jueves, 13 de agosto de 2026

BALTAZAR PAZ: EL CHICLAYANO QUE VIVIÓ UN SIGLO DE HISTORIA REPUBLICANA

 


BALTAZAR PAZ: EL CHICLAYANO QUE VIVIÓ UN SIGLO DE HISTORIA REPUBLICANA



Pocos hombres han caminado tan de cerca junto a los cimientos, fracturas y batallas de la república peruana como el capitán Baltazar Paz Vela nacido en Chiclayo en los albores de la independencia y fallecido en Lima tras cumplir un siglo de vida, su biografía militar y personal es un testimonio invaluable de la entrega, el sacrificio y los dramáticos vaivenes del Perú del siglo XIX.

Baltazar Paz llegó al mundo en la vibrante ciudad de Chiclayo el 18 de noviembre de 1827, cuando las memorables batallas de Junín y Ayacucho aún resonaban vivas en el corazón de los peruanos y cuando la embriaguez del triunfo libertario inundaba el corazón de nuestros antepasados. Hijo de Santiago Paz y María Dolores Vela, su fe quedó registrada formalmente cuando fue bautizado como Baltazar en la Iglesia Matriz de Chiclayo en el año 1841. Crecido en una tierra caracterizada por el temple de sus ciudadanos, Paz llevaría el orgullo de su cuna norteña a lo largo de todas sus campañas militares.

El 20 de abril de 1865, Baltazar Paz inició oficialmente su trayectoria en las filas del ejército patrio al ingresar como Alférez del Regimiento "Vigilantes de a Caballo" mandado por el Teniente coronel don José Alejo Bezada, participando activamente en la campaña de la Restauración a la orden del segundo Vicepresidente de la República General Don Pedro N. Diez Canseco Corbacho, concurriendo a la toma de Lima el 6 de noviembre de 1865 como parte de la revolución contra el gobierno de Juan Antonio Pezet tras la firma del tratado Vivanco-Pareja. En el “Censo General del Pueblo de Lima- Provincia de Lima” de 1866 en el grupo “Regimiento Lanceros de Chiclayo” N° 5, figura como Alférez natural de Chiclayo, pero erróneamente dice de 26 años de edad, cristiano, soltero y que sabe leer y escribir, junto a otro chiclayano llamado Juan Iturregui de 40 años y otros más de diversos lugares del Perú como Trujillo, Guadalupe, Piura, Lima, Arequipa. Continuó su servicio integrándose a las fuerzas de la Gendarmería en Lima y Arequipa, así como en la Guardia Civil.

Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879, el ya capitán Paz partió como parte del primer Ejército del Sur. Posteriormente, fue enviado a la capital para la organización de la defensa de Lima contra la invasión. En enero de 1881, bajo el mando del coronel Julián Carrión, combatió audazmente como Alférez Mayor de la columna "C" en las sangrientas batallas de San Juan, (donde fallece el lambayecano coronel Mariano Pastor Sevilla), Chorrillos y Miraflores (falleciendo en esta batalla el Capitan de Navio Juan Fanning García y el chiclayano Andrés Torres Paz).

                                                                        LA BATALLA DE SAN JUAN

Tras la reconstrucción institucional y el convulso período posterior a la guerra, reingresó al servicio militar en 1883 en el Regimiento Gendarmes de Lima y después a la Gendarmería de Lambayeque. En los años venideros, combatiría en los enfrentamientos civiles de la época y en la persecución de bandas de bandoleros que asolaban el norte del país, como al célebre bandido Arturo Rivadeneyra (a) "El Ñaña". Durante una de estas arriesgadas acciones en Lambayeque en 1893, el capitán Paz fue acribillado a balazos en cumplimiento del deber, recibiendo heridas de gravedad que le valieron su cédula de invalidez. El 5 de setiembre de 1899, el gobierno de Nicolás de Piérola le reconoció el ascenso a capitán por sus invalorables servicios durante la conflagración del Pacífico.

En el plano personal, la vida de Baltazar Paz también estuvo marcada por la movilidad y los lazos familiares. El 22 de mayo de 1871, contrajo matrimonio en la Iglesia San Lázaro de la ciudad de Lima con la señora Petronila Vera Burga (1845/Lima 1906), natural de Santa Cruz (Chota, Cajamarca). Años más tarde, según consta en sus registros finales, estuvo casado con la señora Isabel Querie, (su matrimonio fue el 7 de febrero de 1907) quien lo acompañó en sus últimos años de vida en la capital.

El 18 de noviembre de 1927, la prensa limeña —como el diario La Crónica— rendía homenaje a su centenario de vida, destacando la figura de este veterano modesto pero abnegado que encarnaba la historia viva de la Patria.

