MANUEL BERNARDINO
PEREZ: UN PERSONAJE DE PACORA
Don Manuel
Bernardino Pérez Ugaz, nace en el pueblo de Pacora en 1856; hijo de José
Bernardino Pérez y Manuela Ugaz. Hace sus primeros estudios en su pueblo natal
para luego pasar en 1866 a estudiar al Colegio Nacional de San José de
Chiclayo.
Luego en 1871
se traslada a Lima, estudiando en el colegio gratuito de Instrucción Media
establecido por la Sociedad de “Colaboradores de la Instrucción” que dirigía el
señor Cesáreo Chacaltana Reyes (hermano del Dr. Pedro Pablo Chacaltana quien
desarrolló su vida profesional, institucional y social en Chiclayo).
Al año
siguiente ingresa a la Facultad de Letras de la UNMSM, optando años después el
grado de Bachiller en Jurisprudencia asumiendo un cargo de auxiliar en la
oficina legal de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima.
Al declarar
la guerra Chile al Perú, se incorporó a la División de la Reserva integrada
básicamente por la juventud universitaria, asistiendo a la Batalla de
Miraflores. Tras la derrota, volvió a sus tareas cotidiana, como el dictado de
clases en la Universidad ya los menesteres forenses.
Se adhirió al
Partido Civil en la campaña electoral de 1886, saliendo como diputado por
Lambayeque en la que destacó su figura campechana, siendo festejada sus
intervenciones socarronas. Don Manuel Bernardino Pérez usaba los temas
picarescos de la literatura española para neutralizar la elocuencia de sus
adversarios políticos, siendo aplaudido por la aristocracia civilista; halagado
además en su vanidad por los fáciles afectos de algunas coristas de zarzuela a las
que cortejaba alegremente. También fue elegido Senador por Lambayeque entre 1896
y 1906.
Para 1916 volvió
a la Cámara de Diputados y dos años después, a esas alturas de su vida contrajo
matrimonio con la joven Angela Castillo.
Con el golpe
de Leguía y el cierre del Congreso, tuvo que por Ley del Congreso pasar al
retiro de la docencia universitaria hasta el 26 de febrero de 1922 que fallece.
Fue un político que estuvo más tiempo en el Parlamento del Perú. Tuvo
iniciativas entre otras para reformar la legislación civil y para la
codificación de las leyes.
Fue uno de
los personajes mas “pintorescos” de la vida política de finales del siglo XIX, cuando
Augusto B. Leguía empezó a mostrar tendencias autoritarias, Pérez no dudó en
enfrentarse a los seguidores del “leguiísmo” en el Senado.
Se le conoció
con el apodo de “El filósofo de la alegría” ya que destacaba por su sentido del
humor en momentos de crisis política; también como el “Burro” Pérez en los
pasillos de la Universidad de San Marcos.
El solía
utilizar su origen para marcar distancia con la aristocracia limeña mas
acartonada, utilizaba las costumbres del norte para criticar la sofisticación
artificial de la élite limeña, cuando alguien presumía de linajes europeos, él
solía responder con alguna anécdota de Pacora o de la gastronomía lambayecana
elevando lo rural al nivel de los cultos.
A opinión de
personajes de la época, lo que dijeron:
Jorge Basadre:
Un político que usaba la alegría como herramienta democrática
Abelardo
Gamarra: Un maestro de la crónica criolla y la defensa de lo popular.
José Carlos
Mariátegui: Un exponente genuino (aunque romántico) de la bohemia política del
siglo XIX.
Abrahan
Valdelomar: Un precursor de la identidad provinciana con estilo y audacia.
Ricardo
Palma: El ingenio más agudo y auténtico de la bohemia limeña.
En cierta
ocasión en un debate parlamentario quisieron utilizar su origen para
desmerecerlo, sugiriendo que un hombre de un pueblo tan pequeño como Pacora no
tenía la altura para discutir los grandes temas nacionales; Pérez lejos de
ofenderse respondió con su característica chispa: “Señores, es verdad que
vengo de Pacora, un pueblo donde el sol calienta el alma y la alegría es el pan
de cada día. Si mi estilo les parece rústico, es porque prefiero el aire puro de
mis valles al aire viciado de las intrigas de palacio. En Pacora aprendimos que
la verdad no necesita de pelucas ni de latines para ser entendida”.
En su retórica,
tenía la capacidad de comparar las instituciones de Lima con elementos de su
pueblo: Si un edificio publico estaba en mal estado decía “estaba mas
abandonado que el camino a Pacora en tiempo de lluvias”; si un político
era muy testarudo, comentaba que “tenía la cabeza mas dura que un cántaro
de barro lambayecano”. En sus escritos solía decir que la política del País
necesitaba “un buen sudado de pescado” para recuperar el juicio,
utilizando la gastronomía de su región como una metáfora de salud y sentido común.
Uno de sus
enfrentamientos más constantes era contra los políticos limeños que presumían
linajes coloniales; en una ocasión respondió en un periódico a un parlamentario
de apellido ilustre: “El colega se jacta de que sus abuelos vinieron con
los conquistadores. Yo, en cambio, solo puedo jactarme de que mis padres eran
de Pacora. La diferencia es que mis antepasados no vinieron a quitarle nada a
nadie, sino a sembrar lo que hoy me permite reírme de los que creen que la inteligencia
se hereda por el escudo de armas”.
Genio y
figura hasta la sepultura, Manuel Bernardino Pérez pasó a la historia como el
pacorano que conquistó la capital con la palabra, que la chispa es muchas
veces, la forma mas valiente de decir la verdad.
-Revista Histórica: Tomo XXIX 1966.
-Parlamentarios del Perú Contemporáneo 1904- 1921 por Neptalí Benvenutto (1921).
-Literatura Peruana del siglo XIX de Alberto Varillas Montenegro PUCP (1992).
-Revista "Hogar" del 8 de abril de 1921 - Año 2 # 65
-Datos sueltos obtenidos del internet.



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