lunes, 6 de julio de 2026

MIGUEL RAPINI: EL AVIADOR QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN DE UNA CIUDAD (1913)

 

MIGUEL RAPINI: EL AVIADOR QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN DE UNA CIUDAD (1913)


La historia de la aviación en el norte del Perú conserva un episodio que, pese a su importancia, permaneció durante más de un siglo prácticamente olvidado. En agosto de 1913, el aviador italiano Miguel Rapini, uno de los pioneros de la navegación aérea en Sudamérica, llegó a Chiclayo para ofrecer una exhibición de vuelo. Con apenas 22 años y el brevete de piloto n.º 1012, Rapini realizó exhibiciones aéreas en varios países aquel año en su avión monoplano para demostrar las capacidades de los aviones franceses Blériot XI, en una época en que volar aún era una novedad para el público.

Apenas habían transcurrido diez años desde que los hermanos Wright inauguraran la era de la aviación moderna. En 1913, contemplar un aeroplano era todavía un privilegio reservado a muy pocas ciudades del mundo; este era uno de los primeros intentos por descentralizar la aviación en el Perú, llevando el espectáculo aéreo fuera de Lima.

Los aviadores eran recibidos como verdaderas celebridades y sus presentaciones despertaban un entusiasmo comparable al que hoy suscitan las grandes hazañas tecnológicas. Fue en ese contexto que Miguel Rapini incluyó a Chiclayo dentro de su gira por el Perú, lo que produjo una enorme expectativa entre la población. Durante varios días no se habló de otra cosa que de la llegada del aviador italiano y del espectáculo que prometía elevar por primera vez un aeroplano sobre los cielos chiclayanos. El periódico ferreñafano La Época, en su edición del 7 de agosto de 1913, informó haber recibido un telegrama del aviador italiano comunicando su próximo arribo y solicitando el apoyo de la municipalidad y de la prensa para difundir el espectáculo.

La llegada de Rapini y su mecánico, el Sr. Antonio Peuch, se dio el sábado 9 de agosto, desembarcando en el Puerto de Eten. En el hotel del Sr. Sóstenes Velasco se le brindó un brindis de bienvenida a cargo del Sr. Alejandro Olavarría en nombre del Concejo de Chiclayo; asimismo, en la Villa de Eten dirigió la palabra el alcalde, el Sr. Francisco Lora, embarcándose en el tren una gran cantidad de gente y una banda popular. En Monsefú se realizó una cariñosa manifestación de aprecio, viéndose obligado el piloto a bajar al andén a corresponder tan espontánea manifestación. En Chiclayo, en el Club "Instrucción y Recreo", el inspector de espectáculos Germán Gorbitz hizo un brindis y el señor Labarthe agradeció al pueblo por su concurrencia al recibimiento del aviador Rapini, quien se hospedó en el hotel "Royal" (habitación n.º 15). Por la noche se le ofreció una comida y una función cinematográfica en su honor en el Teatro "Dos de Mayo".

                                                 HOTEL "ROYAL" DONDE HOSPEDÓ EL AVIADOR RAPINI

El campo donde se efectuaría la exhibición aérea sería el campo de aterrizaje en Pópame (jurisdicción de Monsefú) y la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten dispuso trenes extras para ese día. Se dieron varias instrucciones al público como, por ejemplo: que las mujeres asistieran con el sombrero lo más corto posible y sin los largos alfileres de uso común por los accidentes que pudieran ocurrir, y quedó prohibido asistir a caballo. Se publicaron también los precios de las entradas (Tribuna de 1.ª a $2.50 – Niños $1.00 / Boleto especial de hangar limitado $5.00 / Campo popular $1.00 – Niños $0.50 / Individuos de tropa uniformados $0.50) y los lugares de venta de las mismas: los establecimientos de los señores Mendoza, Russo y Brusso, la Confitería Cortez, Stuchi, la Joyería Pestana y el Hotel Silva Hnos. En Lambayeque, José M. Leguía; en Ferreñafe, Guillermo Russo; en Monsefú, Gorbitz & Cía.; en Eten, Francisco Lora; y en el Puerto de Eten, el Sr. Sóstenes Velasco. También se publicaron en el periódico los itinerarios del tren.