Un año después de aquel público homenaje, días antes de cumplir 101 años, el 14 de noviembre de 1928, el capitán Baltazar Paz falleció en su domicilio de la calle José Galvez en Lince de la ciudad de Lima. Con su partida, el Perú despidió a uno de los últimos centenarios que fue testigo directo, de principio a fin, de la construcción de la república peruana.

SE HA CONSULTADO:

-Diario “La Crónica” de Lima del 18-11-1927.

-Censo del Pueblo de Lima de 1866.

-Consultas en línea.

-RENIEC: Partida de Defunción.


domingo, 2 de agosto de 2026

JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

 



JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

Hubo un tiempo en que las ciudades no se levantaban únicamente bajo la fría mirada de los planos modernos, sino también al compás del ingenio y la destreza de hombres que cargaban sobre sus hombros el peso de una tradición milenaria. Don José Villasis Chirinos perteneció a esa estirpe.

Mientras el siglo XX avanzaba a pasos agigantados hacia el progreso y los títulos universitarios de ingeniería civil —y, posteriormente, de arquitectura— comenzaban a poblar las oficinas públicas, en el corazón de Chiclayo el respeto popular y el lenguaje oficial se resistían a jubilar el pasado. Hasta bien entrada la década de 1930, a Villasis se le siguió llamando con un título que evocaba el esplendor virreinal y la herencia hispanoárabe: Alarife (palabra que proviene del árabe hispánico al‘aríf, que significa «el experto» o «el conocedor»).

Él no era simplemente un ejecutor de obras; era el experto cuyo ojo clínico y mano firme guiaron la fisonomía de una urbe en pleno crecimiento. A diferencia de los ingenieros civiles de la época, que solían ser profesionales teóricos y de gabinete, el alarife poseía el «saber hacer» práctico y empírico. Mientras el ingeniero calculaba y diseñaba sobre el papel, el alarife dirigía la obra real en el terreno: organizaba a las cuadrillas de obreros, seleccionaba los materiales y resolvía las complicaciones técnicas del día a día. Más que recibir órdenes, el alarife traducía y viabilizaba los planos del ingeniero.

En la construcción de grandes residencias y casonas civiles, el alarife actuaba con total independencia. Muchas familias chiclayanas acudían directamente a don José Villasis para que él mismo diseñara, presupuestara y levantara sus viviendas sin la intervención de un ingeniero. Es decir, en el ámbito privado, él seguía siendo la autoridad máxima de la construcción; fue el encargado de edificar la casa Townsend de la Plazuela Elías Aguirre (hoy desaparecida).

Hacia 1937, llamarlo «alarife» no era un término despectivo de subordinación; al contrario, era un título honorífico que la sociedad le otorgaba por respeto a su veteranía. Significaba que, a pesar de la llegada de los nuevos ingenieros formados en la universidad (como la Escuela de Ingenieros de Lima, fundada en 1876), el conocimiento empírico de Villasis era tan vasto, preciso y confiable que merecía la misma o mayor consideración que un título profesional moderno.

Este artículo se adentra en la vida y el legado del hombre que personificó la transición definitiva entre el maestro constructor de la vieja escuela y el urbanista moderno, consolidándose en la memoria histórica como el verdadero artífice de los cimientos chiclayanos.

Vida y proyección institucional

El señor José Z. Villasis Chirinos nació en Chiclayo en 1867. Fue hijo de padres chiclayanos, José y María, y educado por los destacados pedagogos Tomás Paredes y Pedro Alvarado. Villasis fue un hombre marcadamente institucionalista: perteneció a casi todas las organizaciones obreras de Chiclayo, habiendo llegado a ejercer la presidencia de la Confederación Obrera «1.º de Mayo», la Sociedad «Artesanos del Santo Sepulcro» y el «Círculo Católico Obrero».

Formó un hogar en el que tuvo 5 hijos varones y 16 mujeres. Durante el periodo municipal del Dr. Pedro Pablo Chacaltana Reyes, en 1915, comenzó a participar de manera más activa en la vida pública, dejando escuchar su voz en favor de las clases trabajadoras y del progreso cultural y material de la ciudad, siempre caracterizándose por su espíritu orientador y de iniciativa.

                                                     FRONTIS DEL NUEVO CEMENTERIO DE CHICLAYO

Obras emblemáticas en la urbe

En su labor de maestro alarife, tuvo a su cargo importantes obras en la ciudad, actuando siempre con notable eficiencia e inteligencia. Entre sus principales proyectos destacan:

  • El Nuevo Panteón: Inaugurado en 1917, hoy conocido como Cementerio «El Carmen» de Chiclayo.
  • Infraestructura hospitalaria: La construcción del pabellón «Víctor Larco Herrera», inaugurado en 1919 en la parte posterior del pabellón «Santiago Luis González», dentro del Hospital Las Mercedes. Años después, estuvo a cargo de las ampliaciones del pabellón «Juan Cuglievan» y de la Dirección del citado hospital.

