miércoles, 4 de noviembre de 2026

VENTRILOQUÍA Y PARODIA EN CHICLAYO (1923)

 



VENTRILOQUÍA Y PARODIA EN CHICLAYO (1923)

Hay épocas en las que el arte encuentra en los rincones más insospechados su escenario perfecto. El 12 de mayo del presente año 2026, compartí en mi blog Del Baúl Bibliográfico Lambayecano el artículo «Teatro y Magia en Chiclayo (1946)», rescatando la memorable visita a tierras norteñas del mago Richiardi Jr. (Aldo Izquierdo Colosi). En esta ocasión, me complace desempolvar los anaqueles del tiempo para evocar el paso por nuestra ciudad, algo más de dos décadas antes, de su ilustre progenitor: Ricardo Izquierdo, la deslumbrante figura conocida como «El Profesor Richiardi».

A comienzos del siglo XX, la figura de Ricardo Izquierdo (Cusco, 1895 – Atlanta, 1937) emergió como un hito fundamental en la historia de la prestidigitación y la ventriloquía sudamericana. Hijo de un mago de escenario de origen europeo (quien adoptó originalmente un seudónimo inspirado en el famoso malabarista Richardini), Ricardo representó la segunda generación de una dinastía de magos que transformaría el concepto del ilusionismo en el continente.

No obstante, antes de consagrarse plenamente en las tablas, Izquierdo destacó por su notable talento gráfico, llegando a trabajar como dibujante e ilustrador para obras del célebre escritor y periodista costumbrista Abelardo Gamarra, «El Tunante», como en el libro Lima: Unos cuantos barrios y unos cuantos tipos (1907). Esta polifacética sensibilidad artística se sumaba a su profundo arraigo patriótico, evidenciado en el célebre incidente de Guayaquil: cuando un periodista le preguntó si era argentino o cubano, al responder con orgullo que era peruano, el tenso clima político de la época provocó una reacción hostil del público. Richiardi se vio obligado a escapar de ese país en una balandra (una pequeña embarcación), lo que le dejó tal resentimiento que prometió no volver a incluir a Ecuador en sus giras americanas, afirmando: «Yo no me siento capaz de renegar de mi patria».

                                                LIBRO DEL "TUNANTE" CON DIBUJOS DE "RICHIARDI"

A finales del año 1923, durante el periodo presidencial de Augusto B. Leguía, la compañía de Richiardi desembarcó en la próspera ciudad de Chiclayo, eligiendo como escenario de su debut el histórico Teatro 2 de Mayo. La primera parte de la función estaba dedicada por entero a la magia, el hipnotismo, la transmisión de pensamiento y la prestidigitación clásica. Ricardo Izquierdo «Richiardi» fue un pionero en impregnar el ilusionismo con una atmósfera teatral oscura, dramática y envolvente. Apoyado en una iluminación tenue, música de fuerte carga emotiva y una presencia escénica solemne, lograba sumergir al espectador en una experiencia casi sobrenatural.

El plato fuerte y cierre deslumbrante de la función correspondía a la rutina de ventriloquía. Richiardi no empleaba muñecos convencionales de tela o yeso simple, sino una compleja colección de «actores mecánicos» y autómatas de alta precisión técnica, con cabezas talladas en madera, papel maché endurecido y mecanismos internos de cordeles y palancas que permitían una expresividad casi humana (movimiento independiente de ojos, cejas y labios), empleando incluso un loro mecánico. Entre sus autómatas destacaban:

  • El «Niño Travieso» (personaje principal): Un muchacho de traje formal e impecable cuya apariencia pulcra contrastaba violentamente con un carácter sarcástico, mordaz e irreverente.
  • Tipos costumbristas y caricaturas sociales: Personajes del campo, ancianos cascarrabias y damas de la alta sociedad. La genialidad de Richiardi radicaba en su capacidad vocal e interpretativa para alterar instantáneamente el registro, acento y temperamento de cada uno de sus personajes.
  • Para asegurar el éxito de taquilla y el dinamismo del show en el Teatro 2 de Mayo de Chiclayo, Richiardi se hizo acompañar por el «parodista» (especialista en parodias), caricaturista y cantante cómico argentino «Mirko». Mientras el Profesor Richiardi tensionaba al público con el enigma de las ciencias ocultas y la imposibilidad de los trucos de magia, Mirko salía a escena para distender el ambiente. Su acto combinaba la caricaturización de divas (imitando la voz, modales y estilo de las cupletistas y tiples), gobernantes y celebridades de la época mediante cambios rápidos de vestuario y modulación vocal, además de canciones de corte popular con letras adaptadas al contexto local. La presencia de este artista internacional argentino otorgaba a la velada un estatus refinado y moderno, garantizando salas llenas en Chiclayo. Existe una anécdota relatada por Nixa donde cuenta que un grupo de chiclayanos, después de una cena, comprometió a Mirko a dar una serenata, en la que cantó con una voz tan hermosa tanto como mujer como de hombre.


