DON EUGENIO MOYA Y EL RENACER DE UNA CIUDAD
Don José Eugenio Moya Ocas nació en 1830 bajo las brisas de la serranía de Cajamarca. Hijo de don Domingo Moya Rayco y doña Martina Ocas, a pesar de no haber nacido en Chiclayo, don Eugenio entregó su existencia entera al progreso espiritual y material de esta tierra. En la zona norte del país, consolidó un prestigioso entorno social y empresarial vinculado activamente a los rubros de la minería y el comercio.
Formó su
hogar junto a doña Carmen Manuela Arenas Carranza (1856–1945), edificado
bajo arraigadas virtudes, sentido cívico y profunda solidaridad. De esta unión
nacieron sus hijos: Matilde Moya Arenas (posteriormente matrona, Sra. Matilde
Moya viuda de Ortigas) y Vicente Moya Arenas.
A través
del matrimonio de su hija Matilde con don Honorio Demetrio Ortigas Limo
—hijo del exalcalde don Claudio Ortigas Figueroa—, la estirpe de don Eugenio se
entrelazó con una de las alianzas genealógicas e históricas más influyentes del
Chiclayo de finales del siglo XIX.
Durante
la trágica conflagración de la Guerra del Pacífico y el posterior periodo de
ocupación chilena, los valles chiclayanos sufrieron graves estragos en su
economía agrícola e infraestructura urbana. En estas horas oscuras, don Eugenio
Moya actuó con una postura de rigurosa neutralidad política para salvaguardar a
la población golpeada por las expediciones militares convirtiéndose en un
verdadero faro de humanidad.
Durante la
ocupación chilena, Eugenio Moya formó parte de la “Junta Económica
Auxiliadora”, junto con Manuel Mariátegui, Mariano Polo, Ángel
González, Benigno Bullón y Pedro P. Chacaltana. Esta junta tuvo que afrontar el
problema de los cupos impuestos por las fuerzas chilenas.
EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS
Lideró e
impulsó juntas de auxilio y redes de apoyo social, organizó y promovió ollas de
caridad, financió, de su propio bolsillo e iniciativa, alimentación, refugio y
cobijo para muchas familias desplazadas y arruinadas por los saqueos y la
violencia de la contienda.
Al
retirarse las tropas de ocupación en octubre de 1883, las arcas municipales
estaban vacías, la infraestructura pública devastada y el comercio local
paralizado. Don Eugenio Moya asumió la Presidencia del Concejo Municipal
(Alcaldía Provincial de Chiclayo) en dos oportunidades (durante
periodos de algunos meses en los años 1884 y 1886), Para 1884
estuvieron: el Dr. Ramón Navarrete Cayo finalizando su periodo a inicios de ese
año, Herman Klinge Schwarting, Eugenio Moya, y Miguel Palacios respectivamente;
y para 1886: Carlos Pestana Vélez, Eugenio Moya, Juan Manuel Maradiegue Bullón
y Claudio Ortigas quien continuó hasta 1889).
Su
administración fue el pilar del inicio de la Reconstrucción Nacional en
Lambayeque, caracterizándose por una férrea austeridad y eficaces ejes de
gestión:
Institucionalización y Finanzas Municipales: Reorganizó las rentas del Concejo Provincial
que habían quedado desfinanciadas, reactivando con éxito el cobro de arbitrios
comerciales para financiar las obras de necesidad urgente. Moya colaboró
firmemente en la reactivación y sostenimiento económico de comisiones de
vecinos y cuerpos de vigilancia urbana (guardias de paz) para restablecer el
orden público, patrullar las calles céntricas y proteger los comercios que
recién comenzaban a reabrir.
Reordenamiento y Limpieza Urbana: En alianza con el ilustre ciudadano alemán
Hermann Klinge, emprendió la remoción de escombros, limpieza y recuperación del
casco urbano y del destruido Parque Principal. (Pese a que la obra de la
plaza se inició con el alcalde Gálvez fue don Ramón Navarrete Cayo, quien como
alcalde le tocó inaugurar el 28 de julio de 1878). En 1884, al término de la
ocupación chilena, la otrora bella plaza principal quedó arruinada habiendo
perdido toda su prestancia, los señores Eugenio Moya y Hermann Klinge, como
presidentes Municipales asumieron la tarea de recuperación del parque post
guerra.