                                                                        PABELLÓN LARCO HERRERA
  • Sociedad Obreros de la Unión: Entre 1903 y 1905, el inmueble donde nació el héroe Elías Aguirre fue modificado bajo su dirección levantandose la segunda planta, para convertirlo en la sede oficial de esta institución.
                                                           LOCAL DE LA SOC. OBREROS DE LA UNIÓN

  • Edificio de la Beneficencia Pública de Chiclayo: Local administrativo ubicado en la Av. Luis González, inaugurado en 1921 y tomando la denominación oficial de pabellón "Enrique de la Piedra" en 1927 que hoy en día es utilizado como velatorio.

                                         OFICINAS ADMINISTRATIVAS DE LA BENEFICENCIA PÚBLICA

Además, contribuyó con su experiencia en innumerables edificios públicos más que se han ido perdiendo en el recuerdo.

El legado imperecedero

Cuando contemplamos el Chiclayo de hoy, con su pulso vibrante y su fisonomía en constante cambio, es imposible no percibir el eco silencioso de los pasos de don José Villasis. Los muros que levantó —desde los espacios de dolor y memoria eterna como el cementerio, pasando por los recintos de sanidad y amparo social en el Hospital Las Mercedes, hasta los salones donde los obreros tejieron su fraternidad en la «Sociedad Obreros de la Unión»— siguen siendo los pilares invisibles de la identidad chiclayana. Su vida no se midió en planos efímeros, sino en la solidez de una herencia que desafió al tiempo.

                                                       SU LAPIDA HA DESAPARECIDO DEL MAUSOLEO

Don José Z. Villasis Chirinos falleció a los 89 años, el 9 de enero de 1955. Con su partida se marchó también el último de los alarifes, cerrando una era dorada donde construir era un arte del alma. Sin embargo, el título de «alarife» jamás le quedó grande; al contrario, él lo dignificó hasta el final. No solo unió adobes o ladrillos con barro y cemento: esculpió el alma de una ciudad, consolidándose para siempre como el gran maestro y el constructor imperecedero de Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-La “Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-Guia comercial, industrial y estadística de Chiclayo (1937).

-Datos obtenidos de consultas en línea.

-RENIEC: Partida de defunción.

 




sábado, 1 de agosto de 2026

LA LEYENDA DEL "PAN DE MAYEWSKY"

 

LA LEYENDA DEL “PAN DE MAYEWSKY”



Hasta los albores del siglo XX, la memoria colectiva de Chiclayo quedó marcada por el aroma, la textura y el inigualable sabor de un pan que jamás volvió a elaborarse. Detrás de esta joya de la gastronomía popular estuvo Augusto Mayewsky, un inmigrante natural de Odesa (Ucrania, entonces parte del Imperio Ruso) que llegó a la ciudad quizás para la década de 1870, de forma silenciosa durante una época de gran apertura comercial y migratoria, dejando en las lejanas tierras a sus padres Augusto y Juana. Nadie previó la profunda huella que dejaría en la comunidad aquel hombre a quien todos llamaban simplemente "Mayesky".

Cuando Don Augusto Federico Mayewsky Rejtman (Aunque en su partida de defunción dice Mayesky Retjam – muy posible al pasar del alfabeto cirílico (ruso) al alfabeto latino (español) por la pronunciación lo cambió todo), se estableció en la calle San José, la gente local notó de inmediato la diferencia: sus panes se decía duplicaban en volumen a los demás, eran sumamente esponjosos y se mantenían frescos durante algunos días. Para una ciudad acostumbrada a masas densas, planas y de fermentaciones rústicas, el cambio fue radical. Probablemente, Mayeski adaptó las técnicas europeas de fermentación lenta a los hornos artesanales norteños.

El impacto de su negocio fue tal que, durante décadas, la frase "el pan de Mayesky" quedó grabada en el habla popular como sinónimo de calidad excepcional, frescura y costra crujiente. Cuando un cliente se quejaba ante cualquier otro panadero porque el pan estaba frío, duro o pequeño, el comerciante chiclayano solía responder con sarcasmo: «¿Y qué quiere usted? ¿Que le dé pan de Mayesky?» La expresión quedó inmortalizada en el léxico norteño como el símbolo de algo perfecto e inalcanzable.

Corrió el rumor de que Mayesky traía un "polvo secreto de Rusia" en cajas de madera selladas que desembarcaban por el Puerto de Eten. La realidad, sin embargo, era puramente técnica, dominaba el arte de cultivar la masa madre, quizás con ciertos procedimientos desconocidos por los maestros artesanos chiclayanos de la época.

