domingo, 2 de agosto de 2026

JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

 



JOSÉ VILLASIS: EL CONSTRUCTOR DE CHICLAYO

Hubo un tiempo en que las ciudades no se levantaban únicamente bajo la fría mirada de los planos modernos, sino también al compás del ingenio y la destreza de hombres que cargaban sobre sus hombros el peso de una tradición milenaria. Don José Villasis Chirinos perteneció a esa estirpe.

Mientras el siglo XX avanzaba a pasos agigantados hacia el progreso y los títulos universitarios de ingeniería civil —y, posteriormente, de arquitectura— comenzaban a poblar las oficinas públicas, en el corazón de Chiclayo el respeto popular y el lenguaje oficial se resistían a jubilar el pasado. Hasta bien entrada la década de 1930, a Villasis se le siguió llamando con un título que evocaba el esplendor virreinal y la herencia hispanoárabe: Alarife (palabra que proviene del árabe hispánico al‘aríf, que significa «el experto» o «el conocedor»).

Él no era simplemente un ejecutor de obras; era el experto cuyo ojo clínico y mano firme guiaron la fisonomía de una urbe en pleno crecimiento. A diferencia de los ingenieros civiles de la época, que solían ser profesionales teóricos y de gabinete, el alarife poseía el «saber hacer» práctico y empírico. Mientras el ingeniero calculaba y diseñaba sobre el papel, el alarife dirigía la obra real en el terreno: organizaba a las cuadrillas de obreros, seleccionaba los materiales y resolvía las complicaciones técnicas del día a día. Más que recibir órdenes, el alarife traducía y viabilizaba los planos del ingeniero.

En la construcción de grandes residencias y casonas civiles, el alarife actuaba con total independencia. Muchas familias chiclayanas acudían directamente a don José Villasis para que él mismo diseñara, presupuestara y levantara sus viviendas sin la intervención de un ingeniero. Es decir, en el ámbito privado, él seguía siendo la autoridad máxima de la construcción; fue el encargado de edificar la casa Towsend de la Plazuela Elías Aguirre (hoy desaparecida).

Hacia 1937, llamarlo «alarife» no era un término despectivo de subordinación; al contrario, era un título honorífico que la sociedad le otorgaba por respeto a su veteranía. Significaba que, a pesar de la llegada de los nuevos ingenieros formados en la universidad (como la Escuela de Ingenieros de Lima, fundada en 1876), el conocimiento empírico de Villasis era tan vasto, preciso y confiable que merecía la misma o mayor consideración que un título profesional moderno.

Este artículo se adentra en la vida y el legado del hombre que personificó la transición definitiva entre el maestro constructor de la vieja escuela y el urbanista moderno, consolidándose en la memoria histórica como el verdadero artífice de los cimientos chiclayanos.

Vida y proyección institucional

El señor José Z. Villasis Chirinos nació en Chiclayo en 1867. Fue hijo de padres chiclayanos, José y María, y educado por los destacados pedagogos Tomás Paredes y Pedro Alvarado. Villasis fue un hombre marcadamente institucionalista: perteneció a casi todas las organizaciones obreras de Chiclayo, habiendo llegado a ejercer la presidencia de la Confederación Obrera «1.º de Mayo», la Sociedad «Artesanos del Santo Sepulcro» y el «Círculo Católico Obrero».

Formó un hogar en el que tuvo 5 hijos varones y 16 mujeres. Durante el periodo municipal del Dr. Pedro Pablo Chacaltana Reyes, en 1915, comenzó a participar de manera más activa en la vida pública, dejando escuchar su voz en favor de las clases trabajadoras y del progreso cultural y material de la ciudad, siempre caracterizándose por su espíritu orientador y de iniciativa.

                                                     FRONTIS DEL NUEVO CEMENTERIO DE CHICLAYO

Obras emblemáticas en la urbe

En su labor de maestro alarife, tuvo a su cargo importantes obras en la ciudad, actuando siempre con notable eficiencia e inteligencia. Entre sus principales proyectos destacan:

  • El Nuevo Panteón: Inaugurado en 1917, hoy conocido como Cementerio «El Carmen» de Chiclayo.
  • Infraestructura hospitalaria: La construcción del pabellón «Víctor Larco Herrera», inaugurado en 1919 en la parte posterior del pabellón «Santiago Luis Gonzales», dentro del Hospital Las Mercedes. Años después, estuvo a cargo de las ampliaciones del pabellón «Juan Cuglievan» y de la Dirección del citado hospital.

                                                                        PABELLÓN LARCO HERRERA
  • Sociedad Obreros de la Unión: Entre 1903 y 1905, el inmueble donde nació el héroe Elías Aguirre fue modificado bajo su dirección levantandose la segunda planta, para convertirlo en la sede oficial de esta institución.
                                                           LOCAL DE LA SOC. OBREROS DE LA UNIÓN

  • Edificio de la Beneficencia Pública de Chiclayo: Local administrativo ubicado en la Av. Luis Gonzales, inaugurado en 1921 y tomando la denominación oficial de pabellón "Enrique de la Piedra" en 1927 que hoy en día es utilizado como velatorio.

                                         OFICINAS ADMINISTRATIVAS DE LA BENEFICENCIA PÚBLICA

Además, contribuyó con su experiencia en innumerables edificios públicos más que se han ido perdiendo en el recuerdo.

El legado imperecedero

Cuando contemplamos el Chiclayo de hoy, con su pulso vibrante y su fisonomía en constante cambio, es imposible no percibir el eco silencioso de los pasos de don José Villasis. Los muros que levantó —desde los espacios de dolor y memoria eterna como el cementerio, pasando por los recintos de sanidad y amparo social en el Hospital Las Mercedes, hasta los salones donde los obreros tejieron su fraternidad en la «Sociedad Obreros de la Unión»— siguen siendo los pilares invisibles de la identidad chiclayana. Su vida no se midió en planos efímeros, sino en la solidez de una herencia que desafió al tiempo.

                                                       SU LAPIDA HA DESAPARECIDO DEL MAUSOLEO

Don José Z. Villasis Chirinos falleció a los 89 años, el 9 de enero de 1955. Con su partida se marchó también el último de los alarifes, cerrando una era dorada donde construir era un arte del alma. Sin embargo, el título de «alarife» jamás le quedó grande; al contrario, él lo dignificó hasta el final. No solo unió adobes o ladrillos con barro y cemento: esculpió el alma de una ciudad, consolidándose para siempre como el gran maestro y el constructor imperecedero de Chiclayo.

SE HA CONSULTADO:

-La “Revista Centenaria” de Chiclayo (1935).

-Guia comercial, industrial y estadística de Chiclayo (1937).

-Datos obtenidos de consultas en línea.

-RENIEC: Partida de defunción.

 




2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Bastante interesante el artículo, y la pregunta de siempre, ¿El acervo documental del.constructor Villasis logró conservarse o rescatarse?

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