caballero:

«Rival, Moya ilustre, de genios preclaros;

que al pueblo has mostrado su norte y su fin:

«¡No más ignominia, ni error!» le dijiste:

«del bien y del orden la senda seguid».

Segui, Concejales, la empresa sublime,

que habéis implantado, con grande loor,

y haceos del pueblo, tribunos amantes,

dignos como Moya, de igual galardón.»

 

Don Eugenio dejó consolidadas las bases institucionales, materiales y morales sobre las cuales Chiclayo se expandió al ingresar al siglo XX. Su vida encarnó el verdadero significado del civismo, la austeridad y la caridad desinteresada en favor del bien común.

SE HA CONSULTADO:

-Diario “El País” de Chiclayo del 25 de julio de 1955- Artículo firmado por el Prof. Sergio Bermejo – (Cortesía del compilador Julio G. Gamboa Vera – BNP).

-Impacto de la Guerra del Pacífico en Lambayeque, 1879‐1886- Simposio Internacional “Guerra del Pacífico: Agendas para el siglo XXI” 2010 de José Gómez Cumpa.

- “Galería de Lambayecanos Ilustres” (1966) editado por el Instituto Experimental N° 17 de Chiclayo. (Colegio Leoncio Prado hoy C.E. # 11001)

-Historia del Colegio Nacional de “San José” de Chiclayo. 1959 por Alejandro Araujo Román.

-Relación de alcaldes de Chiclayo (1578-2011): Trabajo sin publicar del periodista Carlos Zuloeta Aguinaga (2011).

-Consultas en línea del internet.

 


viernes, 11 de septiembre de 2026

PEDRO REYES ZEÑA: EL ARTE DE RETRATAR AL PERÚ CON SONRISA PROVINCIANA

 



PEDRO REYES ZEÑA: EL ARTE DE RETRATAR AL PERÚ CON SONRISA PROVINCIANA

En Chiclayo (Zaña), un 18 de enero de 1897, vio la luz Juan Pedro Reyes Zeña. Hijo de Juan Francisco Reyes Viera (sechurano) y Mercedes Zeña Hurtado (zañera), el pequeño Pedro vino al mundo sin cuna de oro, pero con el don supremo de la observación y la alegría. Nadie sospechaba entonces que aquel muchacho de extracción humilde, que comenzó su andadura limpiando tipos de plomo en el rincón más sencillo de una imprenta chiclayana, terminaría convirtiéndose en «Pelope»: una de las plumas satíricas y costumbristas más entrañables y agudas del siglo XX lambayecano.

Su escuela no fueron los salones dorados, sino el taller tipográfico, donde el olor a tinta y el crujido del papel le revelaron los secretos del oficio editorial. Desde abajo, escalando peldaño a peldaño con tenacidad e ingenio, Pelope hizo del periodismo su trinchera y de la comedia su lenguaje. A los 14 años editó El Juguetón, un periódico satírico de 15 cm que él mismo escribía, componía y repartía. A los 16 años ingresó a las páginas de los principales diarios y revistas de Chiclayo y la región. Sus crónicas festivas, sazonadas de fina sátira, dibujaban la sonrisa de los lectores mientras retrataban con precisión magistral la cotidianidad norteña.

Su compromiso con la cultura local no se limitó al papel: en 1934 redactó una selecta reseña histórica para la elegante reinauguración del histórico Teatro Dos de Mayo de Chiclayo. Dichos ejemplares fueron repartidos gratuitamente a los asistentes gracias al financiamiento del Comité de Beneficencia Pro-Teatro de la Sociedad de Beneficencia Pública de Chiclayo, presidido por el Sr. Manuel F. del Castillo.

                                                                                 FOLLETO GRATUITO 

Como a tantos provincianos de su época, el destino y el anhelo intelectual lo llevaron a Lima, donde ingresó a laborar en las Oficinas de Estudios Especiales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ese choque cultural entre la calidez chiclayana y la burocracia limeña alimentó su obra narrativa más madura. En la Lima de 1923, Reyes Zeña vivió la peripecia del provinciano norteño enfrentado a las pensiones de mala muerte, los pasillos ministeriales y los laberintos de la burocracia. De allí nació su celebrada novela A la Capital (publicada en 1933 en los talleres de El Tiempo de Chiclayo), con ilustración de portada de su amigo Enrique Miranda. La primera edición se agotó rápidamente, anunciando un segundo libro (En la Capital) y un tercero (De regreso a la capital), los cuales, al parecer, nunca salieron a la luz. Por otro lado, destaca su célebre libro Los carasucias de mi barrio (1962), donde entrelazó con maestría la inocencia infantil y la picaresca política.



