jueves, 17 de septiembre de 2026

DON EUGENIO MOYA Y EL RENACER DE UNA CIUDAD

 



DON EUGENIO MOYA Y EL RENACER DE UNA CIUDAD

Don José Eugenio Moya Ocas nació en 1830 bajo las brisas de la serranía de Cajamarca. Hijo de don Domingo Moya Rayco y doña Martina Ocas, a pesar de no haber nacido en Chiclayo, don Eugenio entregó su existencia entera al progreso espiritual y material de esta tierra. En la zona norte del país, consolidó un prestigioso entorno social y empresarial vinculado activamente a los rubros de la minería y el comercio.

Formó su hogar junto a doña Carmen Manuela Arenas Carranza (1856–1945), edificado bajo arraigadas virtudes, sentido cívico y profunda solidaridad. De esta unión nacieron sus hijos: Matilde Moya Arenas (posteriormente matrona, Sra. Matilde Moya viuda de Ortigas) y Vicente Moya Arenas.

A través del matrimonio de su hija Matilde con don Honorio Demetrio Ortigas Limo —hijo del exalcalde don Claudio Ortigas Figueroa—, la estirpe de don Eugenio se entrelazó con una de las alianzas genealógicas e históricas más influyentes del Chiclayo de finales del siglo XIX. 

Durante la trágica conflagración de la Guerra del Pacífico y el posterior periodo de ocupación chilena, los valles chiclayanos sufrieron graves estragos en su economía agrícola e infraestructura urbana. En estas horas oscuras, don Eugenio Moya actuó con una postura de rigurosa neutralidad política para salvaguardar a la población golpeada por las expediciones militares convirtiéndose en un verdadero faro de humanidad.

Durante la ocupación chilena, Eugenio Moya formó parte de la “Junta Económica Auxiliadora”, junto con Manuel Mariátegui, Mariano Polo, Ángel González, Benigno Bullón y Pedro P. Chacaltana. Esta junta tuvo que afrontar el problema de los cupos impuestos por las fuerzas chilenas.

                                                                        EL CHICLAYO DE ESOS AÑOS

Lideró e impulsó juntas de auxilio y redes de apoyo social, organizó y promovió ollas de caridad, financió, de su propio bolsillo e iniciativa, alimentación, refugio y cobijo para muchas familias desplazadas y arruinadas por los saqueos y la violencia de la contienda.

Al retirarse las tropas de ocupación en octubre de 1883, las arcas municipales estaban vacías, la infraestructura pública devastada y el comercio local paralizado. Don Eugenio Moya asumió la Presidencia del Concejo Municipal (Alcaldía Provincial de Chiclayo) en dos oportunidades (durante periodos de algunos meses en los años 1884 y 1886), Para 1884 estuvieron: el Dr. Ramón Navarrete Cayo finalizando su periodo a inicios de ese año, Herman Klinge Schwarting, Eugenio Moya, y Miguel Palacios respectivamente; y para 1886: Carlos Pestana Vélez, Eugenio Moya, Juan Manuel Maradiegue Bullón y Claudio Ortigas quien continuó hasta 1889).

Su administración fue el pilar del inicio de la Reconstrucción Nacional en Lambayeque, caracterizándose por una férrea austeridad y eficaces ejes de gestión:

Institucionalización y Finanzas Municipales: Reorganizó las rentas del Concejo Provincial que habían quedado desfinanciadas, reactivando con éxito el cobro de arbitrios comerciales para financiar las obras de necesidad urgente. Moya colaboró firmemente en la reactivación y sostenimiento económico de comisiones de vecinos y cuerpos de vigilancia urbana (guardias de paz) para restablecer el orden público, patrullar las calles céntricas y proteger los comercios que recién comenzaban a reabrir.

Reordenamiento y Limpieza Urbana: En alianza con el ilustre ciudadano alemán Hermann Klinge, emprendió la remoción de escombros, limpieza y recuperación del casco urbano y del destruido Parque Principal. (Pese a que la obra de la plaza se inició con el alcalde Gálvez fue don Ramón Navarrete Cayo, quien como alcalde le tocó inaugurar el 28 de julio de 1878). En 1884, al término de la ocupación chilena, la otrora bella plaza principal quedó arruinada habiendo perdido toda su prestancia, los señores Eugenio Moya y Hermann Klinge, como presidentes Municipales asumieron la tarea de recuperación del parque post guerra.