Mayesky echó raíces al contraer matrimonio con la chiclayana Carmen Roldán Moreno, quien lamentablemente falleció el 14 de febrero de 1887 (enterrada inicialmente en el cementerio de Patazca y trasladada años después al cementerio "El Carmen"). Al parecer, no tuvieron hijos.

Físicamente, Mayewsky era un hombre de figura pequeña, pero de complexión musculosa. Quienes lo conocieron lo describían como un personaje reservado, misántropo y huraño, que prefería el aislamiento absoluto. Salía a recorrer las calles en las mañanas y tardes montado en un caballo de color blanco-huevo (conocido por los vecinos como «overo»), del cual colgaban dos grandes capachos. Anunciaba su paso golpeando la madera con un pequeño palo o dando dos golpes de penca en los capachos, alertando a las amas de casa que salían apresuradas a comprar.

                                                                                  FOTO REFERENCIAL

Nadie entraba a la zona del horno salvo él y, en contadas ocasiones, un muchacho ayudante cuyos oficios eran extremadamente limitados. Mayewsky se encerraba a amasar sin dejar resquicio alguno por donde se le pudiera atisbar. Aunque muchos pretendieron emplearse como ayudantes para descubrir su secreto, ninguno logró traspasar el muro de su hermetismo.

La devoción de Mayewsky por su receta dio pie a especulaciones e insólitas historias:

La promesa patriótica: Se cuenta que durante la guerra ruso-japonesa (1904-1905), impulsado por un ferviente patriotismo, prometió revelar la receta de su afamado pan a todos los panaderos chiclayanos únicamente si Rusia salía victoriosa. Al triunfar el Imperio del Japón, el secreto permaneció bajo llave.

El misterio de la batea: Tras su muerte, los rumores maliciosos continuaron. Se dice que un grupo de jóvenes se introdujo por los techos a la misteriosa panadería con la esperanza de hallar algún manuscrito o libreta de notas. En lugar de eso, solo encontraron dos argollas de hierro suspendidas en el techo sobre la batea donde amasaba, acrecentando aún más el enigma sobre su técnica física de amasado.

EL ECO DE MAYESKY EN LAS LETRAS Y CRÓNICAS NORTEÑAS

El panadero caló tan profundo en la identidad local que fue inmortalizado por cronistas y poetas:

En la correspondencia entre José Arana Cuadra y José Vicente Rázuri ("Pepe X Lata"), al evocar la nostalgia del Chiclayo antiguo y sus personajes icónicos, escriben:

«...los pianos de Scarpati, las patillas de don Pablo Boggio, Mayeski su pan y su caballo...» Carta de Rázuri a Arana fechada el 6 de agosto de 1962.

                                                             "LATA" RÁZURI RECORDABA A MAYESKY

De igual manera, en la obra “A Golpe de Arpa” (en el relato Amor ecuestre), se lee:

«El animalito fue cuidado por don Bartolomé y por su señora, doña Mercedes; comía todo desde verdolaga, hasta pan de Mayeski…»


 LOS AUTORES DE "A GOLPE DE ARPA" PEREMNIZARON SU NOMBRE


El célebre poeta chiclayano José Eufemio Lora y Lora (1885-1907) compuso coplas satíricas que aludían directamente al personaje:

Principio hoy la serie B. / Por la copia. Mayeski / Chiclayo, noviembre diez / De mil novecientos cinco / Acompañados de un juez / Entraron de un solo brinco...


                                                          "JELIL" LO RECUERDA EN UNA COPLA SATÍRICA

Con el paso de los años y entrado en la ancianidad, Mayewsky cayó enfermo, corría el año de 1917 y fue conducido al hospital donde recibió los cuidados piadosos y cristianos de la señora Melchora Vda. de Zuanic (“Melchorita”), quien administraba el Hospital de “Las Mercedes”, hasta que se recuperó; tiempo después al sentir el peso de los años fue en busca de su benefactora hasta la hacienda Tumán ya que había sido nombrada para regentar la Cuna Maternal de dicha hacienda y es allí que el 15 de septiembre de 1919 falleció en Tumán a los 95 años habiendo sido asistido en sus últimos días de dolencia por la señora, a quien el panadero reconoció su cariño y atenciones con profunda gratitud. Pese al cuidado constante y maternal de la benefactora, ni ella logró que Mayewsky le revelara la fórmula de su pan. Como gesto de agradecimiento hacia quienes lo apreciaron en vida, dejó sus propiedades (2 casas) repartidas entre la Sra. Zuanic y su gran amigo Herman Klinge.



