sábado, 31 de octubre de 2026

GUADALUPE VALENCIA: EL HOMBRE QUE CAMINÓ POR EL AIRE EN CHICLAYO (1925)

 

                                                                              DIBUJO REFERENCIAL

GUADALUPE VALENCIA: EL HOMBRE QUE CAMINÓ POR EL AIRE EN CHICLAYO (1925)

En la historia urbana de Chiclayo existen episodios que, aunque pertenecen a un pasado lejano, han quedado asociados a la memoria de la ciudad por la singularidad de los acontecimientos y por la profunda impresión que causaron entre sus habitantes.

El panorama de las distracciones públicas en el Chiclayo de los años veinte combinaba las funciones de cine mudo en los teatros Pathé y Gaumont con las arriesgadas presentaciones de las grandes compañías circenses. Entre todos los espectáculos que marcaron la memoria colectiva lambayecana, ninguno quedó tan grabado como la temeraria demostración de Guadalupe Valencia, un célebre acróbata y funambulista (equilibrista sobre el alambre) de origen mexicano, cuyas hazañas en la cuerda floja suspendieron el aliento de la ciudad entera y generaron crónicas que hoy se bifurcan entre el rigor periodístico de la época y la nostalgia de la tradición oral.

El equilibrista mexicano Guadalupe Valencia llegó al norte peruano como integrante del circuito del Circo Hipódromo Cavallini —conocido también como Circo Cavallini o Circo de los Hermanos Cavallini—. Su paso por Chiclayo, situado hacia marzo de 1925, debe entenderse dentro de una tradición mucho más amplia: la de los grandes circos itinerantes que recorrían las ciudades llevando artistas nacionales y extranjeros, animales, músicos, payasos y acróbatas; en fin, espectáculos capaces de convertir cualquier plaza o descampado en el centro de atención de toda la población.

El Circo Cavallini empleaba, entre otros recursos publicitarios, los llamados “pizarrines”, los cuales se colocaban en lugares concurridos para anunciar determinadas atracciones y generar expectativa antes de las funciones. En ese ambiente se insertó Guadalupe Valencia, presentado como un extraordinario artista de equilibrio sobre cable. Su especialidad consistía en caminar a considerable altura utilizando una barra como contrapeso, lo que añadía a las funciones un componente de altísimo riesgo.

Ya existían referencias anteriores que permiten comprender la dimensión de su espectáculo: en Bolivia su nombre había acaparado portadas y, en noviembre de 1924, realizó una aclamada prueba pública en la Plaza de Armas de Arequipa.

                                                                              VALENCIA EN BOLIVIA

Según el material de la época, el episodio más recordado de Guadalupe Valencia en Chiclayo tuvo como escenario el Parque Principal, donde el 4 de marzo de 1925 ofreció una impresionante demostración. La gran atracción que movilizaba multitudes eran sus actos de cable exterior en pendiente (conocidos como el "vuelo").

La prueba consistía en recorrer un cable de acero tensado desde un punto situado en las inmediaciones de la entonces Botica El Parque, del Dr. Aita (donde hoy se ubica Inkafarma), hasta la segunda torre del reloj de la Catedral.

La imagen del equilibrista ascendiendo por el cable, suspendido sobre el espacio urbano, constituyó una escena extraordinaria para una ciudad que veía transformado su centro en un escenario de espectáculo. Eran casi las 5:30 de la tarde y, ante unos tres mil espectadores, Valencia avanzó hacia la torre con los ojos vendados, valiéndose únicamente de una vara de fierro de tres metros.

Un silencio helado, dominado por los nervios de la muchedumbre, sobrevolaba la plaza. Frentes sudadas y ojos desorbitados por la desesperación contemplaron cómo, a mitad del trayecto, el artista —que no veía— equivocó el paso y amagó con caer sobre los impasibles adoquines de la calle Elías Aguirre. Tras recuperar heroicamente el control, terminó de subir para luego bajar resbalándose por el cable, desatando la euforia y el asombro colectivo.

                                                                            VALENCIA  EN AREQUIPA

Por aquellos días, el fenómeno de El Niño de 1925 había provocado graves lluvias e inundaciones en Lambayeque, alterando las actividades cotidianas y devastando la economía local. En la jerga circense, este tipo de exhibiciones públicas formaba parte del llamado “bombo”: una acción publicitaria para generar expectativa e impulsar la afluencia del público. Sin embargo, en esta oportunidad el espectáculo funcionó bajo la modalidad "a la gorra". Dado que la población norteña sufría pérdidas materiales devastadoras, el circo no podía cobrar una entrada formal bajo carpa. Las exhibiciones de Lupe Valencia se montaron al aire libre y de forma gratuita para levantar la moral de una comunidad golpeada por el desastre, haciendo depender las ganancias del artista únicamente de la colecta masiva posterior.

El Circo Hipódromo Cavallini pertenecía a una dinastía familiar de gran arraigo en el Perú. Su trayectoria se extendió durante décadas y descentralizó el entretenimiento recorriendo numerosas provincias. A las acrobacias y al equilibrio sumaba números cómicos, malabaristas, magos, luchadores y animales amaestrados. Décadas más tarde, el nieto del fundador, el recordado artista Guillermo Cavallini Osores, daría el salto a la televisión peruana como integrante del célebre programa humorístico Risas y Salsa, popularizando a nivel nacional su icónica frase: “¡Ay, que rico!”.

Un personaje menos conocido en esta reconstrucción histórica, fue Manuel Alegre, representante de Valencia. Mientras el artista deslumbraba al público, Alegre manejaba la estructura administrativa y de negocios. A él debían dirigirse las autoridades municipales, empresarios o particulares que desearan contratar al equilibrista, saldar cuentas o favorecerlo económicamente tras o para sus presentaciones.

La demostración de Valencia adquirió una dimensión especial al apoderarse del corazón de la vida cotidiana chiclayana: el Parque Principal y el entorno de la Catedral. Por unas horas, la plaza dejó de ser un lugar de tránsito para convertirse en un gran teatro al aire libre al que acudieron vecinos de todos los sectores para contemplar al hombre que caminaba por el aire.

Con el paso del tiempo, la figura de Guadalupe Valencia adquirió matices legendarios. La historia de su paso por Chiclayo no es solo la biografía de un acróbata, sino el retrato de una ciudad que, hace un siglo, abría sus brazos a las compañías itinerantes y convertía la rutina en una fiesta popular.

El intrépido equilibrista continuó su gira continental y falleció trágicamente dos años después. Perdió el equilibrio y cayó al vacío durante una presentación pública en su natal México. Esa caída final cierra la biografía de un hombre que, literalmente, vivió y murió en el alambre. Sin embargo, para el pueblo de Chiclayo, Valencia no dejó el recuerdo de su muerte, sino el testimonio inmortal de su momento de mayor gloria y audacia.

SE HA CONSULTADO:

-Revista Centenaria de Chiclayo (1935).

- “Del Chiclayo que se fue” de Miguel Ángel Diaz Torres (1993).

- “A Propósito” por Nixa: La hazaña de Guadalupe Valencia - “La Industria” de Chiclayo (10-5-2005)

-Datos diversos obtenidos en línea.




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