MIGUEL RAPINI: EL AVIADOR QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN DE UNA CIUDAD (1913)
La historia
de la aviación en el norte del Perú conserva un episodio que, pese a su
importancia, permaneció durante más de un siglo prácticamente olvidado. En
agosto de 1913, el aviador italiano Miguel Rapini, uno de los pioneros de la
navegación aérea en Sudamérica, llegó a Chiclayo para ofrecer una exhibición de
vuelo. Con apenas 22 años y el brevete de piloto n.º 1012, Rapini realizó
exhibiciones aéreas en varios países aquel año en su avión monoplano para
demostrar las capacidades de los aviones franceses Blériot XI, en una época en
que volar aún era una novedad para el público.
Apenas
habían transcurrido diez años desde que los hermanos Wright inauguraran la era
de la aviación moderna. En 1913, contemplar un aeroplano era todavía un
privilegio reservado a muy pocas ciudades del mundo; este era uno de los
primeros intentos por descentralizar la aviación en el Perú, llevando el
espectáculo aéreo fuera de Lima.
Los aviadores eran recibidos como verdaderas celebridades y sus presentaciones despertaban un entusiasmo comparable al que hoy suscitan las grandes hazañas tecnológicas. Fue en ese contexto que Miguel Rapini incluyó a Chiclayo dentro de su gira por el Perú, lo que produjo una enorme expectativa entre la población. Durante varios días no se habló de otra cosa que de la llegada del aviador italiano y del espectáculo que prometía elevar por primera vez un aeroplano sobre los cielos chiclayanos. El periódico ferreñafano La Época, en su edición del 7 de agosto de 1913, informó haber recibido un telegrama del aviador italiano comunicando su próximo arribo y solicitando el apoyo de la municipalidad y de la prensa para difundir el espectáculo.
La llegada
de Rapini y su mecánico, el Sr. Antonio Peuch, se dio el sábado 9 de agosto,
desembarcando en el Puerto de Eten. En el hotel del Sr. Sóstenes Velasco se le
brindó un brindis de bienvenida a cargo del Sr. Alejandro Olavarría en nombre
del Concejo de Chiclayo; asimismo, en la Villa de Eten dirigió la palabra el
alcalde, el Sr. Francisco Lora, embarcándose en el tren una gran cantidad de
gente y una banda popular. En Monsefú se realizó una cariñosa manifestación de
aprecio, viéndose obligado el piloto a bajar al andén a corresponder tan
espontánea manifestación. En Chiclayo, en el Club "Instrucción y
Recreo", el inspector de espectáculos Germán Gorbitz hizo un brindis y el
señor Labarthe agradeció al pueblo por su concurrencia al recibimiento del
aviador Rapini, quien se hospedó en el hotel "Royal" (habitación n.º
15). Por la noche se le ofreció una comida y una función cinematográfica en su
honor en el Teatro "Dos de Mayo".
El campo
donde se efectuaría la exhibición aérea sería el campo de aterrizaje en Pópame
(jurisdicción de Monsefú) y la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten dispuso
trenes extras para ese día. Se dieron varias instrucciones al público como, por
ejemplo: que las mujeres asistieran con el sombrero lo más corto posible y sin
los largos alfileres de uso común por los accidentes que pudieran ocurrir, y
quedó prohibido asistir a caballo. Se publicaron también los precios de las
entradas (Tribuna de 1.ª a $2.50 – Niños $1.00 / Boleto especial de hangar
limitado $5.00 / Campo popular $1.00 – Niños $0.50 / Individuos de tropa
uniformados $0.50) y los lugares de venta de las mismas: los establecimientos
de los señores Mendoza, Russo y Brusso, la Confitería Cortez, Stuchi, la
Joyería Pestana y el Hotel Silva Hnos. En Lambayeque, José M. Leguía; en
Ferreñafe, Guillermo Russo; en Monsefú, Gorbitz & Cía.; en Eten, Francisco
Lora; y en el Puerto de Eten, el Sr. Sóstenes Velasco. También se publicaron en
el periódico los itinerarios del tren.
Se trasladó
al aeródromo el monoplano Blériot XI, el cual comenzó su armado bajo la
dirección del ingeniero mecánico, el señor Peuch, también se están levantando las
tribunas por cuenta del Concejo, habiendo suministrado gratuitamente todas las maderas la Casa Dall'Orso. Al quedar listo el avión (construido con madera de fresno, tensores
de alambre y alas recubiertas de tela y el motor en la parte delantera) , el
aviador Rapini realizó ensayos con un vuelo de altura de 1500 metros, mostrando
a los pocos concurrentes que se hallaban en el aeródromo su pericia de aviador
y la bondad de su aparato.