Los restos de don Augusto Mayewsky descansan en el Nicho No. 198 del Cuartel “San Víctor” en el Cementerio “El Carmen” de Chiclayo. En su lápida quedó grabado para la posteridad: AUGUSTO MAYESWKY - NATURAL DE ODESSA (RUSIA) -†SEPTIEMBRE 15 DE 1919. (Por error escrito SW siendo lo correcto WS) Perpetuando así en la historia chiclayana el recuerdo de un hombre enigmático, un artista de la harina cuya célebre receta se fue con él a la tumba.

SE HA CONSULTADO:

-“Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-“El famosísimo Pan de Mayesky” de José Arana Cuadra- diario “La Industria” de Chiclayo del 15-11-1977.

-“Al Golpe de Arpa” de Augusto León Barandiarán y Rómulo Paredes (1935).

-Pepe X Lata – (Selección de Correspondencia entre José Arana Cuadra y José Vicente Rázuri) de Miguel Ángel Diaz torres (1994).

-“Chiclayo y sus cementerios” de Miguel Ángel Diaz Torres (2014).

-“Archivo José Eufemio Lora y Lora (1885-1907)” recopilado por Diego Portilla Miranda (2016).

-RENIEC: Partida de defunción.

-Consultas en línea.

 

 


jueves, 16 de julio de 2026

EL FUNERAL DE MANUEL MARÍA IZAGA EN CHICLAYO (1907)

 

EL FUNERAL DE MANUEL MARÍA IZAGA EN CHICLAYO (1907)



La muerte de Manuel María Izaga y Arbulú, ocurrida el 9 de septiembre de 1907, significó uno de los acontecimientos luctuosos de mayor impacto para la historia de Chiclayo a comienzos del siglo XX.

Nacido el 5 de agosto de 1831, hijo de José María de la Concepción Izaga Argüelles y Juana Arbulú y Clerk, se destacó como agricultor, empresario, político y hombre público. Fue diputado por Chiclayo (1886), senador por Lambayeque (1889) presidente de la Junta Departamental y un célebre mediador para evitar una guerra civil en 1884, cuando Manuel José Becerra y José Mercedes Puga amenazaban con tomar Chiclayo a sangre y fuego. De él se decía: “Cuando hablaba don Manuel María, nadie podía resistir a su palabra convincente".

Asimismo, fue uno de los principales impulsores del desarrollo agrícola de la región, especialmente de las haciendas Pucalá y Tabernas. Influyente mienbro del Partido Civil y durante toda su vida fue reconocido por su generosidad y su patriotismo. Casó con Emilia Virginia Caruel con quien tuvo ocho hijos.

                                                                        EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS 

Nota de aclaración histórica: Manuel María Izaga y Arbulú fue alcalde encargado en 1875 de Chiclayo. La confusión habitual proviene de la homonimia con su sobrino Manuel María Izaga Lora, único hijo de su hermano José Ramon Rosendo con Rosa Lora, quien ocupó dicho sillón municipal en tres periodos diferentes pero en el siglo XX.

En los últimos días de agosto de 1907, don Manuel María Izaga emprendió un viaje hacia Europa. Su destino final era Londres, donde debía someterse a una delicada intervención quirúrgica. Iba acompañado por su médico de cabecera, el Dr. Ricardo Pazos Varela (destacado médico limeño que por entonces laboraba en Cayaltí).

Sin embargo, mientras viajaba en barco a pocas horas de arribar a Nueva York, sufrió una grave neumonía provocada por el brusco cambio climático del Atlántico Norte. La enfermedad terminó arrebatándole la vida antes de que pudiera llegar a Inglaterra.

La noticia llegó rápidamente a Chiclayo mediante un cable enviado desde Panamá. El impacto en la localidad fue enorme; la población, que aún mantenía la esperanza de verlo regresar restablecido, quedó profundamente conmovida. Centros sociales, instituciones obreras, autoridades civiles y religiosas, comerciantes, agricultores y ciudadanos particulares organizaron de inmediato comisiones para preparar las honras fúnebres.

Cuando el vapor Aconcagua, que transportaba sus restos, arribó al puerto de Eten en los primeros días de octubre, una multitud partió en un tren especial para recibirlo y rendirle homenaje. Esta comitiva estuvo conformada por las comisiones organizadas previamente y por la sociedad civil en general. Desde el puerto, el féretro fue trasladado a Chiclayo en medio de un cortejo considerado por la prensa de la época como uno de los más grandiosos que había presenciado el departamento. No solo acudieron vecinos de Chiclayo, sino también delegaciones provenientes de Lambayeque, Ferreñafe, Monsefú, Eten y Puerto Eten.

