JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO
Hubo un tiempo en que las ciudades no se levantaban
únicamente bajo la fría mirada de los planos modernos, sino también al compás
del ingenio y la destreza de hombres que cargaban sobre sus hombros el peso de
una tradición milenaria. Don José Villasis Chirinos perteneció a esa estirpe.
Mientras el siglo XX avanzaba a pasos agigantados
hacia el progreso y los títulos universitarios de ingeniería civil —y,
posteriormente, de arquitectura— comenzaban a poblar las oficinas públicas, en
el corazón de Chiclayo el respeto popular y el lenguaje oficial se resistían a
jubilar el pasado. Hasta bien entrada la década de 1930, a Villasis se le
siguió llamando con un título que evocaba el esplendor virreinal y la herencia
hispanoárabe: Alarife (palabra que proviene del árabe hispánico al‘aríf,
que significa «el experto» o «el conocedor»).
Él no era simplemente un ejecutor de obras; era el
experto cuyo ojo clínico y mano firme guiaron la fisonomía de una urbe en pleno
crecimiento. A diferencia de los ingenieros civiles de la época, que solían ser
profesionales teóricos y de gabinete, el alarife poseía el «saber hacer»
práctico y empírico. Mientras el ingeniero calculaba y diseñaba sobre el papel,
el alarife dirigía la obra real en el terreno: organizaba a las cuadrillas de
obreros, seleccionaba los materiales y resolvía las complicaciones técnicas del
día a día. Más que recibir órdenes, el alarife traducía y viabilizaba los
planos del ingeniero.
En la construcción de grandes residencias y casonas
civiles, el alarife actuaba con total independencia. Muchas familias
chiclayanas acudían directamente a don José Villasis para que él mismo
diseñara, presupuestara y levantara sus viviendas sin la intervención de un
ingeniero. Es decir, en el ámbito privado, él seguía siendo la autoridad máxima
de la construcción; fue el encargado de edificar la casa Towsend de la Plazuela Elías Aguirre (hoy desaparecida).
Hacia 1937, llamarlo «alarife» no era un término
despectivo de subordinación; al contrario, era un título honorífico que la
sociedad le otorgaba por respeto a su veteranía. Significaba que, a pesar de la
llegada de los nuevos ingenieros formados en la universidad (como la Escuela de
Ingenieros de Lima, fundada en 1876), el conocimiento empírico de Villasis era
tan vasto, preciso y confiable que merecía la misma o mayor consideración que
un título profesional moderno.
Este artículo se adentra en la vida y el legado del
hombre que personificó la transición definitiva entre el maestro constructor de
la vieja escuela y el urbanista moderno, consolidándose en la memoria histórica
como el verdadero artífice de los cimientos chiclayanos.
Vida y
proyección institucional
El señor José Z. Villasis Chirinos nació en
Chiclayo en 1867. Fue hijo de padres chiclayanos, José y María, y educado por
los destacados pedagogos Tomás Paredes y Pedro Alvarado. Villasis fue un hombre
marcadamente institucionalista: perteneció a casi todas las organizaciones
obreras de Chiclayo, habiendo llegado a ejercer la presidencia de la
Confederación Obrera «1.º de Mayo», la Sociedad «Artesanos del Santo Sepulcro»
y el «Círculo Católico Obrero».
Formó un hogar en el que tuvo 5 hijos varones y 16
mujeres. Durante el periodo municipal del Dr. Pedro Pablo Chacaltana Reyes, en
1915, comenzó a participar de manera más activa en la vida pública, dejando
escuchar su voz en favor de las clases trabajadoras y del progreso cultural y
material de la ciudad, siempre caracterizándose por su espíritu orientador y de
iniciativa.
Obras
emblemáticas en la urbe
En su labor de maestro alarife, tuvo a su cargo
importantes obras en la ciudad, actuando siempre con notable eficiencia e
inteligencia. Entre sus principales proyectos destacan:
- El Nuevo Panteón:
Inaugurado en 1917, hoy conocido como Cementerio «El Carmen» de Chiclayo.
- Infraestructura
hospitalaria: La
construcción del pabellón «Víctor Larco Herrera», inaugurado en 1919 en la parte posterior del pabellón «Santiago Luis
Gonzales», dentro del Hospital Las Mercedes. Años después, estuvo a cargo
de las ampliaciones del pabellón «Juan Cuglievan» y de la Dirección del
citado hospital.
- Sociedad
Obreros de la Unión:
Entre 1903 y 1905, el inmueble donde nació el héroe Elías Aguirre fue
modificado bajo su dirección levantandose la segunda planta, para convertirlo en la sede oficial de esta
institución.
- Edificio de la Beneficencia Pública de Chiclayo: Local administrativo ubicado en la Av. Luis Gonzales, inaugurado en 1921 y tomando la denominación oficial de pabellón "Enrique de la Piedra" en 1927 que hoy en día es utilizado como velatorio.
Además, contribuyó con su experiencia en
innumerables edificios públicos más que se han ido perdiendo en el recuerdo.
El
legado imperecedero
Cuando contemplamos el Chiclayo de hoy, con su
pulso vibrante y su fisonomía en constante cambio, es imposible no percibir el
eco silencioso de los pasos de don José Villasis. Los muros que levantó —desde
los espacios de dolor y memoria eterna como el cementerio, pasando por los
recintos de sanidad y amparo social en el Hospital Las Mercedes, hasta los
salones donde los obreros tejieron su fraternidad en la «Sociedad Obreros de la
Unión»— siguen siendo los pilares invisibles de la identidad chiclayana. Su vida
no se midió en planos efímeros, sino en la solidez de una herencia que desafió
al tiempo.
Don José Z. Villasis Chirinos falleció a los 89
años, el 9 de enero de 1955. Con su partida se marchó también el último de los
alarifes, cerrando una era dorada donde construir era un arte del alma. Sin
embargo, el título de «alarife» jamás le quedó grande; al contrario, él lo
dignificó hasta el final. No solo unió adobes o ladrillos con barro y cemento:
esculpió el alma de una ciudad, consolidándose para siempre como el gran
maestro y el constructor imperecedero de Chiclayo.
SE HA CONSULTADO:
-La “Revista Centenaria”
de Chiclayo (1935).
-Guia comercial, industrial y estadística de Chiclayo (1937).
-Datos obtenidos de consultas
en línea.
-RENIEC: Partida de
defunción.










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