Se trasladó al aeródromo el monoplano Blériot XI, el cual comenzó su armado bajo la dirección del ingeniero mecánico, el señor Peuch, también se están levantando las tribunas por cuenta del Concejo, habiendo suministrado gratuitamente todas las maderas la Casa Dall'Orso. Al quedar listo el avión (construido con madera de fresno, tensores de alambre y alas recubiertas de tela y el motor en la parte delantera) , el aviador Rapini realizó ensayos con un vuelo de altura de 1500 metros, mostrando a los pocos concurrentes que se hallaban en el aeródromo su pericia de aviador y la bondad de su aparato.


                                                                         EL MONOPLANO DE RAPINI

No está claro por qué no se realizó la "Función Aérea" el viernes 15; sin embargo, al advertirse el domingo 17 la gran cantidad de personas reunidas en la estación de Chiclayo, se dispuso que un tren ordinario condujera gratuitamente a los asistentes hasta el campo de aviación y que, además, otro convoy trasladara a los concurrentes procedentes de Eten y Monsefú. La propia empresa informaba que solamente para ese servicio se habían vendido 29 boletos de primera clase y 44 de segunda, cifras que evidencian la magnitud de la concurrencia, sin contar a quienes viajaron en los trenes extraordinarios o llegaron por otros medios.

La "Función de Aviación" estuvo amenizada por la banda militar del Regimiento n.º 11. El gran momento, sin embargo, nunca llegó. Las condiciones meteorológicas jugaron en contra del aviador: los fuertes vientos impidieron que Rapini pudiera elevar su aparato con seguridad, frustrando el vuelo esperado por miles de espectadores. A ello se sumaron inconvenientes mecánicos en el motor del aeroplano, circunstancia que terminó haciendo imposible cualquier intento de despegue. Cuando el público comprendió que la exhibición no podría realizarse, muchos pasajeros solicitaron la devolución del importe de sus boletos, trámite que la empresa aseguró haber efectuado de inmediato, quedando solo 17 boletos de primera y 20 de segunda que serían depositados en las oficinas de Chiclayo a disposición de las personas que tuvieran derecho a reclamar.

Lejos de responsabilizar al piloto, el periódico La Tarde defendió su decisión de no arriesgar la vida en condiciones adversas. En uno de los párrafos más significativos del editorial afirmaba que el público comprendió que nadie podía exigir "la muerte segura de Rapini" únicamente para satisfacer la curiosidad de los asistentes.



El mismo diario destacó un hecho que consideró motivo de orgullo para la ciudad: la conducta ejemplar del público. Escribía: "El pueblo de Chiclayo no puede haber dado mayor prueba de cultura que la manera tan digna como se portó el domingo". Para el periódico, la multitud aceptó con serenidad la suspensión del espectáculo, comprendiendo que la seguridad del aviador debía prevalecer sobre cualquier otra consideración. Tanto el editorial como la carta de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten coincidían, aunque desde perspectivas distintas, en un aspecto esencial: Miguel Rapini no era responsable del fracaso del espectáculo. Por el contrario, el periódico concluyó su comentario con un reconocimiento al aviador: "El público todo aplaude y encomia al aviador Rapini... Le admira como experto piloto aéreo y agradece inmensamente su visita a Chiclayo".

Estas palabras resumen el sentimiento que dejó su paso por la ciudad. Aunque el aeroplano nunca consiguió elevarse, la presencia del piloto italiano bastó para despertar la imaginación de una generación que veía llegar, por primera vez, una de las mayores conquistas tecnológicas del siglo XX.

Más de cien años después, las páginas de La Tarde permiten reconstruir este episodio con notable precisión. Gracias a ellas sabemos que la importancia histórica de la visita de Miguel Rapini no radica únicamente en el vuelo que no pudo realizarse, sino en la extraordinaria expectativa que despertó entre los chiclayanos y en el temprano interés que la ciudad manifestó por los avances científicos y tecnológicos de su tiempo.

La visita de Rapini constituye, por ello, uno de los primeros capítulos documentados de la historia de la aviación en Lambayeque. Ante la imposibilidad de conseguir los recursos necesarios en provincias, las actividades de Rapini se concentraron fundamentalmente en Lima (en los campos de Maranga y Bellavista) antes de dar por finalizada su gira sudamericana.

Su nombre merece ocupar un lugar en la memoria histórica regional como el del aviador que, aun sin lograr despegar, consiguió que toda una ciudad dirigiera la mirada hacia el cielo.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Diario La Tarde (Chiclayo), agosto de 1913: ediciones de los días 8, 13, 14, 19 y 20. (Cortesía del compilador: Julio G. Gamboa Vera). Biblioteca Nacional.
  • Diario La Época (Ferreñafe): edición del 7 de agosto de 1913.
  • Búsquedas en línea.

 


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