Amplió el
empedrado en los alrededores del mercado y centro histórico, conectando el
tránsito con las salidas a distritos vecinos. Asimismo, trazó y mejoró antiguas
calles; entre ellas, la emblemática calle San Lino, que en homenaje perpetuo a
su dedicación pasaría décadas después a ser bautizada como la Calle Eugenio
Moya. Esto significaba que la calle que lleva su nombre no era solamente una referencia honorífica moderna, quedó incorporada a la estructura urbana de
Chiclayo y fue durante décadas uno de los límites orientales del casco urbano.
Apoyó la
refacción y pintura de las fachadas del Convento e Iglesia Matriz, que
sirvieron como cuartel temporal chileno. Se formó una comisión para recaudar
dinero y reparar el colegio “San José”. Eugenio Moya fue uno de los encargados de
ejecutar los trabajos, junto con Miguel Laca, Alfredo Lapoint y
otros. Claudio Ortigas fue tesorero de la comisión. El colegio pudo volver a
abrir sus puertas en 1888. La labor
constructiva de don Eugenio Moya dejó marcas indelebles en el equipamiento e
infraestructura básica que la ciudad requería con urgencia:
Convencido de que la educación era la única fuerza capaz de redimir y proyectar al pueblo hacia el porvenir, su principal preocupación fue la niñez y la clase trabajadora durante el tiempo que estuvo encargado de la Presidencia Municipal en 1884:
Escuelas
Municipales (1884): Fundó y dotó con todas las comodidades —pagando
de su propio peculio a numerosos maestros— tres escuelas de niñas, dos escuelas
de varones y una escuela dominical para la clase trabajadora. Confió la
dirección de los planteles a destacados intelectuales de la época, entre ellos
don Juan de Dios Lora y Cordero.
Hombre
enteramente humano y de noble alcurnia moral, la residencia de don Eugenio Moya
era frecuentada diariamente por personas de escasos recursos que encontraban en
él un amor paternal y auxilio económico directo.
Su rectitud y grandeza inspiraron los versos del poeta Don José Rivadeneira, dedicados al ilustre caballero:
«Rival,
Moya ilustre, de genios preclaros;
que al
pueblo has mostrado su norte y su fin:
«¡No más
ignominia, ni error!» le dijiste:
«del
bien y del orden la senda seguid».
Segui, Concejales,
la empresa sublime,
que
habéis implantado, con grande loor,
y haceos
del pueblo, tribunos amantes,
dignos
como Moya, de igual galardón.»
Don
Eugenio dejó consolidadas las bases institucionales, materiales y morales sobre
las cuales Chiclayo se expandió al ingresar al siglo XX. Su vida encarnó el
verdadero significado del civismo, la austeridad y la caridad desinteresada en
favor del bien común.
SE HA
CONSULTADO:
-Diario
“El País” de Chiclayo del 25 de julio de 1955- Artículo firmado por el Prof.
Sergio Bermejo – (Cortesía del compilador Julio G. Gamboa Vera – BNP).
-Impacto
de la Guerra del Pacífico en Lambayeque, 1879‐1886- Simposio Internacional “Guerra del Pacífico:
Agendas para el siglo XXI” 2010 de José Gómez Cumpa.
- “Galería de Lambayecanos Ilustres” (1966) editado por el Instituto Experimental N° 17 de Chiclayo. (Colegio Leoncio Prado hoy C.E. # 11001)
-Historia del Colegio Nacional de “San José” de Chiclayo.
1959 por Alejandro Araujo Román.
-Relación de alcaldes de Chiclayo (1578-2011): Trabajo sin
publicar del periodista Carlos Zuloeta Aguinaga (2011).
-Consultas en línea del internet.




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