                                                                                           "MIRKO"

                                                                "MIRKO" EN UN PAPEL COMO MUJER

Richiardi solía romper la «cuarta pared» (concepto teatral que designa la pared invisible o imaginaria que se encuentra al frente del escenario y separa el mundo de ficción del público) bajando al borde del escenario con su autómata principal. El muñeco fijaba su mirada en personalidades notables de la sociedad chiclayana —comerciantes, autoridades locales o damas distinguidas— dirigiéndoles preguntas punzantes sobre su vestimenta, su calvicie o sus compañías. Dado que los comentarios provenían de la boca del «muñeco» y no del artista, se generaba una licencia cómica donde la censura social quedaba en suspenso.


                                                                        "RICHIARDI"

En 1923, bajo la atmósfera política de la «Patria Nueva» de Augusto B. Leguía, la crítica abierta al régimen conllevaba serios riesgos. Richiardi utilizó la ventriloquía como una sutil herramienta de escape. Durante la función, el mago intentaba mantener un discurso serio, patriótico y formal, pero el «Niño Travieso» lo interrumpía intempestivamente para realizar comentarios sarcásticos sobre la inflación, la burocracia o los prefectos locales. Richiardi fingía reprimendas en vivo y le tapaba la boca a la marioneta, produciendo una comedia donde el autómata encarnaba la voz irreverente del pueblo chiclayano.

La rutina alcanzaba su cumbre técnica cuando el muñeco entablaba disputas con el propio Ricardo, negándose a cantar o corrigiendo al mago en público. Asimismo, la atmósfera de adivinación de la primera mitad se trasladaba al muñeco, el cual retaba a los asistentes adivinando objetos ocultos en sus bolsillos o improvisando rimas ingeniosas al instante.

El arrollador éxito sudamericano abrió a Ricardo Izquierdo las puertas del mercado norteamericano. En 1936, rebautizado como «The Great Richardi», emprendió una ambiciosa gira por Estados Unidos. Sin embargo, en la cumbre de su carrera internacional, la tragedia cortó abruptamente su vida: en 1937, a los 42 años de edad, falleció en un catastrófico accidente automovilístico en Atlanta, Georgia, donde sus restos descansan en el cementerio de Greenwood.

La repentina muerte dejó a la familia sumida en la precariedad económica en Nueva York. Su hijo, Aldo Izquierdo Colosi, tenía apenas 12 años. Para costear la hospitalización de su madre, Rina Colosi, trabajó incansablemente como obrero de día y botones nocturno en el Central Park Hotel. A los 18 años, Aldo debutaba en el Teatro Municipal de Lima como Richiardi Jr., consagrándose con el tiempo como uno de los magos más deslumbrantes del siglo XX, célebre por perfeccionar la estética dramática y sangrienta del truco de la mujer aserrada.

La gira de 1923 en el Teatro 2 de Mayo no fue un hecho aislado, sino la confirmación del espíritu vivo de una época dorada. Por aquellos años, Chiclayo se levantaba no solo como el corazón comercial del norte peruano, sino como una parada obligada y codiciada para las más prestigiosas compañías itinerantes de América y Europa. A sus escenarios llegaron virtuosos de la ópera, dramaturgos de renombre, reputados prestidigitadores y artistas de variedad que encontraban en el público chiclayano a una audiencia culta, entusiasta y hospitalaria.

FUENTES CONSULTADAS:

-Revista Variedades (Lima): N.º 474 (31 de marzo de 1917); N.º 789 (14 de abril de 1923); N.º 790 (21 de abril de 1923).

-Nixa: «A propósito»: «Fugitivo y en balandra» y «Mirko, cantaba como mujer». Diario La Industria de Chiclayo, década de 1980.

-Consultas en línea.

 


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