El tren especial, compuesto por un carro fúnebre acondicionado especialmente para la ocasión y varios vagones de primera clase abarrotados de pasajeros, fue recibido en la Estación de Chiclayo por un inmenso gentío calculado en más de mil personas.

El cadáver venía en un lujoso ataúd de caoba, primorosamente ornamentado con abrazaderas de plata y una placa del mismo metal en la parte superior con su nombre grabado. El féretro fue conducido en carroza hasta la residencia de la familia Izaga, ubicada en la calle San Isidro (vía que hoy lleva su nombre). Allí se instaló una solemne capilla ardiente en el salón principal, rodeada de una impresionante profusión de ofrendas florales.

A las 8:30 de la mañana del día siguiente, en medio de un multitudinario acompañamiento, los restos mortales fueron conducidos a la Iglesia Matriz de Chiclayo. En el templo se levantó un elegante catafalco adornado sobriamente con arreglos florales. La misa de réquiem fue celebrada por el cura vicario Jacinto Delgado, acompañado por otros sacerdotes y por los misioneros descalzos establecidos entonces en la ciudad. El oficio contó con la asistencia de distinguidas familias de todo el departamento, mientras una orquesta y un coro religioso interpretaban la música litúrgica.

Terminada la ceremonia, el ataúd fue llevado en hombros por los asistentes hasta el cementerio de Patazca, en medio de profundas muestras de respeto y silencio. Antes de proceder a la sepultura, destacados personajes pronunciaron sentidos discursos de despedida:


                                                      DOS DE LOS ORADORES EN EL SEPELIO DE IZAGA

Juan de Dios Lora y Cordero: Habló en nombre de los clubes De la Unión e Instrucción y Recreo.

Dr. Francisco Quiroz Vega (quien al año siguiente asumiría la dirección interina del Colegio San José): Pronunció un discurso a nombre de las instituciones obreras, reconociendo a Izaga como un benefactor de los desposeídos.

Maximiliano A. Campos Pizarro (entonces director del Instituto Departamental de Chiclayo y posterior tesorero de la Beneficencia Pública).

Eusebio Bravo (alcalde de Monsefú, pueblo donde el fallecido gozaba de gran estima por haber colaborado económicamente en la reparación de su templo y a petición como diputado logró se eleve a ciudad en 1888):

"(...) Con cuánta justa razón te llora este departamento que te contó entre sus preclaros hijos. Monsefú agradecida, Monsefú que te debe su título de ciudad, me ha enviado como su representante para que deposite sobre su tumba una siempre viva, en la cual está cifrada la gratitud de un pueblo entero (...)".

Tras los discursos, se procedió a la inhumación en la cripta especial sobre la cual se levantaría posteriormente el mausoleo de la familia Izaga. Entre las innumerables ofrendas florales destacó una corona con la inscripción: "La ciudad de Monsefú al eminente ciudadano Manuel María Izaga, defensor infatigable de los derechos del pueblo".


                                         CEMENTERIO DE PATAZCA DONDE FUE ENTERRADO M.M. IZAGA

El recuerdo de Manuel María Izaga se prolongó en el tiempo: A un año de su muerte (9 de septiembre de 1908): El periódico El Progreso publicó una extensa nota titulada "¡In Memoriam!", firmada con las iniciales P.P.CH. (atribuidas al reconocido médico Pedro Pablo Chacaltana Reyes), donde se leía:

(...) ¡Duerme en paz, querido amigo, el sueño eterno y tranquilo de los justos! Has partido para siempre al ignoto más allá, donde no sabemos si te será posible concentrar en un destello lo que fue tu radiante vida (...)".

En 1926: El diario La Crónica de Lima publicó el reportaje "Un chiclayano ilustre: Don Manuel María Izaga", acompañado de su retrato fotográfico y firmado por J.M.R.B. (iniciales que corresponden al periodista José María Reaño Bocanegra), reafirmando la vigencia de su legado casi veinte años después de su partida.

Hoy en día, sus restos reposan en el Cementerio Presbítero Maestro, en el Mausoleo de la familia Izaga en la ciudad de Lima y su nombre perdura en una de las arterias más importantes del centro histórico de Chiclayo, un homenaje permanente de la capital lambayecana a un hombre que unió a su pueblo tanto en vida como en el día de su último adiós.

FUENTES CONSULTADAS

La Tarde (Chiclayo), 12 de septiembre de 1907.

El Departamento (Chiclayo), 8 de octubre de 1907.

El Progreso (Chiclayo), 9 de septiembre de 1908.

La Crónica (Lima), 30 de mayo de 1926. (Documentos pertenecientes a la colección de V. M. Boggiano F.)