Ocupó la jefatura de crónica del diario El País de Chiclayo y trabajó en la revista deportiva limeña Sport Gráfico, donde, junto con Raúl Vizcarra, inmortalizó la entrada de los «Huerequeques» a Lima para el Campeonato Nacional de Fútbol de 1928. Fue uno de los fundadores del diario La Tribuna junto con Manuel Seoane, y escribió notas para el diario El Correo de Lima. Además, ejerció como profesor de taquigrafía —siendo autor de un método inédito en la materia—, se desempeñó como secretario de Prensa de la Federación Gráfica del Perú y dirigió Naylamp, órgano de los lambayecanos apristas en Lima.



El reconocimiento internacional consagró su talento cuando su cuento «La tarjeta del diputado» —una magistral caricatura del clientelismo y la recomendación influyente en el Perú republicano— compitió entre más de 400 obras de todo el continente. El jurado del prestigioso certamen, coorganizado por la revista parisina Cuadernos y el suplemento 7 Días de La Prensa de Lima, le otorgó un destacado galardón, aclamándolo como el exponente más genuino y brillante del género festivo en las letras chiclayanas. La obra fue publicada en 1966 con ilustraciones de su amigo Raúl Vizcarra, junto a otros de sus cuentos como «La cartera robada», «El gallo "Mosquetero" del cura Pita», «Chiclayanos en Lima», «Los tiempos "Más mejores"», «El más grande provinciano que llegó a la capital» e «Incultura en la cultura», entre otros.



Al lado de su esposa, Andrea Felícita Sáenz Falcón, formó un hogar bendecido con cinco hijos, manteniendo siempre intactos su arraigo y su amor por la patria chica, incluso mientras bosquejaba proyectos que el tiempo dejó inéditos, como La Gloria de Lima y la comedia La Dueña de la Pensión.



El 29 de julio de 1969, a los 72 años de edad, en la misma tierra de Chiclayo que escuchó sus primeras risas y atesoró sus primeros escritos, Pedro Reyes Zeña se rindió al descanso eterno (en su partida de defunción figura como ocupación: linotipista). Se apagó así la vida del hombre, pero no el eco de su pluma. Porque mientras en algún rincón del norte un provinciano sonría ante las trampas de la suerte, o mientras un lector descubra en una página amarillenta la chispa viva de la picardía criolla, Pelope seguirá allí: de pie junto a su caja de tipos de imprenta, regalándonos, con la elegancia de los grandes, la inmortalidad de una buena sonrisa.

FUENTES CONSULTADAS:

·         Gaceta Sanmarquina, Lima, julio de 1965, n.° 14.

·         Obras publicadas del autor (4 volúmenes).

·         RENIEC: Partida de defunción de Juan Pedro Reyes Zeña.

·         Fuentes diversas de internet.

.     BLOG: Del baul bibliografico lambayenano- Chiclayo sus cines y afines 19 dic. 2023.

 


martes, 8 de septiembre de 2026

RAÚL VIZCARRA: LA CONSAGRACIÓN DE UN DIBUJANTE CHICLAYANO EN LIMA

 


RAÚL VIZCARRA: LA CONSAGRACIÓN DE UN DIBUJANTE CHICLAYANO EN LIMA

Hay miradas capaces de congelar el alma de un pueblo y llevarla al papel con el trazo fino de una pluma. En la historia del arte gráfico peruano, pocos lápices capturaron la esencia humana con tanta agudeza, dinamismo y sensibilidad como el del chiclayano Raúl Vizcarra Ubillús. Desde las calles entrañables de su Chiclayo natal hasta las páginas de las publicaciones más prestigiosas de la capital, su obra se erige como un testimonio vivo de la identidad, la sátira y el costumbrismo del Perú de inicios del siglo XX.

Nacido en 1898, Vizcarra dio sus primeros pasos en el dibujo durante la segunda década del siglo XX, siendo apenas un adolescente. En aquel Chiclayo de antaño, el cine Gaumont —ubicado en la calle San José, al lado de lo que más tarde sería la Catedral— requería cartelones para anunciar en los postes de la ciudad las películas que proyectaría. Allí comenzó a forjarse su talento. De aquella época fundacional da cuenta su amistad con don Gregorio Bulnes, quien conservó durante muchos años los valiosos bocetos iniciales que el historiador y periodista Nixa (Nicanor de la Fuente Sifuentes) rescataría tiempo después en uno de sus artículos.

