PEDRO REYES ZEÑA: EL ARTE DE RETRATAR AL PERÚ CON SONRISA
PROVINCIANA
En Chiclayo (Zaña), un 18 de enero
de 1897, vio la luz Juan Pedro Reyes Zeña. Hijo de Juan Francisco Reyes Viera
(sechurano) y Mercedes Zeña Hurtado (zañera), el pequeño Pedro vino al mundo
sin cuna de oro, pero con el don supremo de la observación y la alegría. Nadie
sospechaba entonces que aquel muchacho de extracción humilde, que comenzó su
andadura limpiando tipos de plomo en el rincón más sencillo de una imprenta
chiclayana, terminaría convirtiéndose en «Pelope»: una de las plumas satíricas
y costumbristas más entrañables y agudas del siglo XX lambayecano.
Su escuela no fueron los salones
dorados, sino el taller tipográfico, donde el olor a tinta y el crujido del
papel le revelaron los secretos del oficio editorial. Desde abajo, escalando
peldaño a peldaño con tenacidad e ingenio, Pelope hizo del periodismo su
trinchera y de la comedia su lenguaje. A los 14 años editó El Juguetón, un periódico
satírico de 15 cm que él mismo escribía, componía y repartía. A los 16 años
ingresó a las páginas de los principales diarios y revistas de Chiclayo y la
región. Sus crónicas festivas, sazonadas de fina sátira, dibujaban la sonrisa
de los lectores mientras retrataban con precisión magistral la cotidianidad
norteña.
Su compromiso con la cultura local
no se limitó al papel: en 1934 redactó una selecta reseña histórica para la
elegante reinauguración del histórico Teatro Dos de Mayo de Chiclayo. Dichos
ejemplares fueron repartidos gratuitamente a los asistentes gracias al
financiamiento del Comité de Beneficencia Pro-Teatro de la Sociedad de
Beneficencia Pública de Chiclayo, presidido por el Sr. Manuel F. del Castillo.
Como a tantos provincianos de su
época, el destino y el anhelo intelectual lo llevaron a Lima, donde ingresó a
laborar en las Oficinas de Estudios Especiales de la Universidad Nacional Mayor
de San Marcos. Ese choque cultural entre la calidez chiclayana y la burocracia
limeña alimentó su obra narrativa más madura. En la Lima de 1923, Reyes Zeña
vivió la peripecia del provinciano norteño enfrentado a las pensiones de mala
muerte, los pasillos ministeriales y los laberintos de la burocracia. De allí
nació su celebrada novela A la
Capital (publicada en 1933 en los talleres de El Tiempo de Chiclayo), con ilustración de portada
de su amigo Enrique Miranda. La primera edición se agotó rápidamente,
anunciando un segundo libro (En
la Capital) y un tercero (De
regreso a la capital), los cuales, al parecer, nunca salieron a la luz. Por
otro lado, destaca su célebre libro Los carasucias de mi barrio (1962), donde entrelazó
con maestría la inocencia infantil y la picaresca política.
Ocupó la jefatura de crónica del
diario El País de Chiclayo y
trabajó en la revista deportiva limeña Sport Gráfico, donde, junto con Raúl Vizcarra,
inmortalizó la entrada de los «Huerequeques» a Lima para el Campeonato Nacional
de Fútbol de 1928. Fue uno de los fundadores del diario La Tribuna junto con Manuel
Seoane, y escribió notas para el diario El Correo de Lima. Además, ejerció como profesor de
taquigrafía —siendo autor de un método inédito en la materia—, se desempeñó
como secretario de Prensa de la Federación Gráfica del Perú y dirigió Naylamp, órgano de los
lambayecanos apristas en Lima.
El reconocimiento internacional
consagró su talento cuando su cuento «La tarjeta del diputado» —una magistral
caricatura del clientelismo y la recomendación influyente en el Perú
republicano— compitió entre más de 400 obras de todo el continente. El jurado
del prestigioso certamen, coorganizado por la revista parisina Cuadernos y el suplemento 7 Días de La Prensa de Lima, le otorgó un
destacado galardón, aclamándolo como el exponente más genuino y brillante del
género festivo en las letras chiclayanas. La obra fue publicada en 1966 con
ilustraciones de su amigo Raúl Vizcarra, junto a otros de sus cuentos como «La
cartera robada», «El gallo "Mosquetero" del cura Pita», «Chiclayanos
en Lima», «Los tiempos "Más mejores"», «El más grande provinciano que
llegó a la capital» e «Incultura en la cultura», entre otros.
Al lado de su esposa, Andrea
Felícita Sáenz Falcón, formó un hogar bendecido con cinco hijos, manteniendo
siempre intactos su arraigo y su amor por la patria chica, incluso mientras
bosquejaba proyectos que el tiempo dejó inéditos, como La Gloria de Lima y la comedia La Dueña de la Pensión.
El 29 de julio de 1969, a los 72
años de edad, en la misma tierra de Chiclayo que escuchó sus primeras risas y
atesoró sus primeros escritos, Pedro Reyes Zeña se rindió al descanso eterno
(en su partida de defunción figura como ocupación: linotipista). Se apagó así
la vida del hombre, pero no el eco de su pluma. Porque mientras en algún rincón
del norte un provinciano sonría ante las trampas de la suerte, o mientras un
lector descubra en una página amarillenta la chispa viva de la picardía
criolla, Pelope seguirá allí: de pie junto a su caja de tipos de imprenta,
regalándonos, con la elegancia de los grandes, la inmortalidad de una buena
sonrisa.
FUENTES
CONSULTADAS:
·
Gaceta
Sanmarquina,
Lima, julio de 1965, n.° 14.
·
Obras publicadas del autor (4 volúmenes).
·
RENIEC: Partida de defunción de Juan Pedro Reyes Zeña.
·
Fuentes diversas de internet.
. BLOG: Del baul bibliografico lambayenano- Chiclayo sus cines y afines 19 dic. 2023.






No hay comentarios:
Publicar un comentario