De la Fuente, Nicanor (Nixa). "Salvó a Chiclayo de una revolución sin suerte". En: Lundero, suplemento cultural de La Industria, 28 de diciembre de 1980.

De la Fuente, Nicanor (Nixa). Columnas "A Propósito": "Con el mismo nombre" (5 de febrero de 1995) y "El nombre de la calle" (2 de octubre de 2006). En: La Industria de Chiclayo.

Datos obtenidos del internet.

 

 


lunes, 6 de julio de 2026

MIGUEL RAPINI: EL AVIADOR QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN DE UNA CIUDAD (1913)

 

MIGUEL RAPINI: EL AVIADOR QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN DE UNA CIUDAD (1913)


La historia de la aviación en el norte del Perú conserva un episodio que, pese a su importancia, permaneció durante más de un siglo prácticamente olvidado. En agosto de 1913, el aviador italiano Miguel Rapini, uno de los pioneros de la navegación aérea en Sudamérica, llegó a Chiclayo para ofrecer una exhibición de vuelo. Con apenas 22 años y el brevete de piloto n.º 1012, Rapini realizó exhibiciones aéreas en varios países aquel año en su avión monoplano para demostrar las capacidades de los aviones franceses Blériot XI, en una época en que volar aún era una novedad para el público.

Apenas habían transcurrido diez años desde que los hermanos Wright inauguraran la era de la aviación moderna. En 1913, contemplar un aeroplano era todavía un privilegio reservado a muy pocas ciudades del mundo; este era uno de los primeros intentos por descentralizar la aviación en el Perú, llevando el espectáculo aéreo fuera de Lima.

Los aviadores eran recibidos como verdaderas celebridades y sus presentaciones despertaban un entusiasmo comparable al que hoy suscitan las grandes hazañas tecnológicas. Fue en ese contexto que Miguel Rapini incluyó a Chiclayo dentro de su gira por el Perú, lo que produjo una enorme expectativa entre la población. Durante varios días no se habló de otra cosa que de la llegada del aviador italiano y del espectáculo que prometía elevar por primera vez un aeroplano sobre los cielos chiclayanos. El periódico ferreñafano La Época, en su edición del 7 de agosto de 1913, informó haber recibido un telegrama del aviador italiano comunicando su próximo arribo y solicitando el apoyo de la municipalidad y de la prensa para difundir el espectáculo.

La llegada de Rapini y su mecánico, el Sr. Antonio Peuch, se dio el sábado 9 de agosto, desembarcando en el Puerto de Eten. En el hotel del Sr. Sóstenes Velasco se le brindó un brindis de bienvenida a cargo del Sr. Alejandro Olavarría en nombre del Concejo de Chiclayo; asimismo, en la Villa de Eten dirigió la palabra el alcalde, el Sr. Francisco Lora, embarcándose en el tren una gran cantidad de gente y una banda popular. En Monsefú se realizó una cariñosa manifestación de aprecio, viéndose obligado el piloto a bajar al andén a corresponder tan espontánea manifestación. En Chiclayo, en el Club "Instrucción y Recreo", el inspector de espectáculos Germán Gorbitz hizo un brindis y el señor Labarthe agradeció al pueblo por su concurrencia al recibimiento del aviador Rapini, quien se hospedó en el hotel "Royal" (habitación n.º 15). Por la noche se le ofreció una comida y una función cinematográfica en su honor en el Teatro "Dos de Mayo".

                                                 HOTEL "ROYAL" DONDE HOSPEDÓ EL AVIADOR RAPINI

El campo donde se efectuaría la exhibición aérea sería el campo de aterrizaje en Pópame (jurisdicción de Monsefú) y la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten dispuso trenes extras para ese día. Se dieron varias instrucciones al público como, por ejemplo: que las mujeres asistieran con el sombrero lo más corto posible y sin los largos alfileres de uso común por los accidentes que pudieran ocurrir, y quedó prohibido asistir a caballo. Se publicaron también los precios de las entradas (Tribuna de 1.ª a $2.50 – Niños $1.00 / Boleto especial de hangar limitado $5.00 / Campo popular $1.00 – Niños $0.50 / Individuos de tropa uniformados $0.50) y los lugares de venta de las mismas: los establecimientos de los señores Mendoza, Russo y Brusso, la Confitería Cortez, Stuchi, la Joyería Pestana y el Hotel Silva Hnos. En Lambayeque, José M. Leguía; en Ferreñafe, Guillermo Russo; en Monsefú, Gorbitz & Cía.; en Eten, Francisco Lora; y en el Puerto de Eten, el Sr. Sóstenes Velasco. También se publicaron en el periódico los itinerarios del tren.

