viernes, 11 de septiembre de 2026

PEDRO REYES ZEÑA: EL ARTE DE RETRATAR AL PERÚ CON SONRISA PROVINCIANA

 



PEDRO REYES ZEÑA: EL ARTE DE RETRATAR AL PERÚ CON SONRISA PROVINCIANA

En Chiclayo (Zaña), un 18 de enero de 1897, vio la luz Juan Pedro Reyes Zeña. Hijo de Juan Francisco Reyes Viera (sechurano) y Mercedes Zeña Hurtado (zañera), el pequeño Pedro vino al mundo sin cuna de oro, pero con el don supremo de la observación y la alegría. Nadie sospechaba entonces que aquel muchacho de extracción humilde, que comenzó su andadura limpiando tipos de plomo en el rincón más sencillo de una imprenta chiclayana, terminaría convirtiéndose en «Pelope»: una de las plumas satíricas y costumbristas más entrañables y agudas del siglo XX lambayecano.

Su escuela no fueron los salones dorados, sino el taller tipográfico, donde el olor a tinta y el crujido del papel le revelaron los secretos del oficio editorial. Desde abajo, escalando peldaño a peldaño con tenacidad e ingenio, Pelope hizo del periodismo su trinchera y de la comedia su lenguaje. A los 14 años editó El Juguetón, un periódico satírico de 15 cm que él mismo escribía, componía y repartía. A los 16 años ingresó a las páginas de los principales diarios y revistas de Chiclayo y la región. Sus crónicas festivas, sazonadas de fina sátira, dibujaban la sonrisa de los lectores mientras retrataban con precisión magistral la cotidianidad norteña.

Su compromiso con la cultura local no se limitó al papel: en 1934 redactó una selecta reseña histórica para la elegante reinauguración del histórico Teatro Dos de Mayo de Chiclayo. Dichos ejemplares fueron repartidos gratuitamente a los asistentes gracias al financiamiento del Comité de Beneficencia Pro-Teatro de la Sociedad de Beneficencia Pública de Chiclayo, presidido por el Sr. Manuel F. del Castillo.

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Como a tantos provincianos de su época, el destino y el anhelo intelectual lo llevaron a Lima, donde ingresó a laborar en las Oficinas de Estudios Especiales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ese choque cultural entre la calidez chiclayana y la burocracia limeña alimentó su obra narrativa más madura. En la Lima de 1923, Reyes Zeña vivió la peripecia del provinciano norteño enfrentado a las pensiones de mala muerte, los pasillos ministeriales y los laberintos de la burocracia. De allí nació su celebrada novela A la Capital (publicada en 1933 en los talleres de El Tiempo de Chiclayo), con ilustración de portada de su amigo Enrique Miranda. La primera edición se agotó rápidamente, anunciando un segundo libro (En la Capital) y un tercero (De regreso a la capital), los cuales, al parecer, nunca salieron a la luz. Por otro lado, destaca su célebre libro Los carasucias de mi barrio (1962), donde entrelazó con maestría la inocencia infantil y la picaresca política.



Ocupó la jefatura de crónica del diario El País de Chiclayo y trabajó en la revista deportiva limeña Sport Gráfico, donde, junto con Raúl Vizcarra, inmortalizó la entrada de los «Huerequeques» a Lima para el Campeonato Nacional de Fútbol de 1928. Fue uno de los fundadores del diario La Tribuna junto con Manuel Seoane, y escribió notas para el diario El Correo de Lima. Además, ejerció como profesor de taquigrafía —siendo autor de un método inédito en la materia—, se desempeñó como secretario de Prensa de la Federación Gráfica del Perú y dirigió Naylamp, órgano de los lambayecanos apristas en Lima.



El reconocimiento internacional consagró su talento cuando su cuento «La tarjeta del diputado» —una magistral caricatura del clientelismo y la recomendación influyente en el Perú republicano— compitió entre más de 400 obras de todo el continente. El jurado del prestigioso certamen, coorganizado por la revista parisina Cuadernos y el suplemento 7 Días de La Prensa de Lima, le otorgó un destacado galardón, aclamándolo como el exponente más genuino y brillante del género festivo en las letras chiclayanas. La obra fue publicada en 1966 con ilustraciones de su amigo Raúl Vizcarra, junto a otros de sus cuentos como «La cartera robada», «El gallo "Mosquetero" del cura Pita», «Chiclayanos en Lima», «Los tiempos "Más mejores"», «El más grande provinciano que llegó a la capital» e «Incultura en la cultura», entre otros.



Al lado de su esposa, Andrea Felícita Sáenz Falcón, formó un hogar bendecido con cinco hijos, manteniendo siempre intactos su arraigo y su amor por la patria chica, incluso mientras bosquejaba proyectos que el tiempo dejó inéditos, como La Gloria de Lima y la comedia La Dueña de la Pensión.



El 29 de julio de 1969, a los 72 años de edad, en la misma tierra de Chiclayo que escuchó sus primeras risas y atesoró sus primeros escritos, Pedro Reyes Zeña se rindió al descanso eterno (en su partida de defunción figura como ocupación: linotipista). Se apagó así la vida del hombre, pero no el eco de su pluma. Porque mientras en algún rincón del norte un provinciano sonría ante las trampas de la suerte, o mientras un lector descubra en una página amarillenta la chispa viva de la picardía criolla, Pelope seguirá allí: de pie junto a su caja de tipos de imprenta, regalándonos, con la elegancia de los grandes, la inmortalidad de una buena sonrisa.

FUENTES CONSULTADAS:

·         Gaceta Sanmarquina, Lima, julio de 1965, n.° 14.

·         Obras publicadas del autor (4 volúmenes).

·         RENIEC: Partida de defunción de Juan Pedro Reyes Zeña.

·         Fuentes diversas de internet.

.     BLOG: Del baul bibliografico lambayenano- Chiclayo sus cines y afines 19 dic. 2023.

 


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