Con una fe inquebrantable en su propio potencial, Vizcarra envió sus colecciones de arte desde Chiclayo a la prestigiosa revista limeña Variedades, una de las publicaciones culturales y de entretenimiento más influyentes de la época. Sus editores no tardaron en reconocer su extraordinaria capacidad y, en 1919, publicaron sus trabajos bajo el título «Un nuevo artista peruano». Aquel fue el preludio de su incorporación como ilustrador regular de la revista, donde trabajaría de manera ininterrumpida hasta su desaparición. En setiembre de 1921, dedicó una memorable página a los «Tipos populares de Chiclayo».


                                                                   DIBUJOS PUBLICADOS EN "VARIEDADES"

Aunque la crítica le reconocía un notable sentido del color, su fuerte indiscutible fue siempre el dibujo a pluma y tinta china. Dominaba con maestría el tramado de líneas para generar sombras profundas y texturas minuciosas. La crítica contemporánea elogiaba de forma unánime su «retina poderosa»: una metáfora de su capacidad casi fotográfica para captar fisonomías y registrar el movimiento del cuerpo humano. A diferencia de las figuras estáticas habituales en la época, sus personajes derrochaban dinamismo, expresividad y un marcado carácter costumbrista.

Paralelamente, trabajó en el diario La Crónica de Lima; ilustró también para una revista deportiva junto a Pedro Reyes Zeña, un artículo con los emblemáticos huerequeques que representaban a la delegación chiclayana en el Campeonato Nacional de Fútbol en 1928.


Su talento también brilló en la ilustración editorial de obras literarias fundamentales:

  • 1923: Creó cinco bocetos e ilustraciones para la primera edición de Fabla Salvaje, la célebre novela corta de César Vallejo.
  • 1924: Expuso en el icónico Palais Concert del Jirón de la Unión de Lima junto a Alejandro González, exhibiendo las ilustraciones creadas para el poema «El hombre sol» de José Santos Chocano.
  • 1925: Ilustró la obra Historietas malignas de Clemente Palma.
  • 1927: Ilustró en la revista Variedades el cuento «Los óleos» de Juan José Lora Olivares.
  • 1939: Realizó de forma destacada las ilustraciones del libro Cuentos peruanos: relatos del ambiente nacional, de Aurelio Arnao.
  • 1959: Elaboró las ilustraciones para la edición argentina de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma.

                                         ILUSTRÓ "HISTORIETAS MALIGNAS" DE CLEMENTE PALMA

Vizcarra colaboró estrechamente con destacados editores como Pedro Barrantes Castro (editor de César Vallejo), diseñando folletines y libros de bolsillo de amplio tiraje nacional. Asimismo, mantuvo siempre un lazo fraterno con sus paisanos lambayecanos: diseñó en 1935 la carátula de A golpe de arpa, obra cumbre de Rómulo Paredes y Augusto León Barandiarán; y en 1967 realizó la portada del libro La tarjeta del diputado, de Pedro Reyes Zeña.


                                                    ILUSTRACIONES A SUS PAISANOS LAMBAYECANOS

En la década de 1940, trabajó como dibujante en la revista Folklore y ejerció durante varios años la docencia como profesor de dibujo en la ciudad de Ica. Posteriormente, fijó su residencia definitiva en Lima, donde falleció en 1979 a los 81 años de edad.

                                                          DOCE AÑOS ANTES DE SU FALLECIMIENTO

Raúl Vizcarra Ubillús no solo fue un dibujante de trazo virtuoso, sino un cronista visual que supo traducir el palpitar popular, la literatura y el paisaje peruano en trazos imborrables de tinta china. Su legado trasciende el papel: en cada sombra tramada y en cada rostro expresivo vive el espíritu del artista chiclayano que partió de su tierra con un portafolio bajo el brazo y terminó ilustrando las páginas más selectas de las letras y el periodismo nacional.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Revista Variedades (Lima): N.º 614 (6 de diciembre de 1919), N.º 708 (24 de setiembre de 1921) y N.º 991 (28 de febrero de 1927).
  • Diario La Crónica (Lima): 22 de diciembre de 1924.
  • Revista Folklore: N.º 16 (abril de 1946).
  • Diario La Industria (Chiclayo): Artículo «A propósito» de Nixa (25 de enero de 1976).
  • Paredes, Rómulo y León Barandiarán, Augusto (1935). A golpe de arpa.
  • Datos diversos del internet.