Se trasladó al aeródromo el monoplano Blériot XI, el cual comenzó su armado bajo la dirección del ingeniero mecánico, el señor Peuch, también se están levantando las tribunas por cuenta del Concejo, habiendo suministrado gratuitamente todas las maderas la Casa Dall'Orso. Al quedar listo el avión (construido con madera de fresno, tensores de alambre y alas recubiertas de tela y el motor en la parte delantera) , el aviador Rapini realizó ensayos con un vuelo de altura de 1500 metros, mostrando a los pocos concurrentes que se hallaban en el aeródromo su pericia de aviador y la bondad de su aparato.


                                                                         EL MONOPLANO DE RAPINI

No está claro por qué no se realizó la "Función Aérea" el viernes 15; sin embargo, al advertirse el domingo 17 la gran cantidad de personas reunidas en la estación de Chiclayo, se dispuso que un tren ordinario condujera gratuitamente a los asistentes hasta el campo de aviación y que, además, otro convoy trasladara a los concurrentes procedentes de Eten y Monsefú. La propia empresa informaba que solamente para ese servicio se habían vendido 29 boletos de primera clase y 44 de segunda, cifras que evidencian la magnitud de la concurrencia, sin contar a quienes viajaron en los trenes extraordinarios o llegaron por otros medios.

La "Función de Aviación" estuvo amenizada por la banda militar del Regimiento n.º 11. El gran momento, sin embargo, nunca llegó. Las condiciones meteorológicas jugaron en contra del aviador: los fuertes vientos impidieron que Rapini pudiera elevar su aparato con seguridad, frustrando el vuelo esperado por miles de espectadores. A ello se sumaron inconvenientes mecánicos en el motor del aeroplano, circunstancia que terminó haciendo imposible cualquier intento de despegue. Cuando el público comprendió que la exhibición no podría realizarse, muchos pasajeros solicitaron la devolución del importe de sus boletos, trámite que la empresa aseguró haber efectuado de inmediato, quedando solo 17 boletos de primera y 20 de segunda que serían depositados en las oficinas de Chiclayo a disposición de las personas que tuvieran derecho a reclamar.

Lejos de responsabilizar al piloto, el periódico La Tarde defendió su decisión de no arriesgar la vida en condiciones adversas. En uno de los párrafos más significativos del editorial afirmaba que el público comprendió que nadie podía exigir "la muerte segura de Rapini" únicamente para satisfacer la curiosidad de los asistentes.



El mismo diario destacó un hecho que consideró motivo de orgullo para la ciudad: la conducta ejemplar del público. Escribía: "El pueblo de Chiclayo no puede haber dado mayor prueba de cultura que la manera tan digna como se portó el domingo". Para el periódico, la multitud aceptó con serenidad la suspensión del espectáculo, comprendiendo que la seguridad del aviador debía prevalecer sobre cualquier otra consideración. Tanto el editorial como la carta de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten coincidían, aunque desde perspectivas distintas, en un aspecto esencial: Miguel Rapini no era responsable del fracaso del espectáculo. Por el contrario, el periódico concluyó su comentario con un reconocimiento al aviador: "El público todo aplaude y encomia al aviador Rapini... Le admira como experto piloto aéreo y agradece inmensamente su visita a Chiclayo".

Estas palabras resumen el sentimiento que dejó su paso por la ciudad. Aunque el aeroplano nunca consiguió elevarse, la presencia del piloto italiano bastó para despertar la imaginación de una generación que veía llegar, por primera vez, una de las mayores conquistas tecnológicas del siglo XX.

Más de cien años después, las páginas de La Tarde permiten reconstruir este episodio con notable precisión. Gracias a ellas sabemos que la importancia histórica de la visita de Miguel Rapini no radica únicamente en el vuelo que no pudo realizarse, sino en la extraordinaria expectativa que despertó entre los chiclayanos y en el temprano interés que la ciudad manifestó por los avances científicos y tecnológicos de su tiempo.

La visita de Rapini constituye, por ello, uno de los primeros capítulos documentados de la historia de la aviación en Lambayeque. Ante la imposibilidad de conseguir los recursos necesarios en provincias, las actividades de Rapini se concentraron fundamentalmente en Lima (en los campos de Maranga y Bellavista) antes de dar por finalizada su gira sudamericana.

Su nombre merece ocupar un lugar en la memoria histórica regional como el del aviador que, aun sin lograr despegar, consiguió que toda una ciudad dirigiera la mirada hacia el cielo.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Diario La Tarde (Chiclayo), agosto de 1913: ediciones de los días 8, 13, 14, 19 y 20. (Cortesía del compilador: Julio G. Gamboa Vera). Biblioteca Nacional.
  • Diario La Época (Ferreñafe): edición del 7 de agosto de 1913.
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