EL MONOPLANO DE RAPINI
No está
claro por qué no se realizó la "Función Aérea" el viernes 15; sin
embargo, al advertirse el domingo 17 la gran cantidad de personas reunidas en
la estación de Chiclayo, se dispuso que un tren ordinario condujera
gratuitamente a los asistentes hasta el campo de aviación y que, además, otro
convoy trasladara a los concurrentes procedentes de Eten y Monsefú. La propia
empresa informaba que solamente para ese servicio se habían vendido 29 boletos
de primera clase y 44 de segunda, cifras que evidencian la magnitud de la concurrencia,
sin contar a quienes viajaron en los trenes extraordinarios o llegaron por
otros medios.
La
"Función de Aviación" estuvo amenizada por la banda militar del
Regimiento n.º 11. El gran momento, sin embargo, nunca llegó. Las condiciones
meteorológicas jugaron en contra del aviador: los fuertes vientos impidieron
que Rapini pudiera elevar su aparato con seguridad, frustrando el vuelo
esperado por miles de espectadores. A ello se sumaron inconvenientes mecánicos
en el motor del aeroplano, circunstancia que terminó haciendo imposible
cualquier intento de despegue. Cuando el público comprendió que la exhibición
no podría realizarse, muchos pasajeros solicitaron la devolución del importe de
sus boletos, trámite que la empresa aseguró haber efectuado de inmediato,
quedando solo 17 boletos de primera y 20 de segunda que serían depositados en
las oficinas de Chiclayo a disposición de las personas que tuvieran derecho a
reclamar.
Lejos de
responsabilizar al piloto, el periódico La Tarde defendió su decisión de
no arriesgar la vida en condiciones adversas. En uno de los párrafos más
significativos del editorial afirmaba que el público comprendió que nadie podía
exigir "la muerte segura de Rapini" únicamente para satisfacer la curiosidad
de los asistentes.
El mismo
diario destacó un hecho que consideró motivo de orgullo para la ciudad: la
conducta ejemplar del público. Escribía: "El pueblo de Chiclayo no puede
haber dado mayor prueba de cultura que la manera tan digna como se portó el
domingo". Para el periódico, la multitud aceptó con serenidad la
suspensión del espectáculo, comprendiendo que la seguridad del aviador debía
prevalecer sobre cualquier otra consideración. Tanto el editorial como la carta
de la Empresa del Ferrocarril y Muelle de Eten coincidían, aunque desde
perspectivas distintas, en un aspecto esencial: Miguel Rapini no era
responsable del fracaso del espectáculo. Por el contrario, el periódico
concluyó su comentario con un reconocimiento al aviador: "El público todo
aplaude y encomia al aviador Rapini... Le admira como experto piloto aéreo y
agradece inmensamente su visita a Chiclayo".
Estas
palabras resumen el sentimiento que dejó su paso por la ciudad. Aunque el
aeroplano nunca consiguió elevarse, la presencia del piloto italiano bastó para
despertar la imaginación de una generación que veía llegar, por primera vez,
una de las mayores conquistas tecnológicas del siglo XX.
Más de cien
años después, las páginas de La Tarde permiten reconstruir este episodio
con notable precisión. Gracias a ellas sabemos que la importancia histórica de
la visita de Miguel Rapini no radica únicamente en el vuelo que no pudo
realizarse, sino en la extraordinaria expectativa que despertó entre los
chiclayanos y en el temprano interés que la ciudad manifestó por los avances
científicos y tecnológicos de su tiempo.
La visita
de Rapini constituye, por ello, uno de los primeros capítulos documentados de
la historia de la aviación en Lambayeque. Ante la imposibilidad de conseguir
los recursos necesarios en provincias, las actividades de Rapini se
concentraron fundamentalmente en Lima (en los campos de Maranga y Bellavista)
antes de dar por finalizada su gira sudamericana.
Su nombre
merece ocupar un lugar en la memoria histórica regional como el del aviador
que, aun sin lograr despegar, consiguió que toda una ciudad dirigiera la mirada
hacia el cielo.
FUENTES CONSULTADAS:
- Diario La Tarde (Chiclayo), agosto de 1913: ediciones de los días 8, 13, 14, 19 y 20.
(Cortesía del compilador: Julio G. Gamboa Vera). Biblioteca Nacional.
- Diario La Época (Ferreñafe): edición del 7 de agosto de 1913.
- Búsquedas en línea.




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