Amplió el empedrado en los alrededores del mercado y centro histórico, conectando el tránsito con las salidas a distritos vecinos. Asimismo, trazó y mejoró antiguas calles; entre ellas, la emblemática calle San Lino, que en homenaje perpetuo a su dedicación pasaría décadas después a ser bautizada como la Calle Eugenio Moya. Esto significaba que la calle que lleva su nombre no era solamente una referencia honorífica moderna, quedó incorporada a la estructura urbana de Chiclayo y fue durante décadas uno de los límites orientales del casco urbano.

                                                                 CHICLAYO PARA LA DÉCADA DE 1880

Apoyó la refacción y pintura de las fachadas del Convento e Iglesia Matriz, que sirvieron como cuartel temporal chileno. Se formó una comisión para recaudar dinero y reparar el colegio “San José”. Eugenio Moya fue uno de los encargados de ejecutar los trabajos, junto con Miguel Laca, Alfredo Lapoint y otros. Claudio Ortigas fue tesorero de la comisión. El colegio pudo volver a abrir sus puertas en 1888. La labor constructiva de don Eugenio Moya dejó marcas indelebles en el equipamiento e infraestructura básica que la ciudad requería con urgencia:

Convencido de que la educación era la única fuerza capaz de redimir y proyectar al pueblo hacia el porvenir, su principal preocupación fue la niñez y la clase trabajadora durante el tiempo que estuvo encargado de la Presidencia Municipal en 1884:

Escuelas Municipales (1884): Fundó y dotó con todas las comodidades —pagando de su propio peculio a numerosos maestros— tres escuelas de niñas, dos escuelas de varones y una escuela dominical para la clase trabajadora. Confió la dirección de los planteles a destacados intelectuales de la época, entre ellos don Juan de Dios Lora y Cordero.

Hombre enteramente humano y de noble alcurnia moral, la residencia de don Eugenio Moya era frecuentada diariamente por personas de escasos recursos que encontraban en él un amor paternal y auxilio económico directo.

                                           CALLE BALTA SUR MIRANDO AL PARQUE UNOS AÑOS DESPUÉS

Su rectitud y grandeza inspiraron los versos del poeta Don José Rivadeneira, dedicados al ilustre caballero:

«Rival, Moya ilustre, de genios preclaros;

que al pueblo has mostrado su norte y su fin:

«¡No más ignominia, ni error!» le dijiste:

«del bien y del orden la senda seguid».

Segui, Concejales, la empresa sublime,

que habéis implantado, con grande loor,

y haceos del pueblo, tribunos amantes,

dignos como Moya, de igual galardón.»

 

Don Eugenio dejó consolidadas las bases institucionales, materiales y morales sobre las cuales Chiclayo se expandió al ingresar al siglo XX. Su vida encarnó el verdadero significado del civismo, la austeridad y la caridad desinteresada en favor del bien común.

SE HA CONSULTADO:

-Diario “El País” de Chiclayo del 25 de julio de 1955- Artículo firmado por el Prof. Sergio Bermejo – (Cortesía del compilador Julio G. Gamboa Vera – BNP).

-Impacto de la Guerra del Pacífico en Lambayeque, 1879‐1886- Simposio Internacional “Guerra del Pacífico: Agendas para el siglo XXI” 2010 de José Gómez Cumpa.

- “Galería de Lambayecanos Ilustres” (1966) editado por el Instituto Experimental N° 17 de Chiclayo. (Colegio Leoncio Prado hoy C.E. # 11001)

-Historia del Colegio Nacional de “San José” de Chiclayo. 1959 por Alejandro Araujo Román.

-Relación de alcaldes de Chiclayo (1578-2011): Trabajo sin publicar del periodista Carlos Zuloeta Aguinaga (2011).

-Consultas en línea del internet.

 


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